«Igor el Ruso», compañero de módulo de Rodrigo Lanza en la prisión de Zuera

Ingresó ayer en la cárcel zaragozana, donde cuatro funcionarios le vigilan de día y uno de noche.

Norbert Feher, a su salida de los juzgados de Alcañiz (Teruel) tras prestar declaración ante el juez el pasado domingo
Norbert Feher, a su salida de los juzgados de Alcañiz (Teruel) tras prestar declaración ante el juez el pasado domingo

Ingresó ayer en la cárcel zaragozana, donde cuatro funcionarios le vigilan de día y uno de noche.

La Guardia Civil trasladó ayer a Norbert Feher, más conocido como «Igor el Ruso», de la prisión de Teruel al Centro Penitenciario de Zuera, en Zaragoza, donde le esperaban desde el día anterior. «A las 08:00 de la mañana vinieron cuatro furgones y un vehículo de la Guardia Civil (que otras fuentes elevan a dos)» a por este interno «que no dijo nada al salir», explicaron fuentes consultadas por este periódico. Un dispositivo de máxima seguridad, ya que «en los traslados normales va un autobús y un furgón detrás y en los especiales dos o tres furgones».

A las 08:15 salió del centro camino a Zuera, donde llegó a eso de las «11:45». Tras su ingreso en la que será su nueva prisión, el asesino confeso de los dos guardias civiles del puesto de Alcañiz, Víctor Romero y Víctor Jesús Caballero, y del ganadero de Andorra José Luis Iranzo, fue derivado al «módulo de aislamiento de esta prisión, que sí tiene módulos mecanizados», que permiten que el interno no tenga contacto físico con funcionarios, «mientras que en Teruel no», explicaron otras fuentes.

«En este módulo están los internos de primer grado. Tienen un régimen restrictivo. Cada preso desayuna, come y cena en su celda». Habitáculo que «Igor el Ruso» tiene solo para él. «En su celda hay una cama, baño, etc., y tiene entre siete u ocho m2 de tamaño». El día a día de este ex militar serbio transcurre entre tomar el desayuno sobre las 08:30, comer entre las 14:00 y las 14:15 y cenar a eso de las 20:00 horas. Un horario que sólo se ve interrumpido con las «dos horas que tiene de patio», dado que, al menos ayer, no había comprado un televisor en el economato de la cárcel.

En este módulo hay unos «30 internos. Algunos tienen derecho a cuatro horas de patio, en su caso dos, y si quiere disfrutar del patio saldrá solo, sin otros presos», mientras que otros internos de este módulo pueden salir «de dos, de tres o de cuatro, según su clasificación y el número de internos que haya en ese momento».

Dado que esta prisión está mecanizada, cada vez que «Igor el Ruso» vaya a salir al patio, se le abrirá la puerta automatizada desde una cabina de seguridad, y después pasará por un arco de metales mientras el personal de la prisión lo vigilará desde una especie de garita o burbuja, sin tener contacto físico con él. Para pasarle la comida, los productos higiénicos o esposarlo si sale fuera del módulo, el personal puede abrir la puerta de su celda con llave, ya que tiene una cancela con barrotes. «Durante el día, le vigilarán cuatro funcionarios y por la noche uno». A diferencia de la prisión de Teruel, donde dos funcionarios vigilaban día y noche a Feher, y cuatro si salía al patio.

En este módulo, están aquellos internos considerados peligrosos por el tipo de delito cometido, los que una vez en prisión agreden a otro interno o un funcionario y los yihadistas. «‘‘Igor el Ruso’’ comparte módulo con Rodrigo Lanza Huidobro», detenido recientemente por el homicidio de un hombre en Zaragoza que fue golpeado por la espalda con una barra de hierro en la cabeza. «Aunque no coincidirán nunca», añade.

De Kalashov al Solitario

En el caso de Feher, se le derivó a este módulo por los delitos tan graves cometidos y por su preparación militar. Y es que en prisión no están formados para hacer frente a alguien con esa preparación, a pesar de que no es el primero de este tipo que ingresa en la prisión. «En su día tuvimos a Kalashov, de la mafia rusa». «También estuvo el ladrón de bancos conocido como ‘‘El solitario’’, que mató a dos guardias civiles. Este tipo de prisión permite limitar sus movimientos y el tiempo en el que puede intentar secuestrar a un funcionario con el fin de escapar o que puedan querer liberarlo».