De ocho hijos en el siglo XX a sólo dos en el XXI

El modelo de familia ha cambiado drásticamente en los últimos 100 años. La esperanza de vida se ha disparado, mientras que la natalidad está en caída libre. Se necesitan 260.000 nacimientos más cada año para el reemplazo generacional.

Cuatro generaciones a través de los González
Cuatro generaciones a través de los González

El modelo de familia ha cambiado drásticamente en los últimos 100 años. La esperanza de vida se ha disparado, mientras que la natalidad está en caída libre. Se necesitan 260.000 nacimientos más cada año para el reemplazo generacional.

«Estamos viviendo en otro mundo», repite Sandalio González a sus hijos y nietos cuando acuden a visitarle a la Residencia El Balconcillo, en Guadalajara. Sandalio nació en 1910, en el seno de una familia humilde de Mohernando, una pequeña localidad de Guadalajara que hoy sólo cuenta con 176 habitantes, nada que ver con los casi 600 que llegaron a ser en 1940. A sus 106 años –cumplirá los 107 en septiembre– aún revive junto a sus hijos los recuerdos de los años previos a la Guerra Civil.

«Eran ocho hermanos, pero en la casa sólo había dos habitaciones, así que las chicas dormían en una, los padres en la otra; él y sus hermanos tenían que dormir en la cuadra, junto a los animales», recuerda su hijo pequeño, Rafael, de 66 años.

Y es que las cosas, en cien años han cambiado tanto que Sandalio, en muchas ocasiones, prefiere vivir en los recuerdos de sus años de juventud. En 1910, cuando nació, la esperanza de vida de los hombres no superaba los 41 años, mientras que la de las mujeres era algo más elevada, hasta los 43. Entre 1994 y 2014, este indicador de los hombres ha pasado de 74,4 a 80,1 años y la de las mujeres de 81,6 a 85,6 años y las previsiones estiman que la curva siga siendo ascendiente, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Sin duda, uno de los factores que más marca la diferencia entre el final del siglo XX y el inicio del XXI es la evolución de la natalidad. Y las cuatro generaciones de la familia de Sandalio son un ejemplo de ello. Él tuvo siete hermanos, sin embargo, decidió tener la mitad, cuatro hijos. «Hoy una familia como la que tuve yo es inviable, ¿cómo les cuidas?, ¿cómo les garantizas un futuro sin necesidad? Antes, los hijos eran un estorbo, ahora son el centro de atención», le dice a su hijo Rafa en una de las muchas visitas que le hace a la residencia. «Nosotros nunca fuimos niños, sino hombrecitos pequeños», le recuerda. Y Rafa ha seguido su consejo, ya que él ha decidido tener sólo dos hijos: la mitad de la mitad. Y esta tendencia, desde hace unos años, preocupa seriamente.

Las asociaciones de apoyo a la familia denominan a este fenómeno: invierno demográfico que, como indican desde el Instituto de Política Familiar (IPF), ya es una realidad. «España envejece a pasos agigantados. De forma sistemática, cada año nacen menos niños», afirman desde la entidad. Y es que en 2015, por séptimo año consecutivo, la cifra se volvió a reducir hasta sólo 420.290, 100.000 niños menos que en 2008. La pirámide poblacional ya no existe como tal, sino que ahora ha pasado a ser un rombo porque mueren más personas de las que nacen. Con estos números, el IPF insiste en que en España se necesitan 260.000 nacimientos más al año para asegurar el nivel de reemplazo generacional, pero las parejas que están en edad fértil no parece que se replanteen esta situación. El índice de fecundidad es de sólo 1,33 hijos por mujer y la edad media de maternidad se sigue retrasando y se acerca a los 33 años en nuestro país.

La conciliación es otro de los escollos por los que «el abuelo Sandalio» comprende que sus hijos no hayan querido crear una familia numerosa. España sólo contempla 16 semanas de baja por maternidad, muy lejos de las 68 de Suecia o de las 44 de Dinamarca. Los padres únicamente pueden solicitar cuatro.

Sofía, la nieta más joven de Sandalio, tiene 23 años, por lo que su padre Rafa la tuvo con 43, una edad que ejemplifica la situación de las familias actuales. El hermano mayor de Sofía tiene 37 años y tiene dos hijos: de seis y un año. Su estilo de vida también difiere mucho al de su padre y, aún más al de su abuelo. «Aunque mi hijo trabaje conmigo, puedo estar un mes sin ver a mi nuera y a mis nietos, a ellos les gusta más quedar con sus amigos. Ahora existen menos obligaciones, mis hermanos y yo, en cambio, estábamos siempre apoyando a mis padres», reflexiona Rafael. A pesar de todo, consigue que el Día de Navidad se junte toda la familia en su casa, unas 20 personas. «Esta tradición se mantiene», insiste.

Pero la llegada del siglo XXI también ha traído cosas muy positivas como la alfabetización y el acceso a la cultura de todas las clases sociales. «Mi padre trabajaba en el carbón todo el día y sólo cuando se ponía el sol podía estudiar. A las 10 de la noche iba a los salesianos para aprender a leer». La tasa de alfabetización en 1910 se aleja mucho de las cifras actuales, ya que la mitad de la sociedad de esa época no podía leer. Hoy, rozamos el 100%.