«Guaguaka», el ogro sádico de Elche

Es uno de los alias que usaba el líder de los jóvenes socialistas ilicitanos para compartir pornografía infantil. Disfrutaba de las imágenes con bebés atados y quemados con cigarrillos

Alejandro Díaz Chaves
Alejandro Díaz Chaves

Los agentes del grupo de Delitos Tecnológicos de la Comisaría Provincial de Alicante, con el apoyo de la Brigada Central de esta unidad, han descubierto que el ex secretario general de las Juventudes Socialistas de Elche, Alejandro Díaz Chaves, había abierto varios perfiles en la llamada «web profunda» de Internet (Darknet). Según han informado a LA RAZÓN fuentes conocedoras del asunto, se sospecha de que trataba de buscar redes completamente «seguras», que no pudieran estar monitorizadas por las Fuerzas de Seguridad, con el fin de distribuir, incluso con fines comerciales, o acceder a pornografía infantil «dura y sádica». Según se deduce de los chats que se le han intervenido, y que no han sido examinados aún en su totalidad ya que representan un gran volumen, uno de los alias que usaba para ocultar su identidad era el de «Guaguaka».

Uno de los asuntos que tratan de aclarar los agentes encargados del asunto es si Alejandro Díaz Chaves, no sólo tenía y distribuía material pornográfico de menores y hasta bebés, sino si abusaba de una niña de su entorno de sólo tres años.

De momento, la autoridad judicial, que lo ha enviado a prisión, sólo le ha acusado de posesión y distribución de material pornográfico infantil y todavía no de abuso, aunque conforme avanzan las investigaciones aparecen evidencias que así lo podrían acreditar.

Hasta ahora, la Policía ha informado oficialmente de que el arrestado compartía a través de la red imágenes pedófilas de extrema dureza. «En sus conversaciones con otros pedófilos, aseguraba haber abusado también de un menor de seis años de edad, hecho que está siendo investigado por los agentes».

La investigación comenzó hace un año. Los agentes detectaron en la citada red oculta de internet una red llamada TOR y comenzaron a tirar del hilo dada la extrema dureza de las imágenes que se intercambiaban por este medio.

Las fuentes que ha consultado este periódico han pedido extrema prudencia a la hora de informar sobre el alcance de lo que se ha descubierto porque se desbarataría el trabajo de muchos meses que podría concluir con importantes resultados para el desmantelamiento de estas redes criminales.

Lo cierto es que fruto de las pesquisas, se descubrió la presencia de Alejandro Díaz en una de estas aplicaciones de mensajería y Skype que intercambiaba imágenes pedófilas de niños de tan sólo tres o cuatro años a través de dicha aplicación, que permite realizar llamadas y vídeo llamadas por internet, así como enviar mensajes instantáneos y compartir archivos. Las alarmas saltaron cuando los agentes comprobaron del contenido de los mensajes y vídeos de Alejandro Díaz que se podría estar produciendo un delito de abusos sexuales con menores. Pese a que la investigación llevaba un ritmo prefijado, se indicó al grupo de Elche que actuara inmediatamente con el fin de cortar de plano la posible comisión de ese delito y se produjo la detención de Díaz.

Uno de los puntos cruciales de la investigación fue el descubrimiento de las identidades que se trataban de ocultar detrás de los IP de los ordenadores en la «red profunda», lo que finalmente lograron los agentes del grupo de Delitos Tecnológicos. Los de la Unidad de Alicante solicitaron al juez la entrada y registro en el domicilio de Alejandro Díaz.

Las citadas fuentes subrayan que de los delitos que se cometen en internet, la mitad están relacionados con la pornografía infantil. Por ello, los delincuentes tratan por todos los medios de buscar las mayores dosis de anonimato. Este tipo de individuos, quizá porque ya han visionado demasiadas atrocidades, buscan con avidez lo que se denomina pornografía «nueva e inédita», en la que el sadismo y las torturas suelen ser componentes habituales.

En concreto, en los grupos que visitaba Alejandro se detectaron imágenes de niños muy pequeños, de unos tres años, a los que se les ataban y quemaban con cigarros, en lo que se denomina «pornografía sádica».

La citada alarma saltó cuando se descubrió que el detenido hablaba de una niña de su entorno de la que relataba hechos explícitos con frases de alto contenido pornográfico. En un chat narraba cómo se había frotado contra la menor. Su interlocutor le preguntaba qué había sentido: «Control, placer, que su vida está en tus manos y que con un apretón en el cuello todo acabó». Le pregunta qué ocurre si va más allá y contesta que «la rompes y la rasgas». En otra conversación, dice que le gustan los niños de 0 a 8 años, «pero mejor de 0 a 3 años». En otra, habla con el mencionado A., que la Policía cree que puede tratarse de un menor, al que ofrece prostituirle, que las ganancias se las repartan a medias y que le puede conseguir tíos que pagarán 50 o 60 euros por «foll...». «Te voy a convertir en un pedazo de comepo...».