¿Por qué no envejece la abuela de «Cuéntame...»?

Herminia en la 8ª Temporada

Conservada en formol. Los años y las temporadas dejan huellas físicas en la familia Alcántara menos en Herminia, que ha hecho un pacto con su reloj biológico. Es más, éste se ha tenido que parar en 1968 –fecha de inicio de la serie– porque 14 años después –en esta temporada la acción se sitúa en 1982–, la abuela más famosa de la televisión está a punto de soplar las velas de su 81 cumpleaños sin que haya más arrugas que surquen su rostro o sus andares se hayan vuelto más torpes. Es más, incluso se puede hablar de que es el ejemplo viviente de una regresión en el tiempo. Es cuestión de escrutar con los detalles. Allá en 1968, esta mujer, nacida en 1901 y natural de Sagrillas (Albacete) era la autoridad moral en la casa de los Alcántara. Era la abuela que todos tuvimos, un ejemplo perfecto de austeridad rural. Vestida de luto, o de alivio de luto pero sólo en las ocasiones especiales, se recogía el pelo, que lucía algunas canas, y casi siempre acompañaba su indumentaria con un pañuelo negro o bien con una toquilla. Su porte se correspondía a una señora de 67 años de edad de aquella epoca: una mujer que había pasado, como ella siempre recuerda, por los años convulsos de la República, la Guerra Civil y la postguerra a la que ella siempre se refiere como tiempos de mucha hambre.

«Síndrome» Benjamin Button

Sin embargo, en 1982, con 83 años ya en su carnet de identidad, Herminia se pasea por la vida con más canas, eso sí, pero con un cutis que haría las delicias de muchas cincuentonas, ya que casi no tiene ni patas de gallo, con un corte de pelo muy pintón y unos vestidos más coloridos y aparentes. En la historia de la televisión patria, sólo ella y Jordi Hurtado se mantienen inalterables al paso de las décadas. Incluso en las redes sociales se empieza a hablar de que sufre el «síndrome de Benjamin Button» dada su lozanía actual. «Sí que es verdad que no le hemos avejentado ni con maquillaje ni con ninguna otra técnica. Y seguimo sin planteárnoslo. Como mucho hemos introducido algunos pequeños retoques que puede que sí sean imperceptibles para el espectador», dice Carla Orete, la Jefa de maquillaje y de peluquería de «Cuéntame cómo pasó». Eso sí, Olete quiere dejar claro que ese rejuvenecimiento de Herminia es producto de la propia evolución del personaje en un contexto histórico en el que todas las mujeres españolas –independientemente de su edad– también iban modernizándose. «Cuando Merche empieza con la tienda de ropa en la segunda temporada, y después con la peluquería, Herminia se cuida más. Deja la trenza o el moño que solía llevar por un corte de pelo más moderno. También sufre una transformación física cuando se echó un medio novio, Alfredo, en la séptima y la octava temporada, en 1974. Entonces Herminia se viste con colores más alegres, por fin utiliza el carmín... Son signos de coquetería inéditos en ella que, evidentmente, le rejuvenecen», explica Olete.

¿Y la salud de Herminia? Bien, gracias. En el capítulo del pasado jueves daba oficiosamente su parte médico. Cuando su bisnieto Oriol (el hijo de su nieta Inés y Eugenio) le preguntaba por qué había tenido que morir su padre en un accidente de coche y no ella, a muchos espectadores se les heló la sangre. Herminia contó que tenía artrosis, la tensión un poquito alta... Y no mucho más. Y es que a lo largo de todas las temporadas su historial de enfermedades ha sido casi impoluto. Sufrió de algunos mareos que le llevaron a tener una dieta estricta, tampoco pudo sortear las pulmonías y bronquitis de la época y, en el 23-F, le dio un ataque de ansiedad como a numerosos españoles. Mientras, a su yerno, Antonio, sufrió una crisis de nervios y una depresión por su situación laboral y un ataque al corazón. Su hija Merche tuvo que lidiar con un cáncer de mama y se sometió a una masectomía (extripación de un pecho) para quitarle el tumor. Se recuperó en 1981.

En la serie estamos en 1982 y Herminia sigue en plena forma mientras que a lo largo de los años hemos asistido a algunos signos de declive en el resto de la familia. Por razones de edad, es evidente la transformación de Carlitos Alcántara en Carlos. Empezó la serie con 10 años y los dientes mellados y le hemos visto crecer en estatura hasta convertirse en un joven metido en las aristas más amables de la Movida a sus 22 años. Su hermana Inés, interpretada sucesivamente por Irene Visedo y Pilar Punzano también está espléndida a los 34 años, al igual que Toni a sus 32, una vez que se ha despojado de los bigotes de atrezzo que eran un atentado a la vista, aunque le daban un puntito de madurez a su rostro aniñado. En cambio, el patriarca Antonio ya luce un cabello y una barba poblada de canas mientras se acentúan las patas de gallo. ¿El resultado? Estamos ante un madurito de muy buen ver que puede salir a la calle orgulloso de sus 56 años. Peor lo lleva Mercedes. Con 53 años no se le quitan del rostro unas ojeras y unas bolsas en los ojos que echan para atrás, algo lógico si se tiene en cuenta la infidelidad de su esposo y los consiguientes efectos colaterales. ¿Y qué decir de Miguel Alcántara, el hermano pródigo de Antonio interpretado por Juan Echanove? Vale que en la serie tiene 58 años, pero ha sido uno de los que han tenido una de las transformaciones, aunque paulatina, más acentuadas con su pelo cano. «Los cambios físicos producido por el paso de los años han ido en paralelo a la evolución que han experimentado Imanol Arias, Ana Duato, Pablo Rivero, Juan Echanove... Con ellos apenas se utiliza maquillaje. En lo que sí han sido evidente los cambios es en los cortes de pelo y sobre todo, en sus idumentarias, que se iban adecuando a las décadas», apunta Carla Orete.