Los hijos de la naprotecnología

Llega a España la ciencia para tratar la infertilidad «responsable con la naturaleza humana». El viernes y sábado se celebra en Madrid el primer congreso internacional de esta técnica.

Llega a España la ciencia para tratar la infertilidad «responsable con la naturaleza humana». El viernes y sábado se celebra en Madrid el primer congreso internacional de esta técnica.

Se conocieron en un pequeño pueblo de Francia y a los tres años se casaron. Tras darse el «sí quiero», Cristina y Lander tenían claro que el siguiente paso era convertirse en padres. Durante más de un año lo intentaron, pero el bebé no llegaba así que decidieron acudir al médico para descubrir las causas. «Nos dijeron que somos ese porcentaje de matrimonios que sin causas aparentes es infértil. Que los niños podían llegar en un mes, en un año o nunca», rememoran. Fue un periodo difícil. Una culpa sin sentido y la frustración sumieron a la pareja en una oscuridad incomprensible para quien no ha pasado por algo parecido. Los médicos les plantearon como única posibilidad la fecundación in vitro (fiv), pero desde un inicio la descartaron «no solo por convicciones éticas o religiosas, sino por la cantidad de efectos secundarios que tiene para la madre», apunta Lander. «No nos gustaba, además es un método muy frío e invasivo», apostilla Cristina.

¿Qué opción les quedaba? Las pruebas médicas no ofrecían un diagnóstico de su infertilidad, así que no sabían qué remedio ponerle. «¿Y si debíamos dar un paso al lado o plantearnos la adopción?» Fue una amiga irlandesa la que les planteó otra posibilidad, un método que en España era absolutamente desconocido pero que se ajustaba a la ética de la pareja. «Al principio dudé, estaba muy cansada emocionalmente, pero no veía otra salida», comenta ella. Y, finalmente, fue la naprotecnología lo que hizo posible que trajeran al mundo a su hijo Luis.

Desarrollada en Estados Unidos por el ginecólogo y obstetra Tomas Hilgers a finales de los años 70, la naprotecnología o Tecnología de Reproducción Natural (de la traducción de NaPro Tecnology), es la única ciencia médica que unifica la planificación familiar con la monitorización de la salud reproductiva y el mantenimiento de la salud ginecológica, explica la ginecóloga Patricia Alonso. Se basa en el método Creighton, que consiste en la observación del moco cervical para hacer un registro ginecológico, «una gráfica que va a poner de manifiesto una serie de marcadores biológicos que son de gran utilidad para hacer un diagnóstico exhautivo de la infertilidad». Además, explica Alonso, «reduce muchísimo los casos de esterilidad desconocida, que llega a ser del 30% cuando se acude a técnicas de reproducción artificial». Los únicos que no son candidatos son aquellos que sufren azoospermia, y las mujeres con una menopausia establecida y o una obstrucción en las trompas. En los demás casos de infertilidad, la naprotecnología «es una opción de tratamiento con una tasa de éxito equiparable, al menos, a la fecundación in vitro». No solo se trabaja para evaluar las causas subyacentes de la anormalidad reproductiva, sino que el tratamiento se complementa con de un abordaje médico quirúrgico. «Se recuperan técnicas que se abandonaron con la reproducción asistida para restaurar el aparato genital y restaurar la normalidad anatómica», incide esta médica. Patricia Alonso forma parte de la red de expertos de naprotecnología que ha puesto en marcha Fertilitas, una fundación sin ánimo de lucro que que ha impulsado este técnica en España, –tras el éxito en países como Polonia, Irlanda, Canadá o Reino Unido–, y que se encarga de conectar a los matrimonios con todos los especialistas que intervienen en el proceso.

Fertilitas nació de una emergencia, sostiene su director Álvaro Ortega. «Detrás de la infertilidad hay mucho sufrimiento, una gran frustración y toda una industria que lo mercantiliza», critica, al tiempo que recuerda que «España es líder mundial en reproducción artificial por encima de EE. UU y Japón en relación a la población». Se calcula que alrededor de un 17% de las parejas tiene problema para concebir, lo que se traduce en unas 800.000 personas, señala Ortega. Para ofrecerles una alternativa nació Fertilitas con la naprotecnología como bandera, «una técnica que aborda la infertilidad de forma científica, ética y responsable con la naturaleza humana» puesto que no hay manipulación ni desecho de embriones .

Cuando Lander y Cristina llegaron a la naprotecnología de la mano de su amiga irlandesa en España no existía esta red de profesionales y ni siquiera se había oído hablar de ella. Tuvieron que recurrir a una médica especialista en la técnica que trabajaba en Gibraltar y hablaba español, «aguantar que nos miraran como bichos raros cuando pedíamos ciertas pruebas en la Seguridad Social» y mantener la esperanza en que al final todo el proceso daría sus frutos. «Los médicos me decían que no tenía ningún desarreglo, que todo estaba bien, pero la naprotecnología me encontró algunos desajustes, me ofrecieron un diagnóstico y empecé a ver la luz». Al año y medio, Cristina se quedó embarazada, un «hijo que nunca me tomé como un derecho sino como fruto de un amor».

Ahora ellos forman parte de la red de Fertilitas como natrimonio mentor, para acompañar a las parejas que ahora están pasando por lo mismo. El acompañamiento es el primer pilar de la naprotecnología, para que las parejas que quieren concebir no se sientan un número más. El segundo, observar las causas de la infertilidad y el tercero resolverlas médicamente.