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Francisco: «La política no es solo para gobernantes»

En su primer Ángelus del Año, Francisco invitó a los fieles a «ser responsables de la vida de la ciudad, del bien común». Advirtió de que, pese a la globalización, «el mundo está cada vez más desunido».

En su primer Ángelus del Año, Francisco invitó a los fieles a «ser responsables de la vida de la ciudad, del bien común». Advirtió de que, pese a la globalización, «el mundo está cada vez más desunido».

En su primera misa del año, el Papa Francisco quiso centrar su catequesis en las madres. «Hay mucha dispersión y soledad a nuestro alrededor, el mundo está totalmente conectado, pero parece cada vez más desunido», pronunció durante su homilía, celebrada en la basílica de San Pedro. Y para superar esta preocupación, el Pontífice aseguró que «necesitamos confiarnos a la madre». «En la vida fragmentada de hoy, donde corremos el riesgo de perder el hilo, el abrazo de la madre es esencial», dijo.

No en vano, este primer rezo de Año Nuevo conmemora la solemnidad de María Santísima Madre de Dios, de ahí que el Papa insistiera en ese mensaje maternal. Desde el punto de vista personal, Francisco recalcó que «un mundo que mira al futuro sin mirada materna es miope». «Podrá aumentar los beneficios, pero ya no sabrá ver a los hombres como hijos; tendrá ganancias, pero no serán para todos; viviremos en la misma casa, pero no como hermanos», añadió. «Cuántos hijos hoy van por su propia cuenta, pierden el rumbo, se creen fuertes y se extravían, se creen libres y se vuelven esclavos. Cuántos, olvidando el afecto materno, viven enfadados consigo mismos e indiferentes a todo», se preguntó Francisco.

Pero también esta visión se puede aplicar a la Iglesia, tomando como referencia a la Virgen María. «La Iglesia necesita renovar el asombro de ser morada del Dios vivo, esposa del Señor, madre que engendra hijos. De lo contrario, corre el riesgo de parecerse a un hermoso museo del pasado. La ''Iglesia museo''», profetizó el papa argentino. Y en esa óptica de una estructura religiosa siempre en movimiento, Bergoglio subrayó que «la Virgen nos arraiga en la Iglesia, donde la unidad cuenta más que la diversidad, y nos exhorta a cuidar los unos de los otros». Francisco insistió en que «la mirada de María recuerda que para la fe es esencial la ternura», una palabra que, según el Papa, «algunos quieren hoy borrar del diccionario».

También esta misa coincidía con la Jornada Mundial por la Paz que, desde hace aproximadamente medio siglo, la Iglesia católica celebra cada 1 de enero. Sin embargo, en esta ocasión el Pontífice apenas dedicó unas palabras durante el tradicional rezo del Ángelus, que presidió desde el balcón del Palacio Apostólico ante miles de fieles que se congregaron en la Plaza de San Pedro. «No pensemos que la política queda reservada solo a los gobernantes, todos somos responsables de la vida de la ciudad, del bien común», aseguró. El lema escogido para esta ocasión era «La buena política está al servicio de la paz» y durante su presentación a mediados de diciembre el Papa sí que eligió un lenguaje muy duro. En el documento enumeró lo que calificaba como «vicios» de la política, entre los que destacó «la corrupción, en sus múltiples formas de apropiación indebida de bienes públicos o aprovechamiento de las personas»; «la tendencia a perpetuarse en el poder, la xenofobia y el racismo»; o «el rechazo al cuidado de la Tierra, la explotación ilimitada de los recursos naturales y el desprecio de los que se han visto obligados a ir al exilio». El texto remarcaba una advertencia a los gobernantes que tienden a «culpar a los inmigrantes de todos los males».

Y a este tema volvió a recurrir Francisco durante la última misa de 2018, celebrada la tarde del 31 de diciembre, en la que se entonó el tradicional canto de acción de gracias del «Te deum» con el que el Papa hizo repaso del año. «Debemos detenernos a reflexionar con dolor y arrepentimiento porque, también en este año que llega a su fin, muchos hombres y mujeres han vivido y viven en condiciones de esclavitud, indignas de personas humanas», aseguró en ese momento el Pontífice.

Francisco recordó no solo a quienes se encuentran en países en conflicto, sino especialmente a miles de personas sin hogar que pueblan nuestras ciudades. Aseguró que «todos son hijos e hijas de Dios, pero diferentes formas de esclavitud, a veces muy complejas, los han llevado a vivir al borde de la dignidad humana» y recordó que «también Jesús nació en una condición análoga».