Por fin en Wuhan: volver a casa pero sin pisar la calle

La vida está medio paralizada y algunas multinacionales de China han suspendido su producción

Por fin en casa. Eso es lo que se les habrá pasado por la cabeza a los ciudadanos de la provincia de Hubei que, debido a la cuarentena impuesta por el gobierno chino en sus lugares de residencia, no habían podido volver a sus hogares hasta ayer. Atrapados en el extranjero, han tenido que lidiar con las miradas reprobatorias que les veían como infectados y transmisores del coronavirus de Wuhan mientras esperaban un retorno que no llegaba. Pero la vuelta, en un vuelo chárter organizado por el gobierno chino, tampoco ha sido fácil. Al desembarcar del avión, eran recibidos por personal cubierto de la cabeza a los pies con trajes protectores de color amarillo que les daban instrucciones del procedimiento a seguir. Como si hubieran llegado a un planeta infectado por la enfermedad.

Veinticuatro países

No es para menos. El coronavirus 2019-nCoV ya suma 259 fallecidos y 11.953 infectados, lo que significa que de un día para otro la cifra aumentó en 46 muertos y 2.100 casos más. Además, se mantiene en observación a alrededor de 18.000 personas que habrían estado en contacto con portadores del virus. En el resto del mundo, el patógeno ya afecta a 24 países de cuatro continentes -entre ellos España-, que acumulan unos 125 infectados, pero el grueso de los casos fuera de las fronteras chinas se concentra en Asia con Japón, Tailandia, Singapur y Corea del Sur a la cabeza.

Aún así, la peor parte se la está llevando la provincia de Hubei, donde permanecen en cuarentena unos 50 millones de personas desde hace una semana. El virus ha logrado llegar a todas las provincias chinas, pero allí ya se cuentan 192 muertos y 7.154 infectados. Por ello, diversos países también tratan de sacar a sus nacionales del epicentro de la infección. A la decena de países entre los que se encuentran Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, Francia, Dinamarca o España, ayer se sumaron Rusia, cuyo ejército planea evacuar en cinco aviones a 600 ciudadanos entre el lunes y el martes próximos, y Alemania, que sacó del lugar a un centenar de ciudadanos, incluidos chinos, norteamericanos y rumanos, en un avión de la Fuerza Aérea alemana.

Aprovechando el viaje, en esa misma aeronave se llevaron 10.000 trajes protectores que el gobierno comunista había solicitado para cubrir las necesidades de los centros médicos en Wuhan, que continúan desbordados por una crisis que ha derivado en emergencia internacional. Allí, los hospitales están hasta la bandera y, pese a las nuevas remesas de material médico y de los miles de sanitarios enviados por Pekín, continúa faltando material protector. Los doctores y las enfermeras están agotados. Eso, sin dejar de lado el enfado de sus ciudadanos, que critican a las autoridades por la gestión de la epidemia y, en ocasiones, lo pagan con el personal sanitario.

Muchos acusan al gobierno local de no haber revelado y puesto coto a la situación cuando se empezaron a detectar los primeros casos en diciembre. Según un informe de expertos chinos en el «New England Journal of Medicine», los primeros casos de infección entre humanos se dieron a mediados de diciembre, algo que negaron las autoridades. Por eso, ahora los funcionarios están cayendo como moscas. Según el diario estatal «Global Times», tan solo en la ciudad de Huanggang, la segunda mayor afectada por el brote, se ha castigado a 337 funcionarios por dejar de cumplir con su deber de combatir el coronavirus. Allí, por si la cuarentena no fuera suficiente, se han impuesto nuevas y estrictas restricciones a las personas que abandonan sus hogares, permitiendo tan solo a un miembro de la familia salir para comprar artículos de primera necesidad cada dos días.

En las calles del gigante asiático la vida está medio paralizada y algunas grandes empresas como Toyota, Ikea, Starbucks, Tesla o McDonald’s han suspendido de forma temporal su producción o cerrado sus tiendas. También continúa la suspensión de vuelos a China por parte de diversas aerolíneas extranjeras. Además, a Estados Unidos se sumaron Australia y Japón, algo que no ha sentado nada bien en Pekín. «Justo cuando la Organización Mundial de la Salud recomendó que no se establezcan restricciones de viaje, EE.UU. se apresura en la dirección contraria», criticó la portavoz del Ministerio de Exteriores, Hua Chunying.