El buen tiempo retrasa la epidemia de la gripe

Los médicos han empezado a detectar los primeros casos hace una semana, cuando normalmente era en diciembre.

Los médicos han empezado a detectar los primeros casos hace una semana, cuando normalmente era en diciembre.

La campaña de vacunación de la gripe se inicia, cada año, a principios de octubre y tanto los centros de salud como los hospitales prevén que a finales de noviembre empiecen a llegar los primeros casos. Pero este año, al contrario de lo que ha ocurrido en temporadas anteriores, la predicción no se ha cumplido. El motivo no es otro que las elevadas temperaturas que se han registrado en los primeros meses de invierno. «Hace una semana y media aún no me había llegado ni un solo caso. Hemos empezado a detectarlos hace nada», explica Tomás Pumarola, microbiólogo del Hospital Vall d’Hebrón de Barcelona y portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc). Pero el principal problema de este virus que llega cada invierno es que «es impredecible. Otros años se ha retrasado», aunque no sabe si tanto. Eso sí, «normalmente después de las Navidades es cuando se da el pico de casos por el tiempo que pasan los niños con los padres».

En los últimos dos años, «el pico ha aparecido dos o tres semanas antes», añade el doctor José María Molero, del grupo de Infecciosas de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc). A estas alturas, el número de afectados por el virus de la gripe superaba los 300 por cada 100.000 habitantes, mientras que, de acuerdo con el último boletín epidemiológico de este año –corresponde a la segunda semana de 2016–, la tasa se sitúa en 45,54 casos, «todavía por debajo del umbral basal establecido para esta temporada», según el Instituto de Salud Carlos III. En lo que se refiere a la hospitalización, desde el inicio de la temporada sólo se han notificado 129 casos en 13 comunidades autónomas y sólo ocho han fallecido a consecuencia del virus. El principal problema de la aparición tardía de la gripe es que «el virus va mutando a lo largo de la temporada y si hay muchos cambios no protegería de la misma forma», como indica el experto en infecciosas de Semergen (Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria), Manuel Linares. Así, recalca que «con el retraso de la epidemia existen más probabilidades de que el virus mute y sea diferente al que lleva la vacuna. Es decir, que puede tener menos protección».

Y es que la vacuna de cada temporada se empieza a preparar antes de verano y se «incluyen los virus que han ido circulando durante ese año», describe Linares. De esta forma, en función de las cepas que han sido más agresivas durante la temporada previa se elabora el fármaco que lo combatirá al año siguiente. Son los grupos de riesgo –personas mayores de 65 años, enfermos crónicos o inmunodeprimidos, embarazadas y personas asmáticas– a los que se recomienda la vacunación, pero no empieza a hacer efecto hasta pasadas los dos o tres semanas y «se mantiene entre dos y cuatro meses», apunta el doctor Molero. Y es que, en lo que se refiere a la eficacia, no existen estudios amplios que sepan determinar su durabilidad. De acuerdo con Juan González del Castillo, responsable de Infecciosas de la Sociedad Española de Urgencias y Emergencias (Semes) «existe algún informe que hace referencia a ésto cuando se han dado epidemias tardías que se han alargado hasta el mes de abril y que determinan que la vacuna habría perdido eficacia transcurrido ese tiempo», pero volvemos a lo mismo, a la falta de previsión que se puede tener con un virus que no deja de mutar mientras se va moviendo entre los humanos. El doctor Molero, por su parte, apunta a que «la efectividad de la vacuna puede mantenerse hasta seis meses». Para argumentarlo pone el ejemplo de lo ocurrido con la pandemia de la gripe A en 2009. «Ese año ingresaron más jóvenes que personas mayores y se piensa que pudo ser porque los organismos de los mayores de 65 años aún mantenían el recuerdo de la vacuna de la temporada previa». Fue a partir de esta experiencia cuando también se incluyó a las personas con obesidad de moderada a grave dentro del grupo de riesgo que necesita vacunarse.

Otro de los factores que se deben tener en cuenta al determinar la eficacia de la vacuna es el acierto o no de los epidemiólogos a la hora de determinar qué cepas deben incluirse dentro del combinado en el que se entremezclan tres. Y es que, como se ha explicado previamente, el virus va mutando y puede que los tipos de gripe escogidos no se ajusten con los que incluye la vacuna, pero ésto no se podrá confirmar hasta que pasen varias semanas y vayan apareciendo casos en las salas de urgencias. La realidad es que, por ahora, los ocho fallecidos no se habían vacunado, lo que es un balance positivo.

El retraso de la epidemia por las altas temperaturas que se han registrado no hace, en principio, que tengan que cambiar las pautas de vacunación. «Se tendría que experimentar un cambio climatológico probado científicamente para que se tomaran otras decisiones».