El Baikal amenazado por caída de niveles de agua y proyecto hidroeléctrico

Imagen del lago Baikal

El lago Baikal, que acoge la quinta parte de las reservas de agua dulce del planeta, está amenazado por la mayor caída de los niveles de agua en 60 años y un proyecto hidroeléctrico en la vecina Mongolia. "En los bajos niveles han influido dos factores: uno natural, las escasas precipitaciones; y otro provocado por el hombre, los planes del Ministerio de Energía", dijo a Efe Arkadi Ivanov, activista de Greenpeace Rusia.

Tanto el Gobierno como los ecologistas reconocen que en los últimos meses ha nevado y llovido poco en esa zona de Siberia, pero Greenpeace culpa al Gobierno de no tener eso en cuenta a la hora de trazar sus planes de bombeo de agua para abastecer la central hidroeléctrica local. "Era evidente que el agua no iba a llegar, ya que el invierno ha sido muy seco. Las autoridades deben tener en cuenta las tendencias climatológicas", agregó, críticas que ha sido rechazadas por la Agencia Federal de Recursos Hidrológicos.

A la falta de nieve en invierno se suma el hecho de que el lago ya recibió un 67 % menos de agua en verano y otoño de 2014, según cifras oficiales. Las autoridades de la república rusa de Buriatia han alertado sobre un 40 % de descenso de los niveles de agua desde 2013 y en los últimos días la tendencia ha sido a la baja hasta colocarse a dos centímetros del mínimo considerado crítico: los 456 metros.

"En una jornada los niveles de agua cayeron otro centímetro. Ahora son de 456,02", informó el viernes una fuente oficial a la agencia oficial RIA-Nóvosti.

Hasta once localidades de la zona sufren desde hace dos semanas problemas en el suministro de agua, ya que algunos de los pozos se han vaciado literalmente. Además, según las autoridades regionales, por ese mismo motivo se han producido más incendios en las turberas de las inmediaciones del Baikal.

"Ha disminuido el nivel de agua en la capa freática, por lo que se declaran incendios. Necesitamos agua, pero ahora no podemos sofocarlos", lamentó Alexandr Lbov, viceministro de recursos naturales de Buriatia. Las autoridades declararon el estado de alerta máxima en Buriatia y la vecina Irkutsk, y el primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, instó a no permitir que el problema afecte a los residentes en Angarsk, la mayor localidad de la zona con 230.000 habitantes.

Y lo peor es que el Centro Meteorológico informó de que los niveles de agua pueden descender del mínimo considerado aceptable por el Gobierno desde 2011, que oscila entre los 455 y 457 metros. Es por ello que, en un intento de garantizar el agua, la calefacción y la luz a la población local, Medvédev permitió esta semana el uso del agua del Baikal, aunque su nivel caiga por debajo del mínimo permitido por el propio Gobierno hace cuatro años. El subjefe de la comisión parlamentaria de Recursos Naturales, Mijaíl Slipenchuk, pronostica que el deshielo corregirá el actual desnivel en el Baikal, aunque reconoce el riesgo para las especies del lago.

"Si consideramos el Baikal un espacio natural único, entonces la recogida de agua bajo niveles críticos es una situación muy negativa. Pero si pensamos en primer lugar en la gente, la injerencia está justificada", dijo. Greenpeace considera que los principales afectados por los problemas del Baikal no serán las personas, sino los ríos de la zona y las especies endémicas del lago, como peces y mariscos.

Y es que el lago siberiano alberga 848 especies de animales que no existen en ninguna otra parte del mundo, como la "golomianka", pez vivíparo que habita a mil metros de profundidad, o el diminuto "epishura", un cangrejo de apenas uno o dos milímetros. Por otra parte, Greenpeace alertó sobre el peligro que supone para el Baikal el proyecto de construcción de una central hidroeléctrica en la vecina Mongolia, por lo que instaron al Banco Mundial a renunciar a la financiación del proyecto.

"Estos planes son tremendamente peligrosos para el mayor río de Mongolia y Buriatia, el Selenga, y también para el Baikal, cuyo mayor afluente es ese mismo río", comentó esta semana la organización en un comunicado. Greenpeace considera que esa central mongola "modificará el clima y el régimen hidrológico, afectará a la fauna del lago y posiblemente traerá consigo un aumento de la actividad sismológica".

Al respecto, Ivanov instó a Mongolia a entablar consultas con las autoridades rusas para estudiar si el proyecto amenaza el Baikal y el ecosistema de la zona y si es necesario buscar una alternativa y, mientras, frenar el proyecto.

Greenpeace reconoce que el estado del Baikal, que supera con creces el volumen conjunto de agua de los cinco Grandes Lagos de Estados Unidos y Canadá, ha mejorado desde que cerrara en 2013 la planta de celulosa que vertió durante décadas residuos tóxicos en el lago.