Radiografía de las cloacas del poder

Kevin Spacey en «House of Cards», nominada a cuatro Globos de Oro
Kevin Spacey en «House of Cards», nominada a cuatro Globos de Oro

Las series políticas, última tendencia en la ficción y favoritas en los Globos de Oro

Descreída, amoral, virulenta y sin embargo elegante en su forma de atacar la línea de flotación de la política estadounidense... «House of Cards» es tan ácida que es recomendable tomarse antes de verla un omeoprazol porque no es para estómagos complacientes. Lo que podrían parecer defectos es una colección de virtudes para la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood, que ha decidido que «House of Cards» opte a cuatro candidaturas de los Globos de Oro en el apartado de televisión. Y no precisamente en candidaturas de perfil bajo. Todo lo contrario. La serie de Netflix opta a los galardones a la mejor serie dramática, mejor actor y actriz (Kevin Spacey y Robin Wright, respectivamente) y mejor actor de reparto (Corey Stoll). Aparte de hacerle un corte de mangas a las grandes cadenas y productoras de televisión –«House of Cards» se emite por la plataforma de internet Netflix, con una audiencia estimada de 580.000 espectadores–, se ha querido premiar su arrojo al plantear una serie con un trasfondo político que tiene como protagonista a un congresista republicano implacable, que se alía con lo peor de cada casa para lograr su objetivo: ser secretario de Estado. La mirada fría y calculadora de Spacey y su cínica sonrisa es el espejo en el que no se querría mirar ningún congresista, aunque muchos se parecen a él, más de lo que admitirán.

Las bambalinas del poder

«House of Cards» no es la única serie que se mueve entre las bambalinas del poder que ha sido reconocida por los Globos de Oro. A pesar de la ausencia, casi humillante, de «Homeland», ahí está la candidatura a la mejor actriz para Kerry Washington por («Scandal»), y la presencia de las series de comedia «Parks and Recreation» y «Veep». «Scandal» –un drama fronterizo con el «thriller»– también se mete sin complejos en los desagües más putefractos de Washington a través de su protagonista: una experta en relaciones públicas cuyo cometido es que la imagen pública del presidente de Estados Unidos –también republicano– sea más limpia que una áatina, aunque él no se lo ponga nada fácil.

El registro de «Parks and Recreation» es más cómico pero igual de corrosivo. Candidata al Globo de Oro a la mejor serie de comedia –su protagonista, Amy Poehler, también está en la lista de las que pueden ganar la estatuilla–, el alma máter de la producción es una funcionaria pública subdirectora de Parques y Recreación de un pueblo de Indiana, bastante torpe e ingenua a la que no le sale casi nada bien. A pesar de todo, sueña con ser presidenta de los Estados Unidos. Sus fuentes de inspiración son Hillary Clinton, Condoleezza Rice y Nancy Pelosi.

La «sit com» «Veep» también está entre las elegidas a lograr algún premio. Esta ficción se traslada directamente a la Casa Blanca. Allí sufre, y no precisamente en silencio, su protagonista, Selina Meyer (Julia Louis-Dreyfuss), una vicepresidenta muy consciente de que ostenta un cargo sin ningún peso específico (algo que piensan la mayoría de los estadounidenses sobre la vicepresidente, que todavía no aciertan a saber para qué sirve). Ahí está precisamente la esencia de esta sátira, que muestra a los que ostentan ese cargo como políticos resentidos con su sentidos, que son prácticamente unos convidados de piedra en las decisiones que se toman en el Despacho Oval.

En Hollywood casi nada sucede por causalidad. En unos tiempos en que la presidencia la ocupa Obama –que cuenta con innumerables simpatizantes entre los actores y directores–, que las miradas más implacables, y deshonrosas, sobre el modo de hacer política recaigan en protagonistas republicanos es algo más que premeditado. Al igual que las ópticas más amables que ofrecen «Parks and Recreation» y «Veep» cuenten con la complicidad de la Casa Blanca. No en vano el actual vicepresidente, Joe Biden, ha aparecido en ambas series. Y es que en el tablero de la política Hollywood también mueve sus piezas.