La sorprendente transformación del pollo moderno

El esqueleto y la genética de los pollos de engorde actuales, muy diferentes a los de hace 8.000 años, según constata un estudio

Un pollo, listo para ser vendido en una pollería / Jesús G. Feria
Un pollo, listo para ser vendido en una pollería / Jesús G. Feria

El pollo moderno de engorde tiene poco que ver con el que comenzó a ser domesticado hace unos 8.000 años debido a que la biología se ha modificado significativamente para ser utilizado de forma selectiva en granjas con el fin de destinarse finalmente al consumo humano.

Ésta es la principal conclusión de un estudio realizado por 10 investigadores de las universidades de Leicester, Nottingham y Nottingham Trent (Reino Unido), y del Noroeste (Sudáfrica), en un estudio publicado en la revista ‘Royal Society Open Science’.

Los investigadores indican que los pollos de engorde son una característica definititoria del Antropoceno, que es la época geológica actual, marcada por los impactos humanos en muchos de los ecosistemas de la Tierra, informa Servimedia.

«Como las especies de vertebrados terrestres más numerosas del planeta, con una biología formada por humanos, los pollos modernos son un símbolo de nuestro cambio en la biosfera», apunta Carys Bennet, de la Universidad de Leicester.

Los pollos modernos de engorde tienen características biológicas diferentes de las de sus antepasados y los investigadores creen que servirán para que los paleontólogos busquen evidencias de cambios biológicos en el ambiente.

«Estos pollos son una ‘morfoespecie’ artificialmente desarrollada, el tipo de cosas que reconocen los paleontólogos, que reflejan una biosfera irreconocible desde su estado prehumano y ahora dominada por el consumo humano y el uso de recursos», apunta Mark Williams, catedrático de paleobiología en la Universidad de Leicester.

Los científicos compararon pollos estándar de supermercado, cuya población mundial asciende a unos 23.000 millones, con los huesos de sus antepasados que datan de la época romana.

El esqueleto, la química ósea y la genética de los pollos de engorde, que sólo sobreviven seis semanas debido a las condiciones altamente controladas tecnológicamente de las granjas modernas, son radicalmente diferentes a sus antepasados.

«Desde la domesticación, ha habido muchas razas de pollos extrañas y hermosas, pero el pollo de engorde es quizás la forma más extrema de todas. La forma del cuerpo, la química ósea y la genética de la carne de pollo moderna es irreconocible de los ancestros salvajes y de todo lo que vemos en el registro arqueológico», explica Alison Foster, de la Universidad de Leicester.

De hecho, la forma del cuerpo de los pollos actuales ha cambiado significativamente debido a su reproducción selectiva en los últimos 70 años, tiempo durante el cual ha habido un crecimiento exponencial en la demanda de proteínas bajas en grasa.

La razón por la cual la química ósea de estos pollos ha cambiado tanto se debe en gran parte a la globalización alimentaria y a su dieta asociada. «Los alimentos que comen incluyen la soja, el maíz, el trigo y el pescado, que probablemente viajan desde la otra parte del mundo y están incrustados en un sistema alimentario globalizado asociado con la agroindustria», apunta Ben Coles, de la Universidad de Leicester.

Esta dieta es muy diferente a la gallina tradicional de patio trasero que habría sido alimentada con restos de cocina local. En términos evolutivos, los cambios en la biología de los pollos de engorde modernos han ocurrido de forma extremadamente rápida.

«Por lo general, se requieren millones de años para que ocurra la evolución, pero aquí solo han tardado décadas en producirse una nueva forma de animal que tenga el potencial de convertirse en una especie marcada del Antropoceno y la enorme cantidad de huesos de pollo descartados en todo el mundo significa que estamos produciendo un nuevo tipo de fósil para el futuro registro geológico», concluye Jan Zalasiewicz, profesor de paleobiología de la Universidad de Leicester. Servimedia