El sorteo, un festival multicolor para atraer la suerte

Como cada año, los asistentes se disfrazaron para llamar a la suerte
Como cada año, los asistentes se disfrazaron para llamar a la suerte

El Teatro Real de Madrid es hoy lo más parecido a un videoclip de los protagonizados por Mario Vaquerizo y sus Nancys Rubias. Pelucas por toda la sala, fantasías de lo más peculiares y, sobre todo, mucho color. Los más fieles al Sorteo de Navidad, que se celebra por segundo año en el teatro, se encontraban desde las 16:00 horas de ayer haciendo cola para acceder al Real. Manuela Sevilla era la primera. Esta mujer de 76 años jugaba varios números, pero, sin duda, el más singular de todos los que tenía era el 00001. "El año pasado fue la primera vez que vine y es tan emocionante que no quise perdérmelo en esta ocasión", aseguró. Hasta se trajo una cabeza de ajo como amuleto, pero tendrá que esperar al sorteo de 2014, porque esta vez no le ha tocado el Gordo. Ahora bien, si hablamos de números extraños la palma se la llevaba Juan Carlos. Él tenía el 00000, un número muy curioso que se dice que también lo juega la Casa Real. "Yo llevo con él cinco años y aunque es difícil que toque, ya es una tradición", explicaba.

Juan Antonio Cervera venía disfrazado de camello. No le importaba el calor y antes de entrar al salón volvió a pintarse la cara de marrón. 11 años lleva asistiendo a esta cita. En esta ocasión estaba jugando nueve números. Por su parte, Luis venía ataviado con una bandera gigante de España. No se le olvidaba su Copa del Mundo, una replica de la obtenida por la Selección Española en el Mundial de Suráfrica que sujetaba en todo momento. Era su amuleto. Y es que Luis lleva tres años viniendo al sorteo. El número que esperaba que se alzara con el Gordo era el 06248, que es la matrícula de su vehículo, que tiene decorado con fotos de Iniesta, Casillas y compañía.

Las Brujas Olímpicas, que portaban una antorcha de gomaespuma, venían de Fuenlabrada. En concreto, de la administración número 12 del municipio madrileño. "Este año hemos vendido muchísima Lotería", dijo uno de los loteros. Honorato es su mascota. Un loro que al más puro estilo del pulpo Paul elige que número jugar entre su grupo de amigos. Este año Honorato se inclinó por el 99210, que se vendió completo, es decir, las 160 series. Ángeles y Candela son otras fieles a esta cita con la ilusión. Vienen desde Lerma (Burgos) para presenciar el sorteo en directo. El año pasado salieron en todos los medios, ya que venían disfrazadas de meninas. Este año su traje no estaba tan trabajado, pero, eso sí, no les faltaba color. Unas bolsas de basura, globos y antifaces les bastaron para crear su fantasía. "Soñamos con que saliera el 36207", apuntaba una de ellas.

Así, el número agraciado con el premio máximo fue el 62246. Joel Fernández y Andrea Ladrón de Guevara fueron los encargados de cantarlo una hora y media después del inicio del sorteo. "Tenía muchas ganas de cantar el premio, pero no se imaginaba que era el Gordo", dijo la madre de Joel. Este era su último año, y aunque tenía miedo a equivocarse, lo cantó "muy bien". "Si me hubiera tocado a mí me hubiera comprado la PlayStation 4 y una smart TV", comentó el niño de San Ildefonso.

La locura llegaba a la sala del Real apenas media hora después de que comenzará el sorteo, cuando salía el Segundo Premio -79.712-. Un joven de la segunda fila, que venía desde Tenerife decía que lo tenía. "Viva Tenerife", se gritó en la sala, al tiempo que todo el mundo aplaudía. Jesús Lorente, de 27 años, vive en esta isla y había venido expresamente a Madrid para vivir la emoción del sorteo. Lo que va a hacer con el premio no lo tiene claro, aunque "taparé agujeros, ya se sabe, como siempre", indicó. Aun así, los nervios y la emoción le embargaban hasta tal punto que no tenía ni idea cuanto dinero le había tocado. El año pasado se quedó a las puertas del teatro, pero este año consiguió entrar. Y es que la suerte le sonríe a este trabajador de un hotel del sur de la isla de Tenerife. Nuevamente, las islas Afortunadas vuelven a hacer gala de su apelativo. La suerte no le ha sonreído sólo a él, sino a toda su familia. En total se gastaron 600 euros en ese número. "Es el que compramos todos los años", apuntó su hermana. Las Mesas, un pequeño pueblo de Cuenca de donde es natural Jesús, es el destino de 30 décimos con un premio de 125.000 euros cada uno. Este pueblo de Cuenca comparte hoy la alegría con los habitantes de Granadilla de Abona, ya que los décimos fueron vendidos todos en la administración número 1 de este municipio del sur de Tenerife.