Actualidad

Día de los Desaparecidos: 16.685 días sin Alberto

No sabe nada de su hermano desde 1973. Tenía 13 años, salió del colegio con su bicicleta y nunca volvió. Belén pide que se cree un departamento para reabrir estos casos

No sabe nada de su hermano desde 1973. Tenía 13 años, salió del colegio con su bicicleta y nunca volvió. Belén pide que se cree un departamento para reabrir estos casos.

Publicidad

Alberto Pérez Elvira desapareció el 3 de julio de 1973. Es el caso más antiguo de la Fundación QSD Global. Su familia lleva 45 años, ocho meses, y seis días sin tener noticias de él. Cuando desapareció tenía sólo 13 años. Lo último que se sabe de él es que salió del colegio con su bicicleta de color azul, que fue encontrada con una rueda pinchada en la carretera de Guime a la playa Honda. Tenía que haber ido al restaurante de sus padres en Lanzarote tal y como hacían él y sus otros cinco hermanos pequeños cada tarde. Pero aquel día no llegó, pese a que sólo tenía que cruzar la plaza. Desde entonces no han tenido ninguna pista real sobre él.

Por eso, su hermana Belén, la pequeña de la familia, que tenía sólo unos meses cuando el tiempo se paró, pide a las autoridades que «se cree un departamento que rescate estos casos», algo similar a la serie «Caso abierto». «Entonces no existían los medios que hay hoy ni se hacia el mismo despliegue. De hecho, a la búsqueda de mi hermano menor de edad no se desplazó ni una unidad central de Madrid. Tampoco recibimos ayuda psicológica, de hecho mi madre estuvo meses con ceguera nerviosa transitoria». «Pido que no se olviden de las personas que desaparecieron hace décadas, porque hace 45 años no teníamos las mismas opciones que hay hoy».

Hablamos con Belén de aquel día. «El colegio estaba a unos 10 metros del restaurante de mis padres y de mi casa. Según me ha contado mi familia, al ver que no llegaba, mi padre pidió a un cliente que fuera a su casa por si estaba Albertito. Pasaron las horas y nada. Fueron a buscarle de camino hacia el aeropuerto. A las dos de la madrugada encontraron su bicicleta con una rueda pinchada. Aquel día no salió ni un barco ni un avión. Únicamente fue avistada horas después una pequeña embarcación con gente joven». Desde entonces se pierde su rastro. «Cada vez que había una hipótesis se difuminaba. Siento que en el caso de mi hermano todo se ha frenado. No se hizo una investigación con unos pilares y con el debido seguimiento». Sobre qué pudo pasar aquel fatídico día todavía es una incógnita. «Si una persona nos decía que había visto a un chico como él de feriante mis padres acudían a la feria, así hubo cientos de llamadas».

Pero Belén da veracidad a una de ellas. «Cuando yo tenía ocho o nueve años vi a un chico que iba con un jersey rosado pasear varias veces cerca de nuestra casa. Se me quedó mirando. Se lo dije a mi madre que salió corriendo por si le veía. Fue entonces cuando un señor de 87 años de Lanzarote aseguró a mis padres que había visto y hablado con mi hermano, que le dijo que estaba enrolado en un barco francés. Por si volvía a aparecer mi madre le escribió una carta y se la dio a este señor. Fue entonces cuando nos dijo que el chico le dijo que no podía aparecer porque hay mucha gente detrás metida».

Publicidad

Belén desconoce a qué se refería. Pero recuerda perfectamente aquel día en el que le dijo aquello a su madre. «Se me quedó marcada para siempre la expresión de mi madre. Muchas veces pensé que no le tenía que haber dicho nada». Su padre, fallecido hace dos años, «siempre decía que Alberto era muy inteligente para la edad que tenía, que quería viajar, no estar en el restaurante, y que le gustaba mucho la magia y que llevaba unos anillos como exotéricos que no sabemos de donde los sacó. Por eso mi padre, que murió mirando a la puerta por si Alberto volvía, siempre pensó que como al restaurante iban muchos alemanes quizá alguno le pudo haber metido en una secta. Pero no lo sabemos».

Otra opción es la novia que tenía, pero «la Guardia Civil nos dijo que ni ella ni su familia sabían nada, pero quizá...» . Imposible ni imaginar lo duro que pudo ser y que es. Aunque durante los primeros años recibieron dos indicios de los agentes, ninguno les llevó a él. «Mi madre se desplazó cada vez, pero no hubo suerte. No era Alberto. En otra ocasión un ciudadano nos llamó y mi madre cogió un avión, pero tampoco». La última vez fue cuando se encontraron unos huesos en una mareta (una hondonada hecha en el terreno para recoger el agua de lluvia). Pero se desestimó. «Ese día mi madre me dijo que llamara a la Guardia Civil por si era su hijo». Desde entonces «no se ha vuelto a investigar el caso de mi hermano Alberto».

Publicidad