El Gran Hermano existe (sin control)

Cada vez quedan menos zonas oscuras que no pueden ser grabadas por las cámaras de vigilancia. Ni en el ámbito público y, cada vez más, en el privado. Todo por la seguridad, aunque hay dudas

Cada vez quedan menos zonas oscuras que no pueden ser grabadas por las cámaras de vigilancia. Ni en el ámbito público y, cada vez más, en el privado. Todo por la seguridad, aunque hay dudas.

George Orwell imaginó –sobre 1947– un mundo lleno de cámaras vigilando a ciudadanos obedientes. Estaba convencido de que el mundo se dirigía irremediablemente hacia un régimen totalitario controlado por El Gran Hermano. Eso debería suceder en 1984. Su predicción se ha acercado en muchos detalles y especialmente en la de una sociedad vigilada en la que es difícil que cualquier actividad humana no quede registrada por una cámara. Como en el reality «Gran Hermano», se puede vivir sabiendo que miles de visores siguen nuestros pasos. El motivo de esta hiperprotección es siempre la seguridad: basta con la presencia de un ojo de cristal para eliminar cualquier acto delictivo. Sin embargo, todavía existen zonas oscuras donde un objetivo no llega.

Varios de los terroristas autores de los atentados de París del 13 de noviembre de 2015, en los que murieron 130 personas, fueron reconocidos por cámaras en la calle. Dos de los autores de los ataques del 11-S, Mohamed Atta y Abdul Aziz al-Omari, fueron captados al pasar por los controles del aeropuerto de Portland. Pero ser grabado no quiere decir evitar que se cometa el delito. En Rio de Janeiro, una de las ciudades más vigiladas del mundo, se contabilizan 38 asesinatos por cada cien mil ciudadanos (en 2017, en Brasil se registraron 62.517 muertes violentas). En calles, transporte publico, bancos, hospitales, comercios, colegios, incluso ahora en domicilios particulares, hay cámaras que registran lo que sucede, y en torno a ello ya se ha desarrollado una legislación de protección de datos (regula por la Ley Orgánica LO 4/1997).

El modelo que más se aproxima a la distopía de Orwell es China. En 2017 se estimaba que existían 176 millones de cámaras, aunque el plan que está diseñando el gobierno es superar los 600 millones en 2020. Basta ver el abigarramiento de objetivos dispuestos en las calles cumpliendo cada uno funciones distintas, una exhibición tecnológica con la misión de intimidar; el relampagueo de los flashes es constante. Pero ya no sólo es la cantidad, sino la calidad.

Hay artefactos específicos para coches, motos y bicicletas, para peatones; un delincuente puede ser detectado en cuestión de minutos, incluso saber si un conductor lleva unas gafas en el bolsillo. No hay legislación que proteja la privacidad porque el objetivo es la seguridad... La mayor empresa mundial de videovigilancia es china y las acciones son del gobierno.