Luis del Olmo: «No merece la pena llevarse mal con nadie, ni con Satanás»

Cuando uno escucha la voz de Luis del Olmo al otro lado del teléfono es imposible que no recuerde esas mañanas de viaje en coche con su padre camino del colegio mientras sonaba «Protagonistas» y su «Debate sobre el estado de la nación». En este caso, los nervios estaban del lado del entrevistador. Desde el pasado viernes, del Olmo ha vuelto a la que fue su casa y recupera sus mejores entrevistas en un espacio de media hora en RNE.

–Le estudiarán en la universidad por inventar la tertulia radiofónica...

–Hay otros compañeros con tertulias tan importantes como «Protagonistas»; lo que sí me parece es que cuando se hable de ellas, algo he tenido que ver yo dando cancha y libertad a los tertulianos. La programación necesita una buena tertulia y la participación de los oyentes.

–¿Había más cosas que contar en 1973 con «Protagonistas» que ahora?

–Tantas como hoy, pero no tenías la oportunidad debido a la censura. Los últimos años de la dictadura, el jefe de programas no te dejaba emitir cualquier contenido.

–En 1977 le censuraron uno porque se dijo que «los políticos cada vez mienten más como bellacos».

–No sentó bien y RNE estuvo a punto de hacernos desaparecer de los micrófonos. Hay políticos muy serios y que se dejan la piel; probablemente les duelen los improperios de los medios. Pero también existen políticos embadurnados por acrecentar su cuenta corriente. Vamos a intentar que haya menos golfos en el mundo.

¿Y qué espera de esta nueva etapa?

–Lo que me hace más feliz de volver a la sede de RNE es la cobertura de esta cadena. Vuelvo a mi antigua casa con miles de entrevistas, viajes y momentos vividos. En el programa de los viernes confío en recuperar los oyentes que perdí por la falta de kilovatios. Este viernes entrevisto al presidente del Congreso.

–Existe el problema actual de papel y publicidad para la Prensa, pero ¿qué supone para las ondas?

–La crisis afecta sin duda al mundo de la radio. No puedes hacer un viaje a Moscú porque el administrador dice que no hay dinero. El medio ha quedado un poco dolido con la economía. En publicidad, no sólo hay menos, sino que se ha repartido con el medio más competitivo, que es internet. Ya puedes encomendarte a todos los santos que no hay suficiente economía para abordar viajes y colaboradores, y menos programas extraordinarios.

–Desde el punto de vista objetivo por su profesión y en el figurado por su colección personal, ¿qué hay dentro de una radio?

–Si se refiere a las que se guardan y se exhiben en los museos de la radio de Ponferrada y Roda de Bará, en ellas se esconde la historia que he vivido los últimos años de la dictadura, cuando estalla la bendita democracia, también durante la Transición. Los ciudadanos acuden al museo y ven aparatos muy parecidos a los que sus padres tenían en casa: sirve para evocar momentos.

–¿Por qué tiene tanto interés en que la gente hable en micrófonos abiertos?

–Es fundamental la intervención del público. Eso creo que fue uno de los aciertos y los desaciertos del programa: abrir los micrófonos de «Protagonistas», sin censura. Si la radio tiene 20 millones de oyentes es por algo: la credibilidad, porque el oyente puede poner verde a cualquiera: locutor, político o empresario.

–Sigue muy implicado en el problema de la drogadicción en los jóvenes, ¿qué podemos hacer?

–Anteayer tuvimos una reunión de «Proyecto hombre» y una visita la semana pasada en Barcelona para ver cómo trabajan. Hay que convencer a la juventud de que la droga mata y no merecen la pena 10 minutos de felicidad por 10.000 horas de mal sueño.

–¿Por qué se lleva tan bien con gente tan diversa?

–Porque no merece la pena llevarse mal con nadie, ni con Satanás. ¿Para qué enfadarse o entrar en guerra con tu enemigo? En todo caso podría ser un hombre despreciable como mi antiguo compañero que me ha estafado. Y no me importa tanto lo que me ha hecho a mí, sino a mi familia. Dices: «Es un error, un pecado; que Dios le perdone». Yo no. Pero no voy a estar siempre pensando en ello.

–En 2007 expresó su despreocupación por los programas del corazón.

– Al final los programas rosa, ya sea de radio, televisión o de prensa, no hacen demasiado daño. Es un entretenimiento y al que se divierta y no le haga daño personal, no le doy más importancia.

–¿Es verdad lo que dijo Alfonso Ussía de que era intuitivo, valiente y subjetivo?

–Esa valentía es la que me ha proporcionado muchos dolores de cabeza. Por decir lo que pensaba los etarras me obligaron a circular con escolta por la vía durante 30 años. Probablemente volvería a repetirlo porque me escocía.

Marote, el desconocido

Luis del Olmo nunca ha fi rmado con su segundo apellido, Marote. ¿Su madre se lo recriminó alguna vez? «Ella se sentía muy feliz de que utilizase el primero. De chaval me conocían por el suyo. Tenía un tío piloto –se llamaba Darío– que desde León se dedicaba a sobrevolar el pueblo y mis compañeros de instituto me llamaban como a él. Hasta tal punto era así que un día mi padre se molestó y me dijo: ''tú te llamas Luis del Olmo''». Y nadie se ha olvidado de eso.