La vida es sueño, pero menos

¿Los españoles, dormimos mucho, poco, regular...? Lo hacemos bien, podría ser la respuesta, pues esas 7,1 horas al día, lejos de la media mundial, nos bastan y nos sobran

¿Los españoles, dormimos mucho, poco, regular...? Lo hacemos bien, podría ser la respuesta, pues esas 7,1 horas al día, lejos de la media mundial, nos bastan y nos sobran.

Hay determinados estereotipos que identifican a los países latinos y mediterráneos como sociedades ociosas y noctámbulas. Como es habitual en quienes trafican con esa visión corrosiva de los españoles, entre otros, se aprovecha la anécdota para convertirla en categoría, que es lo mismo que hacer de la fábula el día a día. En buena medida esa «leyenda negra» de gentes perezosas y relajadas, que aprovechan el día para dormir y la noche para la fiesta, suele partir de pueblos como los del norte y centro de Europa que se identifican con valores antagónicos con poco o ningún fundamento. A estas alturas del siglo XXI es obvio que ese relato anacrónico e injusto que acompañó a generaciones anteriores ya no se sostiene. Los españoles, con nuestras virtudes y defectos, no nos diferenciamos de otros naturales de países del primer mundo.

Es más, aquellos que nos visitan por millones suelen asimilar con entusiasmo nuestro modo de vida, siesta incluida. Las estadísticas de las horas de vigilia no nos sitúan en el rango alto de la tabla de países marmotas, como suelen ser los centroeuropeos y los eslavos –sin duda, el frío contribuye lo suyo-. Al contrario, la media española se mueve en parámetros orientales, cuyas sociedades se atribuyen también la condición de ser los que menos duermen y los que más trabajan. No diré que sea nuestro caso –tampoco el entusiasmo patriótico mueve a tanto-, pero esas 7,1 horas diarias entre el sueño nocturno y la siesta permiten un rendimiento saludable que, además de otros factores, ayuda a que los españoles seamos los segundos con mayor esperanza de vida del mundo por detrás de Japón, otro gran «insomne», y nos ha situado como una de las democracias más atractivas del mundo en estándares de calidad de vida. ¿Casualidad? No lo parece. Los estudios señalan las ocho horas de sueño como el ideal para mantener un buen provecho cognitivo, físico y emocional.

Y los españoles, sin alcanzarlas condicionados por nuestras costumbres, cultura y clima, estamos cerca, pero sin obsesionarnos. Siempre nos queda ese tesoro llamado siesta para recargar baterías. En lo que sí se pone de acuerdo la mayor parte de los moradores del planeta (71% de las naciones) es que el domingo es el día en el que se levantan con mejor estado de ánimo. Ya lo dice el Génesis, el séptimo día está para descansar.