Para el 88,3% los grafitis son una gamberrada

Al 75% no le gusta verlos en las calles y el 88,1% está a favor de que se multe a los autores de estos dibujos callejeros.

Al 10,6% de los mayores de 55 años le gusta vivir en un lugar con los espacios urbanos   «decorados»
Al 10,6% de los mayores de 55 años le gusta vivir en un lugar con los espacios urbanos «decorados»

Al 75% no le gusta verlos en las calles y el 88,1% está a favor de que se multe a los autores de estos dibujos callejeros.

El grafiti se ha convertido en un elemento común del paisaje de nuestras ciudades. No es un fenómeno propio de España, pero la realidad es que espacios públicos, pero también privados, son estampados por presuntos artistas anónimos o no tan anónimos. Los detractores de estas andanzas pictóricas entienden que se trata de gamberradas, que ensucian las calles, dañan propiedades ajenas y provocan un perjuicio económico. Para estos, suponen una forma de contaminación visual. Otros lo ensalzan como arte urbano que recupera y dignifica rincones decadentes de las urbes y hacen de esas calles y plazas un lugar mejor donde vivir. Son, por supuesto, visiones enfrentadas, pero, sometidas al escrutinio de la gente, el estado de opinión es concluyente, diríamos que abrumador. El 88,3% de los encuestados considera que los grafitis son una gamberrada y esos porcentajes son prácticamente los mismos en todas las franjas de edad. De hecho, casi nueve de cada diez preguntados (88,1%) respaldan que se sancione a quienes «manchen» dependencias públicas o privadas con dibujos o garabatos. También en este punto la aplastante mayoría no discrimina por edades, si bien se queda en el 75% de los sondeados entre 18 y 34 años. En consecuencia, es lógico que el 75% de los españoles no quiera vivir en un barrio con presencia de grafitis y sólo al 22,1% no le moleste. Para el 71,2%, no estamos ante una expresión artística, algo con lo que no está de acuerdo el 23,4%. Queda claro, por tanto, que los españoles no son unos entusiastas del grafiti y que no comprenden ni comparten la aparente permisividad de la que gozan los espontáneos del trazo callejero.