El milagro que hará Santa a Nazaria

Será canonizada el próximo domingo por curar el habla a la hermana María Victoria

Será canonizada el próximo domingo por curar el habla a la hermana María Victoria

Cuando María Victoria Azuara entona las primeras palabras en homenaje a la Madre Nazaria, se nota cierto aire de agradecimiento, como si una le debiese algo especial a la otra. “Era como un diamante de ocho caras: cuando en una cara brilla la luz, parece esa la más valiosa, pero cuando gira la piedra, otra comienza a deslumbrar, y esa parece la mejor. Ella destacaba en todas sus vertientes”, describe la primera a la segunda, quien será canonizada el próximo domingo por el Papa Francisco y será elevada a Santa, máxima designación eclesiástica para una persona fallecida que se entregó en vida a servir a Dios.

Nazaria Ignacia March Mesa nació en Madrid y pronto escuchó la llamada de Jesucristo: en su primera comunión, asegura Daniela Pérez Oeriz, superiora general de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia, “Nazaria sintió la llamada de Jesús, a lo que ella respondió: ''Yo te seguiré en vida todo lo que un humano pueda''”. Con apenas 20 años de edad emigra a México por problemas económicos para luego marchar a Bolivia con las Hermanitas de los Desamparados, donde ingresó apenas aterrizar en Latinoamérica. Ya con 36 años, Nazaria decide abandonar la organización para iniciar su camino en solitario y fundar las Misioneras Cruzadas. En esa época fundó el primer comedor social documentado, bautizado como la Olla del Pobre y ubicado en la ciudad bolivariana de Osorio. Falleció en Buenos Aires en 1943.

La religiosa siempre se entregó a los más desfavorecidos, pero focalizó su acción en dos colectivos concretos. “Un día, en la época de pobreza más acusada, Nazaria buscó limosna en la casa de un matrimonio adinerado. Cuando le cerraron la puerta en las narices, se marchó desolada camino de la plaza del pueblo. Allí, de repente, se vio rodeada de niños que la abrazaron, y ahí descubrió que su mejor regalo era tener el beneplácito del pobre”, cuenta Daniela a LA RAZÓN. Y es que los más pequeños siempre fueron un punto de acción en la vida de Nazaria. Siempre preocupada por ellos, mandó construir orfanatos que actuarían como escuelas y daría amparo a todo niño que se lo pidiera, sin mirar si tenía cama, dinero o ropa limpia para utilizar.

Las mujeres son el otro bastión sobre el que Nazaria actuaría con mayor fuerza. Muy adelantada a su tiempo, la religiosa buscó equiparar los derechos de éstas a los de los varones en una época adversa para ellas. “Siempre luchó por su progreso social”, narra Daniela. “Para instruirlas ideó una imprenta y publicó una revista conocida como “El Adalid de Cristo Rey”. Con ello las enseñaba a leer y a manejarse en un oficio”, sentencia la misma.

Tras haber pasado el proceso de beatificación, comenzaron los trámites para buscar su canonización. Para que una persona sea elevada a la categoría de Santo, debe haber obrado un milagro. El caso de Nazaria es curioso porque fue después de 50 años de su fallecimiento cuando se produjo lo ocurrido.

El 13 de octubre de 2010, María Victoria acudió a la misa dominical habitual. Lo que parecía un fin de semana habitual se tornó en un día terrible: “Cuando acabó y recibí la bendición, emprendí el camino a casa. Comencé a andar, a andar, a andar... Y llegó un punto en el que me pregunté: ¿Dónde estoy?” María Victoria no sabía hacia donde acudía, y cuando encontró su rumbo particular, tampoco mejoró la situación: “Entré en casa y las hermanas me dijeron que me comportaba de manera muy extraña, que balbuceaba demasiado y me movía como un robot”. Tras lograr engatusarla, un grupo de chicas y María Victoria acudieron a un hospital y el resultado de la resonancia no pudo ir peor: derrame cerebral severo que podría condicionar el resto de su vida.

Tras ello, la madre superiora decidió enviarla a Cochabamba en busca de una nueva opinión. “Afasia grave con diagnóstico muy grave”, le dijeron allí. Viendo lo sucedido, los médicos decidieron mantener en observación a la mujer durante unos días, tres concretamente, para luego dejar que se marchara a su casa. “No me notaban ningún progreso en el habla ni nada y me dieron el alta. No sentía dolor: recuerdo no poder hablar, pero no sufrir físicamente”, relata la afectada. Durante los largos días ingresada, María Victoria no dejó de encomendarse a la Madre Nazaria, así como todas sus compañeras desde la distancia. Siempre la rezaban a ella. Tras ocho días de estancia en casa, María Victoria acudió a la mesa con sus hermanas a la hora del desayuno, y en un perfecto y entendible castellano, entonó: “¿Me podéis pasar la mantequilla?”

“¡Pero Victoria! ¡Puedes hablar!”, clamaron con fervor las compañeras. “Pues claro, ¿por qué no iba a hacerlo?”, dijo la afectada, como si nada hubiese pasado durante los días previos. Al poco, la mujer decidió acudir a un hospital en busca de una explicación. “Sin duda, no la hay: esto ha sido obra y gracia de Dios”, le dijo el especialista. Dos meses más tarde, el 12 de diciembre, volvió a España en busca de una nueva opinión al respecto. Tras más de diez pruebas diferentes, los doctores valoraron que “eso era una obra demasiado grande como para creérsela”. “Ha sido el Señor, no hay otra explicación”, le repitieron. Entonces, en ese momento, María Victoria se acordó de quien nunca había dejado de tener en mente, y pidió: “Ha sido él, sí, pero también ha sido obra de mi madre fundadora, porque estábamos buscando un motivo para santificarla. ¿Podría usted firmar este documento que acredite que he sido curada sin la acción de ningún médico?”. Así fue.

El próximo domingo el Papa Francisco elevará a la Madre Nazaria a un lugar mucho más sagrado del que ya se encuentra. Dice Daniela que ambos eran amigos: ellas fueron testigos de cómo él se convirtió en el primer obispo en celebrar el sacramento de la confirmación de las Villas de la Misericordia, una comunidad de Buenos Aires que fundó Nazaria; y él siempre gustaba de decir “¡Por aquí ha taconeado una santa!” cuando acudía a su casa.

Pero más allá de su importancia global y las anécdotas que se cuenten, siempre será más determinante su impacto en las personas de calle. Cuando María Victoria cita la calle Madre Nazaria, es inevitable preguntar si hizo fuerza para cambiar su nombre original por éste. “Por supuesto”, dice. “Pero no fui sólo yo: lo decidimos entre todos y luchamos para que así fuese. Qué menos que darle ese pequeño homenaje por todo lo que ha hecho”, explica la persona sobre la que se obró el milagro. Aunque no sean coetáneas, el destino de ambas se cruzó para ayudarse la una a la otra: Nazaria para salvar la vida de Victoria, y Victoria para vanagloriar el recuerdo de Nazaria.