Helena Resano: «Me preguntan si sólo voy a la tele a leer la pantalla»

Presenta el informativo de mediodía de laSexta. «La trastienda de un informativo» es su primer libro, donde cuenta el día a día en su trabajo

Presenta el informativo de mediodía de laSexta. «La trastienda de un informativo» es su primer libro, donde cuenta el día a día en su trabajo

Lleva más de veinte años vinculada a los servicios informativos. Primero en Telecinco, luego en TVE y finalmente en laSexta a donde llegó cuando la cadena estaba prácticamente empezando a emitir. Helena Resano (Navarra, 1974) confiesa que está demasiado enganchada a la información y quizá sea por esto, que se ha puesto manos a la obra para resumir cómo es el día a día en un informativo, desde primera hora de la mañana hasta el momento de su emisión al mediodía, con todas las noticias de última hora, e incluso los numerosos «incendios» que se producen a diario y que ella, gracias a su naturalidad y experiencia consigue que el espectador no se de cuenta. Lo explica en «La trastienda de un informativo», editado por Alienta, donde además también habla de su experiencia, sus espinitas profesionales y sus grandes retos.

- ¿Qué es lo que el espectador no ve durante el informativo?

- Todo el trabajo de equipo que hay detrás desde primera hora de la mañana. Lo explico en el libro, durante la emisión hay muchísima tensión porque es como una olla a presión. Tanto en el de mediodía como en el de las 20:00 aún pasan cosas a última hora y no se pueden pasar por alto.

- ¿Qué porcentaje ocupa el presentador en el informativo y cuánto el resto del equipo?

- El presentador es la guinda de un pastel enorme. Lógicamente es el que da la cara por parte de un equipo que aunque estén detrás son igual de importantes que el presentador. En el libro también se reivindica la figura del resto de compañeros que no salen en pantalla.

- ¿Cuántas veces te han preguntado si sólo vas a la televisión a maquillarte y a leer una pantalla?

- ¡Muchísimas! También que por qué voy a las 8:00 de la mañana. La verdad es que nos falta tiempo. Tenemos la primera reunión a las 8:30 horas y a partir de ahí es estar toda la mañana pendientes, con mil ojos sobre la actualidad, teletipos e imágenes para conseguir condensarlo todo en 30 minutos.

- ¿Por qué surge este libro?

- Doy clases en un máster de periodismo, entonces nade de la necesidad de ordenar los apuntes. Ahora mismo no hay nada que cuente cómo se hace un trabajo que no está sistematizado, tan intuitivo y del que no se suele conocer todo el proceso que hay detrás. Empecé a hacer anotaciones hará unos seis años, pero fue en septiembre cuanto tomó forma de libro y me puse una rutina para escribir, recoger anécdotas y recordar el pasado.

- En el libro hablas mucho de los «incendios» que se producen cuando una imagen no sale o hay una última hora. ¿ Qué pasa por tu cabeza en esos momentos?

- De todo. Desde «me quiero morir» hasta «por qué me pasa esto a mi». Pero luego piensas en la profesionalidad de todo el equipo que está detrás que lo está solucionando y tú no puedes estropearlo por tus nervios

- ¿Los periodistas nos equivocamos mucho?

- En todas las profesiones hay aciertos y errores todos los días. En la nuestra hay algunos perdonables como puede ser que te equivoques al vocalizar ya que es algo puntual. Otra cosa es no ser riguroso en los datos y esto es más reprochable.

- ¿Y qué pasa por tu cabeza cuando haces el primer directo?

- Cuando, en Telecinco, Juan Ramón Lucas me encargó el primer directo pensé en la tremenda irresponsabilidad que estaba cometiendo. Lo mismo me ocurrió con la primera vez que presenté un informativo en directo, ya en TVE. Además recuerdo que faltaba una semana para mi boda, así que con el nivel de nervios que tenía no me dio tiempo a asimilarlo.

- Cubriste los atentados de París de noviembre y cuentas que llamó mucho la atención su código ético...

- Sí, estábamos en el anatómico forense y nos chocó que cuando llegaban los familiares nos obligaban a bajar las cámaras. Esto en España es impensable pero si lo analizas caes en que en realidad no te aporta nada ver a una mujer rota de dolor. Esa imagen no hace entender mejor al espectador la tragedia que está viviendo una ciudad.

- ¿Sigue el periodismo siendo objetivo?

- La objetividad absoluta no existe. Todos tenemos una forma de pensar, prejuicios y valores y luego tu empresa tiene otra. Lo interesante en una noticia es que cuentes con las mayores voces posibles para ofrecérselas al espectador para que él forme su propia opinión.

- Tienes dos espinitas profesionales: una el 11-S y otra la muerte de Juan Pablo II, dos grandes acontecimientos a los que no pudiste asistir. ¿Te queda alguna?

- Sí. La del 11-S me la quité años después haciendo un informativo desde la Casa Blanca y la del Papa me la quité con la abdicación de Benedicto XVI. La que me queda es ser corresponsal en Nueva York o en Washington. No sé por qué pero siempre he soñado con ello. Hubo un momento en el que estuve a punto de irme, pero no pudo ser. La vida te lleva por otro lado...

- ¿Y las pasadas elecciones generales?

- Se me hizo muy raro pasarlas en casa. Fueron las primeras en las que no trabajé y me dio mucha pena. En las de junio no sé lo que pasará, todavía no lo han decidido...

- Llevas más de veinte años en la profesión, ¿Cómo ha cambiado el periodismo?

- Cuando empecé en esto no existía intenet y ahora su existencia lo ha cambiado todo. En el 2012, en la reelección de Obama y por un problema técnico, hicimos muchos reportajes con el móvil y ahora parece que esto es la vanguardia del periodismo. Lo nuestro fue como un último recurso. Los periodistas sí que es verdad que tenemos que adaptarnos pero no volvernos locos. La esencia es seguir contando lo que ocurre en el día a día.