Vientos de prosperidad para la España rural

La energía eólica se presenta como un motor de desarrollo para estas zonas, ya que el país se enfrenta al reto de doblar su potencia de aquí a 2030. El municipio de Barásoain, en Navarra, obtiene un 20% de sus ingresos por los molinos. La repotenciación, el almacenamiento y una ley clara, los principales desafíos

Hay 1.123 parques en España. Eso hace un total de más de 20.000 molinos de viento
Hay 1.123 parques en España. Eso hace un total de más de 20.000 molinos de viento

En el cole de la localidad navarra de Barásoain, los niños saben qué es la energía eólica. En sus redacciones relatan su propia historia familiar o como alguno de sus tíos o sus papás trabajan en el sector renovable. La localidad, que se encuentra a 26 km de Pamplona, tiene 700 habitantes. De ellos casi 300 trabajan con los molinos. Es más, el ayuntamiento obtiene un 20% de sus ingresos de esta actividad.Como otros muchos en la comarca, era un pueblo agrícola en claro declive hasta que llegó la industria eólica para convertirse en uno de los principales motores económicos. Su historia y relación con esta energía renovable le ha valido el Premio de este año a la Integración Eólica, que otorga la Asociación Empresarial Eólica (AEE). Aquí, en esta zona central de Navarra se asientan más de 300 MW de potencia, mientras que la Comunidad Autónoma cuenta con mil.

El valor del ejemplo de Barásoain reside en la integración de varias instalaciones que cierran toda la cadena de valor en el mismo territorio. La primera es una planta de ensamblaje de aerogeneradores, donde se montan molinos de 3 MW de potencia, que luego se venden a nivel internacional. También cuenta con un parque eólico experimental de cinco aerogeneradores de 3 MW de potencia. Aquí se testan nuevos componentes para mejorar los modelos de turbinas antes de que salgan al mercado.

La última instalación es la más novedosa. Se trata de la primera planta híbrida de almacenamiento de energía con baterías que vuelca a la red en España. Concretamente lo hace desde 2017 y sirve de ejemplo de por dónde va el sector. La planta de almacenamiento consta de un aerogenera dor de 3 MW y dos tipos de baterías, que guardan la energía cuando hay mucho aire y no hace falta volcarla a la red. «Gestionan la descarga de energía de forma diferente. Una libera mucha potencia en poco tiempo y la otra tiene menos potencia pero puede soltar energía durante 20 minutos. Red Eléctrica de España tiene que ajustar la generación a la demanda. Si tiene un pico de demanda y déficit de generación, la entidad pide más a los productores. También sucede al revés. Puede pedir que alguna planta deje de producir cuando sobra energía. Todo esto pasa en décimas de segundo. Con esos dos sistemas garantizas la potencia que se necesita en cada momento», afirma Juan Virgilio Márquez, director de la AEE.

Ayer, la Asociación tuvo su encuentro anual, una cita que este año coincide con la revisión de la Comisión Europea del borrador del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima. El Gobierno español tiene que presentar un nuevo documento antes del 31 de diciembre, en el que añada las recomendaciones de Europa. «El objetivo nacional es alcanzar los 50 GW en 2030. Eso supone doblar la potencia porque a finales de 2018 había 23.5 GW instalados. A estos hay que añadir los que están pendientes de instalar hasta 2020, y que son fruto de las subastas de 2016 y 2017. Unos 4.600 MW más. En definitiva podemos llegar a 28 GW para entonces», afirma Virgilio. Ahora mismo la eólica es la segunda energía en el mix, tras la nuclear, y cubre un 19% de la demanda. En España hay 1.123 parques en 807 municipios, eso son más de 20.000 aerogeneradores. Para 2030 y doblando la potencia instalada se convertiría en la principal energía del mix. Incluso el año que viene si se instala todos los MW pendientes, según la AEE.

