«Las personas que padecen obesidad presentan un estado inflamatorio de bajo grado relacionado con diversas enfermedades»

Entrevista a Juan Pedro Fernández Corbelle, director médico de Preven Salud

Dr. Corbelle
Dr. Corbelle FOTO: MIGUEL MERINO MSTUDIO; Miguel Merino - MSTUDIO Miguel Merino

1. ¿La obesidad altera los genes y nos hace más débiles?

Cuando hablamos que un factor externo, como puede ser una enfermedad, produce alteración de los genes nos estamos refiriendo a la EPIGENETICA. Esta ciencia estudia los mecanismos que regulan la expresión de los genes sin una modificación en la secuencia del ADN que los compone. Establece la relación entre las influencias genéticas y ambientales que determinan lo que al final aparece en un individuo concreto y que conocemos como fenotipo.

Pues bien, en un estudio en ratones, recientemente publicado, se ha visto que la historia pasada de obesidad desencadena cambios epigenéticos persistentes en la inmunidad innata y exacerba la neuroinflamación.

2. ¿De qué tipo de alteración estamos hablando?

Sabemos, desde hace tiempo, que las personas que padecen obesidad presentan lo que se conoce como un estado inflamatorio de bajo grado, y esta situación se ha relacionado con diversas enfermedades.

3. ¿Cuál es exactamente la relación que existe entre la obesidad y la inflamación?

Hablamos de inflamación celular silenciosa (o de bajo grado) para referirnos a la inflamación imperceptible de un órgano o tejido que se produce como consecuencia de la activación de mecanismos inflamatorios en respuesta a la detección de una amenaza.

Sin embargo, aunque se trata de un importante mecanismo de defensa, su activación estimula la secreción de enzimas que atacarán al tejido sano para deshacerse del problema. Así, si se hace crónica (por una continua exposición a agentes nocivos, como es la obesidad) termina por dañar al órgano o tejido en cuestión.

Los mecanismos por lo que la obesidad aumenta la inflamación son:

· Cambios en la microbiota intestinal, tan importante en nuestro sistema inmune

· Estrés oxidativo que lleva a deterioro del organismo y envejecimiento prematuro

· Liberación excesiva de factores proinflamatorios: como son la Interleukina-6 (IL-6), el factor de necrosis tumoral-α (TNF-α), o la proteína C reactiva (PCR) y otras citoquinas que se van descubriendo nuevas

· Sobreactivación de macrófagos periféricos por lo que nuestro sistema de defensa se pasa de frenada y termina lesionando al propio organismo.

4. ¿Y esa alteración puede contribuir a la predisposición de enfermedades neuroinflamatorias?

Durante mucho tiempo se ha considerado al sistema nervioso central como inmnológicamente privilegiado ya que se suponía que la barrera hematoencefálica le protegía del paso de sustancias tóxicas. Esto es prácticamente verdad en cuanto a sustancia tóxicas externas pero no a cuadros inflamatorios propios del organismo.

Así, diversas enfermedades del sistema nervioso central se han realizado con estos cuadros de exacerbación inflamatoria y han dado al estudio en profundidad de enfermedades neuroinflamatorias.

Entre ellas podríamos incluir la degeneración macular relacionada con la edad (DMAE) a la que hace referencia el estudio en ratones recientemente publicado, donde se afirma que se ha comprobado que la obesidad confiere memoria a los macrófagos y que la programación epigenética de las células mieloides en la obesidad contribuye a la degeneración macular.

Estudios de experimentación como estos en el campo de la epigenética se están haciendo en diversas enfermedades y diferentes sistemas de nuestro organismo, no sólo en el sistema nervioso. Y también en el campo del envejecimiento y enfermedades relacionadas con dicho proceso, aparentemente fisiológico.

5. ¿Cuáles son esas enfermedades y cuál es su gravedad?

Hay muchas enfermedades, aparte de las neuroinflamatorias, que ya conocemos, relacionadas o agravadas por ese estado inflamatorio de bajo grado que produce la obesidad. Para no extenderme mucho paso a enumerar algunas de las principales:

· Diabetes, la de tipo II, asociada a la obesidad y que ha llevado a acuñar el nombre de DIABESIDAD

· Enfermedades cardiovasculares, asociación que se conoce desde hace tiempo y que en su mecanismo de asociación juega un papel importantísimo la inflamación

· Diversos tipos de cánceres que tienen mayor prevalencia en personas obesas.

· El envejecimiento prematuro muy relacionado con el estrés oxidativo y la inflamación crónica

· En el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer se ha postulado una gran importancia a la inflamación.

· En el propio COVID-19, se comprobó que la obesidad suponía un factor de riesgo importante a la hora de desarrollar la enfermedad de forma grave, ya que los cuadros graves en la pandemia aparecían en los organismos que al defenderse del virus tenía una respuesta inmunitaria exagerada y esto era más fácil que sucediese en las personas obesas que partían de un estado basal ya inflamado.

· Otras muchas enfermedades que vamos estudiando y en las que la inflamación juega un papel clave y por ello la obesidad sería un factor agravante

6. ¿Esas enfermedades remiten en el caso de que el obeso recupere un peso normal o persisten incluso después de la pérdida de peso?

Cada enfermedad es diferente y en cada individuo no evoluciona de la misma manera. Lo que sí es claro es que la obesidad como favorecedora de este estado proinflamatorio influirá más y peor cuanto antes aparezca, cuanto más dure y cuanta mayor gravedad adquiera.

Si nos fijamos en la enfermedad descrita en este estudio en ratones, la degeneración macular relacionada con la edad se ha visto en seres humanos que es prácticamente irreversible y sólo podemos enlentecer su evolución. En su desarrollo tienen que coincidir una predisposición genética con factores epigenéticos negativos como se ha visto, entre otros, que es la inflamación provocada por la obesidad.

7. ¿Entonces, si las personas tienen una obesidad genética, están predispuestas sin que se puede hacer nada, por ejemplo, a la degeneración macular?

A ver, un momento, no ha y que confundir términos dentro de la genética. Una cosa es que la obesidad tenga una cierta predisposición genética y si en esos individuos predispuestos se asocian factores epigenéticos negativos que colaboran en su desarrollo al final sea aparentemente inevitable entonces la obesidad. Y así favorecer el desarrollo de otras enfermedades agravadas por el estado inflamatorio que produce la obesidad.

Y otra cosa es que la genética sea totalmente determinista y no podamos hacer nada. Ante una persona con predisposición genética a la obesidad podemos ponerle unos factores epigenéticos muy positivos que consigan que no se desarrolle dicha patología ni sus enfermedades asociadas por el estado pro-inflamatorio. Pudiendo hacer así una buena medicina preventiva.

Los investigadores tienen que seguir investigando en muchos campos y ayudándonos a los clínicos a tratar enfermedades crónicas como la obesidad que tiene tanta importancia en el desarrollo de otras muchas enfermedades. Pero ya con los medios que tenemos actualmente podemos controlar (no curar) perfectamente la obesidad como enfermedad crónica que es. Lo crónico no se cura pero se puede controlar y la obesidad sabemos cómo controlarla.