Francisco, contra la corrupción: «La hay incluso en el Vaticano»

Los niños rodearon al Papa Francisco durante su visita al barrio marginal de Kangemi, en Nairobi (Kenia)
Los niños rodearon al Papa Francisco durante su visita al barrio marginal de Kangemi, en Nairobi (Kenia)

Se despidió ayer de Kenia tras visitar un barrio marginal, donde dijo «sentirse como en casa», y encontrarse con jóvenes, a los que pidió que den la espalda a los grupos terroristas y al tribalismo

El Papa Francisco fue recibido ayer en el suburbio de Kangemi, uno de los más pobres de Nairobi, por una multitud de personas que le sonreían. Que le sonreían de verdad. Con esta visita se iniciaba la última jornada del Pontífice en Kenia, jornada en la que vimos a un Papa feliz de estar, por fin, donde quería estar: entre los suyos. «Aquí me siento como en casa», dijo, y la gente le respondía: «¡Karibu! ¡Karibu!”, que quiere decir: «¡Bienvenido! ¡Bienvenido!». Kangemi, el barrio donde viven más de 100.000 personas, es conocido como villa miseria. La mayoría de sus habitantes viven con poco más de un euro al día y no cuentan con las infraestructuras y servicios básicos para tener una vida digna. Francisco fue la voz de todas estas personas en la iglesia de San José Obrero: «Estoy aquí porque quiero que sepan que sus alegrías y esperanzas, sus angustias y tristezas, no me son indiferentes».

El Pontífice alabó los valores que se encuentran en los barrios más pobres, llenando de alegría y de esperanza a los asistentes, acostumbrados a las etiquetas negativas que la sociedad les impone. «Vosotros sois capaces de tejer lazos de pertenencia y de convivencia que convierten el hacinamiento en una experiencia comunitaria, donde se rompen las paredes del yo y se superan las barreras del egoísmo», afirmó Francisco ante una multitud. «Siempre que se habla de Kangemi es para nombrar la pobreza, la violencia, el crimen. Nadie habla de la generosidad con la que comparten entre ellos lo poco que tienen, nadie habla de la alegría con la que la mayoría decide vivir en un lugar donde la opción fácil es la tristeza», contaba Philip Nyangi, enfermero de una de las clínicas de la zona. Y es esa alegría, esos valores, los que Francisco reivindicaba: «Valores que no cotizan en Bolsa, valores con los que no se especula ni tienen precio en el mercado.”

El Papa denunció duramente la distribución desigual y abusiva de la tierra, la falta de agua potable y las condiciones de hacinamiento en la que vive un 60% de la población del país. Habló también de la pobreza provocada por «las minorías que concentran el poder y la riqueza», calificando esta situación de «nueva forma de colonialismo» y pidiendo a los gobiernos que pongan fin a las injusticias que padecen los barrios marginales de todo el mundo. «La deuda social, la deuda ambiental con los pobres de las ciudades se paga haciendo efectivo el derecho sagrado a las “tres T”: tierra, techo y trabajo. No es filantropía, es una obligación de todos», afirmó.

Finalizó su visita a Kenia en el estadio de Kasarani, Nairobi, donde escuchó las inquietudes de los jóvenes e improvisó un discurso haciendo hincapié en la corrupción, el tribalismo y el terrorismo, de nuevo desde la esperanza y la denuncia valiente: «Hay dos maneras de ver las dificultades: como algo que bloquea, que destruye, o como una oportunidad. A vosotros os toca elegir». La pobreza volvió a aparecer en su discurso como causa de que los jóvenes sean vulnerables de ser reclutados por grupos extremistas. El grupo terrorista Al Shabab paga 300 dólares al mes, un sueldo muy superior a los 70 dólares de media que ganan la mayoría de los kenianos. La necesidad de acabar con el tribalismo fue otro de las peticiones del Pontífice, que invitó a los asistentes a tomarse de la mano para ser conscientes de que «todos somos una nación y así tienen que ser nuestros corazones».

Las palabras sobre la corrupción fueron acogidas con especial interés en un país que se encuentra entre los más corruptos del mundo. El Papa se refirió a la responsabilidad individual en la lucha contra problemas colectivos: «Si no quieres corrupción en tu corazón, en tu vida, en tu patria, empieza por ti mismo. Si no empiezas tú, tampoco lo hará el vecino». Tras poner algún ejemplo, añadió: «Incluso en el Vaticano hay casos de corrupción; la corrupción es algo que se nos mete adentro, es como el azúcar, es dulce, nos gusta, es fácil, y después terminamos mal. Por favor, no le tomen el gusto a esa azúcar que se llama corrupción».

«Antes de irnos, les pediría que nos pongamos todos de pie y recemos juntos a nuestro Padre del cielo, que tiene un solo defecto: no puede dejar de ser Padre», así se despidió de Kenia el Papa Francisco, sonriendo, confiando y compartiendo esa alegría que al fin y al cabo es la mejor manera de vivir la Palabra de Dios.

Y así llegó a Uganda, la segunda etapa de su viaje por África. En Entebbe fue recibido, entre bailes tribales y sonidos de tambores, por el presidente del país, Yoweri Museveni, quien minutos antes había tuiteado: «Uganda, el Shepherd One («Pastor Uno») acaba de aterrizar, repito, el Shepherd One acaba de aterrizar. ¡Haced ruido!».