Repotenciar

La apuesta motiva al sector, que pide un crecimiento sin sobresaltos y con garantías jurídicas para poder doblar, incluso, los puestos de trabajo. Si ahora son 22.500 empleos, en 2030 pueden llegar a 40.000. «Para 2020 ya no llegamos al objetivo plasmado ni de renovables ni de emisiones ni de eficiencia. En eólica es cierto que en 2017 se sacó una subasta para nuevos parques, pero ¿dónde están los proyectos? Instalar 4.000 MW en un año y medio es complicado y no se puede echar la culpa al sector. Hay que recordar que la moratoria para las renovables empezó en 2010 y hubo un parón de cinco años. Esto no se recupera con una varita mágica», opina Fernando Ferrando, presidente de Fundación Renovables.

También esta semana, la Fundación ha presentado el informe «Escenario, políticas y directrices para la transición energética», con el que quiere ver dónde están los retos para llegar a 2030 con los deberes hechos. En lo que respecta a la eólica habría que aumentar en 2.000 MW la potencia cada año la próxima década. «Los objetivos son factibles si la regulación y el sistema se reforma. En eólica hay dos corrientes: una es hacer un reajuste de los aerogeneradores actuales para alargar su vida y otra corriente que consiste en repotenciar», dice Ferrando, que ve en la eólica una oportunidad para la España vaciada. «La renovables son una fuente de valor añadido. Un capítulo entero de la publicación se dedica al territorio. Ahí se proponen muchas cosas, pero cuidado porque no es lícito quitar la actividad agraria para poner aerogeneradores».

Almacenar en coches

El parque eólico de Malpica en Galicia es un ejemplo de repotenciación. Aquí se ha pasado de 69 aerogeneradores de 200 kW a siete de 2,3 MW. Sin embargo, produce el doble de energía que antes con la misma potencia. La clave son los nuevos molinos que funcionan con menor viento y un mayor número de horas. «Hay muchas combinaciones para aprovechar ciertas instalaciones: puedes cambiar los aerogeneradores o solo las palas y variar así el régimen de trabajo y que empiece a trabajar con menos viento. El problema es que si lo toco, hay que volver a hacer un procedimiento administrativo y a veces es demasiado costoso. También se puede hibridar con fotovoltaica para los lugares donde no hay un excesivo viento, pero sí mucho sol. En Australia ya se está haciendo, pero aquí no hay regulación para conectarlos a al red. Lo mismo pasa con el almacenamiento, que también se está incorporando pero no hay regulación», explica Virgilio. Ferrando está de acuerdo: «No hay plan de ayuda a la repotenciación y para el 2030, solo sustituyendo los actuales se podría producir el doble. Además, hay que tener en cuenta que la mayor parte de los parques ya está llegando al final de su vida útil de 20 años».

En los próximos años, y según el sector, será la I+D+i la clave en el desarrollo. También lo será la digitalización, la integración en red, así como la hibridación, el almacenamiento, el crecimiento de la eólica marina y el mantenimiento de la capacidad de generación de energía de las instalaciones que se acercan al final de su vida útil, o los nuevos retos financieros como los PPAs (contratos directos entre productor y consumidor y a largo plazo)», resumen en la AEE.

«De cara al futuro la gestionabilidad del sistema va a venir del almacenamiento y la demanda. Integrando el autoconusmo y las baterías de los coches eléctricos como sistemas de almacenamiento», apunta Ferrando.

La promesa del mar

La eólica marina podría ser una solución para las islas Canarias o Baleares, donde el coste de la electricidad se multiplica por cinco (hasta 200 euros el MW respecto a los 50 que cuesta más o menos en la Península). El motivo es que mayoritariamente se cubre con combustibles fósiles. El problema para instalar offshore es la profundidad de la costa española, ya que la tecnología actual se basa en la sujeción al lecho marino. Con tanta profundidad resulta caro. «La gran oportunidad es la eólica flotante. Ya está entrando en precios competitivos y en dos o tres años empezará a ser interesante para las islas», según la AEE.