¿Por qué hago dieta si no me sobra ni un gramo?

Alberto sigue desde la adolescencia un estricto esquema alimentario y confiesa que ha hecho «alguna que otra barbaridad» por un cuerpo diez

Alberto Rosales, 25 años, en el Centro Deportivo David Lloyd Aravaca. Foto: Alberto R. Roldán
Alberto Rosales, 25 años, en el Centro Deportivo David Lloyd Aravaca. Foto: Alberto R. Roldán

Cuatro de cada 10 chicos se ha puesto a plan al menos una vez en su vida, a pesar de que casi la mitad está por debajo de su talla y el sobrepeso entre los jóvenes no llega al 5%.

Alberto siempre ha hecho especial hincapié en su físico. Según dice este estudiante de 25 años, «una buena imagen, limpia y trabajada es un aspecto fundamental tanto para encontrar trabajo como para buscar pareja». Desde la adolescencia ha hecho de todo para conseguir un cuerpo 10. Dietas, ejercicios y complementos alimenticios han sido su padrenuestro. Al principio lo hacía de manera poco profesional, es decir, siguiendo los consejos que veía por internet y cometiendo alguna locura que otra. «Tuve que pedir a mi madre una autorización para poder matricularme en el gimnasio porque era menor cuando quise comenzar a ponerme en forma», confiesa. El peso ha sido uno de sus mayores quebraderos de cabeza. Alberto «era un palo», así que de adolescente se pegaba atracones a comer, sin medida, para conseguir ganar el mayor número de kilos posible. Algo que luego tenía que compensar con la rutina inversa. Esto le causó problemas estomacales que ahora, gracias a una dieta ordenada, ya ha olvidado. Eso sí, estar a plan forma parte de su ADN.

Según el Barómetro Juvenil de Vida y Salud realizado por la FAD y la Fundación Mutua Madrileña, las principales razones de los jóvenes para hacer dieta, ya sea para ganar o perder peso, es la búsqueda de una mejora estética, dejando así los motivos saludables en un segundo plano. De hecho, otros chicos como Alberto, el 86% en concreto, aseguran estar preocupados por su imagen y por la imagen que los demás tienen de ellos. Ocho de cada diez personas entre los 15 y los 29 años confiesa que cambiaría alguna o muchas partes de su físico. Alberto lo haría con sus piernas, no le gustan. «Es frustrante cuando tienes un objetivo y no lo consigues, me miro al espejo y me cabreo», reconoce este estudiante que tiene como referencia el cuerpo de Cristiano Ronaldo. Él ha hecho innumerables dietas, eso sí, no ha probado la popular Dukan ni la «Paleo», más bien ha seguido fórmulas calóricas en las que no hay ni rastro de grasas, ni fritos y, por supuesto, cero alcohol. «Cereales, frutas y filetes... no lo peso en báscula como hacen algunos, pero tomo cantidades apropiadas que luego complemento con barritas energéticas, batidos de proteínas, creatina o ganadores de peso que te pueden aportar 700 calorías de golpe», reconoce Alberto, que además de controlar su alimentación al milímetro también entrena cuatro o cinco días a la semana durante una hora. Él también entra en ese cuatro de cada 10 jóvenes que a lo largo de su vida se han sometido a una dieta, 37% de las mujeres y el 32% de los hombres, según el informe presentado ayer. El problema reside en que la mayoría de las personas que deciden ponerse a plan lo hacen sin seguimiento de un experto (solo el 9% lo hace) y sin un objetivo determinado. Algunos por moda, otros en busca de milagros. Es más, solo el 43% de los jóvenes que comenzaron una dieta consiguió alcanzar el peso que buscaban. «La mayoría empieza con ganas pero en seguida lo dejan porque esperan resultados rápidos y eso es una equivocación. En primer lugar porque para el organismo no es bueno perder ni ganar peso de golpe y en segundo lugar porque la clave es la constancia», subraya David Rojas que es entrenador personal en el centro deportivo David Lloyd Aravaca. Él se enfrenta a diario a las exigencias de jóvenes que quieren perder peso y ponerse a punto. Todos llegan con referencias de modelos, actores o deportistas. Que si el pectoral de Hugh Jackman, los abdominales de Nick Youngquest, los oblicuos de David Beckham o los glúteos de John Kortajarena. «El problema de la mayoría es que están desorganizados, vienen con ideas de internet y sin objetivos claros. Es más, en una ocasión un chico vino diciendo que quería tener la vena del brazo más grande...», lamenta el experto.

Él recomienda que quien de verdad quiera someterse a una dieta lo haga con control de médicos o nutricionistas y, por supuesto, combinado de ejercicio porque si no, no conseguirán nada. «El descanso también es fundamental al igual que la constancia. En verano todos quieren ponerse a punto y luego se pasan todo el año sin control en la alimentación y sin rutinas de entrenamiento, de ahí que no paren de probar unas y otras dietas sin realmente conseguir el objetivo buscado», asevera Rojas Según su experiencia, los chicos menores de 25 años son más constantes con las rutinas alimenticias y de deporte, mientras que a partir de esa edad son ellas las que siguen firmes las rutinas idóneas. En cuestión de división por género, las mujeres son las que ,por lo general, siempre buscan pesar menos (el 64% de las que participaron en el estudio de la Mutua Madrileña) frente al 50 % de los hombres. Ellos (el 16%) suelen buscar el aumento muscular. Tan solo el 33% está conforme con los kilos que marca la báscula, a diferencia del 26% de las jóvenes que se sienten cómodas en su talla. «A todos nos gusta mirarnos al espejo y vernos bien, no solo eso, que los demás se fijen en ti y lo comenten. Aunque, sinceramente cuando tienes un cuerpo más o menos perfecto esperas que se te acerquen más chicas y al final, son ellos los que vienen a ti a preguntarte como has conseguido tener un cuerpazo», comenta Alberto entre risas. Él, para ser la envidia del verano, sigue en este momento la rutina Weider y evita hacer «cardio» en exceso. «He llegado a entrenar a diario, dos horas por la mañana y dos por la tarde... Barbaridades todos hemos hecho, pero con la edad te das cuenta de que el cuerpo hay que cuidarlo y no forzarlo. Como mucho tener agujetas, que es bueno. Pero ante todo la clave está en la alimentación», reconoce. Un aspecto del que no parecen ser conscientes los más jóvenes ya que ellos aseguran que no suelen comer pescado (el 30%) y solo el 39% toma fruta una vez a la semana. El 45% de hombres y mujeres confiesa ingerir dulces y pastelería a diario. Un pecado mortal para Alberto que salió de su lista de deseos hace muchos años.