Religión

Para el bien de todos

Hacía tiempo que un texto del Papa no se esperaba con tanta expectación. Y la larguísima exhortación que se ha publicado no decepciona. Por dos razones: es fruto de una amplísima consulta y tiene un lenguaje nuevo. Esto hace que «Amoris laetitia» («La alegría del amor») sea un documento nuevo en la continuidad de la tradición cristiana. Sobre un tema que interesa a todo el mundo, no sólo a los católicos.

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El Papa mismo ha subrayado, acompañando el texto con algunas líneas manuscritas, que la exhortación es «para el bien de todas familias y de todas las personas, jóvenes y ancianas». Este hecho no tiene precedentes y confirma un hecho: a Bergoglio, que es un Papa misionero, le preocupa mucho la realidad humana de todas las familias, como subraya el mismo documento cuando dice que de los dos sínodos –de 2014 y 2015– no sale «un estereotipo de la familia ideal» sino un verdadero «mosaico» formado «por tantas realidades diferentes». Es esta la realidad mirada por el documento sinodal, es decir, por un texto que pone en claro los resultados de un «camino común» (esto significa la palabra griega «sínodos»), conforme a un método que es tan antiguo como la misma Iglesia. Y antiguos son los principios en los que se basa la exhortación: la cercanía de Dios a la condición humana, que siempre es imperfecta, y el principio de las «semillas del Verbo»: o sea, las huellas de la presencia divina que hace falta reconocer en cada realidad humana.

La exhortación arranca de una visión bíblica, pasa a describir la situación actual de las familias, pone en claro las enseñanzas de la Iglesia y al mismo tiempo la necesidad de aplicarlas a la vida cotidiana de los fieles, dándole mucha importancia a la educación de los hijos e invitando a la misericordia y a la atención a cada situación, sobre todo cuando estas situaciones «no responden plenamente a lo que el Señor nos propone».

El texto es muy sugerente y recurre a citas inusuales, como las de muchos poetas latinoamericanos contemporáneos: Mario Benedetti, Jorge Luis Borges y Octavio Paz. A buen seguro que el documento suscitará mucho interés y encendidos debates también fuera de la Iglesia, especialmente en lo concerniente a la integración y la cercanía a los fieles que viven situaciones difíciles. Esto es una buena señal, tan positiva como la exhortación en sí misma, coherente con la gran tradición cristiana y la renovación que el Concilio Vaticano II dibujó hace medio siglo.

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*Director de «L’Osservatore Romano»