Castilla y León, en emergencia demográfica

Si la tasa permanece estable y las migraciones no son favorables, la región podría perder cerca de un 25% de población en los próximos 30 años.

Si la tasa permanece estable y las migraciones no son favorables, la región podría perder cerca de un 25% de población en los próximos 30 años.

Si el crecimiento en la comunidad de Castilla y León sigue los parámetros actuales, la comunidad se enfrentará en 2050 a la pérdida de un cuarto de su población, según se observa en el buscador web desarrollado por la universidad católica de Ávila (UCAV), donde aparecen los datos del informe de despoblación de todos los municipios de Castilla y León. Beatriz Sánchez, profesora de la UCAV y responsable del equipo que ha desarrollado el informe explica que, «este descenso ha sido producido por el gran éxodo rural que existió en las décadas de los 60 y 70 por las nuevas oportunidades que ofrecían las grandes ciudades relacionados con una mayor diversidad en materia de formación, más amplitud de ofertas en el mercado laboral, la falta de equipamiento municipal y de accesibilidad y los nuevos modelos de vida».

El envejecimiento y la baja natalidad acusados en la última década son el gran problema al que se enfrenta la sociedad de hoy, que se explica por un bajo número de mujeres en edad de engendrar, que acusa el declive de los años ochenta y noventa; por la crisis, que sigue dando niveles de empleo precarios; por la dificultad para conciliar trabajo y familia y la ausencia de políticas de apoyo a la crianza; por la imposibilidad de los jóvenes para independizarse y por la caída de la llegada de inmigrantes en el periodo de recesión. «El proyecto que se ha llevado a cabo desde la UCAV tiene carácter únicamente cuantitativo, siendo su objetivo la estimación del movimiento natural de la población (nacimientos y defunciones, excluyendo por tanto el movimiento migratorio) a nivel municipal hasta el año 2050. Dicho estudio no contempla por el momento la propuesta de medidas contra la situación de despoblación ni el análisis o comparativa de las ya existentes», aclara Sánchez.

Según el informe, los municipios más afectados por la despoblación son los de pequeño tamaño y alejados de los grandes núcleos de población. Por ello, provincias como Ávila o León han obtenido, desde el comienzo de la crisis (2008) hasta 2018, un crecimiento negativo de más de un 7%, el caso de Zamora es el más preocupante pues supera el 11%, considerando como rurales los municipios con menos de 2.000 habitantes. La principal razón de esta despoblación es la cantidad de municipios rurales en las provincias leonesas, superando en todas ellas el 85%, aunque respecto a la población total de Castilla y León la población rural solo representa un 25%. Si la dinámica migratoria hacia las principales ciudades sigue la misma línea, en 2050 provincias como Ávila, Zamora, Soria y Salamanca perderán entre un 25 y un 30% de sus habitantes. En el otro lado de la moneda se encuentra Valladolid, que sufrirá un descenso como el resto de provincias pero, no tan acusado como las demás, «el hecho de que Valladolid sea la provincia menos afectada por el despoblamiento está directamente relacionado con su menor grado de ruralidad, es decir, un menor número de municipios de pequeño tamaño y un menor número de población que habita en ellos en relación a las cifras que presentan el resto de provincias de la región. Así, el porcentaje de población que residía en municipios inferiores a 2.000 habitantes en Valladolid era de un 11,2% frente al 25,2% de media regional. En dicha provincia además, un 57,5% de la población reside en la capital siendo la que mayor porcentaje presenta; en el lado opuesto se encontraría León con un 26,9%», comenta Sánchez respecto a la provincia castellano-leonesa.

Un problema nacional

«El fenómeno de la despoblación es común a la inmensa mayoría de los pequeños municipios de España», explica aunque «la velocidad con la que se produce y los efectos de la pérdida de población no son iguales en toda la geografía». Los factores determinantes de esta despoblación en España, aclara Sánchez, son entre otros, «factores vinculados a la orografía, la distancia a los centros de actividad económica o la densidad de población. Sin embargo, uno de los aspectos que hacen más vulnerable a un territorio frente al despoblamiento es el pequeño tamaño de partida de sus municipios en lo referente a su población residente. En este sentido, la comunidad de Castilla y León, en la que existe un gran número de municipios con poca población empadronada, es una buena representante a su pesar de lo que conocemos como ‘‘España vaciada’’».

Las consecuencias del abandono de las zonas rurales españolas causará «un desequilibrio en la distribución de la población por la concentración de la misma en torno a los grandes centros urbanos del país. El abandono de los pueblos lleva aparejado un abandono de los campos, lo que supone un deterioro del paisaje y una mayor probabilidad de incendios. Además, se pierde una forma de vida, cultura y tradiciones propias vinculadas a las diferentes zonas rurales que, en los casos más extremos, son ya prácticamente irrecuperables», finaliza Sánchez.