Reclutas contra la "basuraleza"

El humorista de Gomaespuma Juan Luis Cano y el «youtuber» José Luis Crespo apadrinan unas charlas organizadas por el proyecto Libera para concienciar a los «millennials» sobre este problema que está matando a un millón de aves marinas al año y poniendo en riesgo la salud humana.

Juan Luis Cano (izquierda) y José Luis Crespo (derecha) participan en  las «Charlas contra la Basuraleza». Foto: Alberto R. Roldán
Juan Luis Cano (izquierda) y José Luis Crespo (derecha) participan en las «Charlas contra la Basuraleza». Foto: Alberto R. Roldán

El humorista de Gomaespuma Juan Luis Cano y el «youtuber» José Luis Crespo apadrinan unas charlas organizadas por el proyecto Libera para concienciar a los «millennials» sobre este problema que está matando a un millón de aves marinas al año y poniendo en riesgo la salud humana.

La Tierra está enfermando a un ritmo sin precedentes y los jóvenes, conscientes de la herencia que van a recibir, han levantado la voz. Salen a la calle, indignados, para protestar por la inacción de los políticos y demandar medidas efectivas para reducir la contaminación que deshiela los polos, modifica ecosistemas, acaba con especies y pone en peligro, en definitiva, la supervivencia humana. Y como no hay planeta B, como rezan las pancartas de los manifestantes, es hora de tomarse en serio cuidarlo como nuestro bien más preciado. Para ello, primero hace falta concienciar a los jóvenes de las acciones individuales que pueden llevar a cabo. ¿Son conscientes acaso del impacto medioambiental que genera ir de compras –la ropa produce un tercio de los microplásticos que hay en el océano– o de que el bastoncillo que se arroja al inodoro puede acabar enroscado en la cola de un caballito de mar? Estos residuos abandonados en la naturaleza, ya sea en el ecosistema marino o terrestre, reciben el nombre de «basuraleza». Se estima que más de un millón de aves marinas y 100.000 mamíferos y tortugas perecen cada año por enredo o ingestión de basuras. No es de extrañar teniendo en cuenta que, por ejemplo, los desechos plásticos de 192 países vertidos al mar en un solo año equivalen a 44.400 ballenas azules con sus 180 toneladas de peso. En tierra firme no hay tanta literatura científica sobre el impacto de la «basuraleza», pero los expertos prevén que sea incluso más agresiva: las acumulaciones de microplásticos podrían ser entre 3 y 23 veces mayores que en los océanos.

Para concienciar sobre esta realidad, que ya no pasa desapercibida, se han organizado unas «Charlas contra la basuraleza», unas jornadas de sensibilización para «millennials» impulsadas por el proyecto Libera, de Seo/BirdLife en alianza con Ecoembes. En Madrid se celebraron ayer en el CaixaForum y se repetirán en Zaragoza el 7 noviembre y concluirán en Barcelona el 21. El youtuber José Luis Crespo es uno de los encargados de reclutar a agentes que combatan este grave problema medioambiental. Con 1,78 millones de seguidores en su canal «Quantum Fracture», este divulgador enseña Física aplicada y cosmología al público estudiantil, pero cuando descubrió toda la implicación científica que hay detrás del cambio climático empezó a crear vídeos sobre ello. A sus jóvenes seguidores les explica que «cuando nos desprendemos de la basura, mucha acaba en el océano, porque allí van a parar todos los desechos, sobre todo los plásticos» y que «con el paso del tiempo, y los efectos del sol y las mareas, éstos se van partiendo en trozos cada vez más pequeños que van a parar al estómago de los peces y las aves marinas, lo que provoca sus muertes». Crespo alerta de que también dichas partículas acaban en el nuestro porque «ya se han encontrado nanoplásticos en mariscos, sal y agua embotellada», con el consiguiente riesgo para la salud.

El youtuber admite ser consciente de la responsabilidad que conlleva tener tantos seguidores, la mayoría estudiantes y «millennials». De ahí que utilice su canal para luchar contra el desconocimiento que propician malas prácticas: «Muchas veces se tiran cosas porque la gente se cree que se va a descomponer, que la naturaleza puede con todo. Todavía perdura esa idea y yo les informo de los tipos de materiales, de cuál es su composición y por qué tartan tanto en desintegrarse». Lo suyo es un activismo online que pretende que traspase las redes, aunque sabe que «salir a la calle a recoger basura o manifestarse es más complicado que dar un ‘‘like’’». Más allá de las acciones individuales que se nos exige a los ciudadanos, apunta el youtuber, «se debería pasar a otro nivel y reclamar a los políticos medidas efectivas». Claro que hay que reciclar y dejar de comprar plátanos envueltos en plásticos, sostiene, pero admite que «no se puede luchar contra un gigante como es el plástico sin tener en cuenta que se emplea en herramientas cotidianas como los móviles, los secadores de pelo o las máquinas que hacen resonancias magnéticas». Deben ser, pues, «las empresas, los gobiernos y las grandes industrias las encargadas de plantear un mejor uso de este material tan resistente y a la vez tan contaminante».

Evitar el tono catastrofista

Crespo tiene como compañero de escenario en estas «Charlas contra la basuraleza» al humorista de Gomaespuma Juan Luis Cano, que coindide en señalar que el primer paso para que la sociedad se implieque en el cuidado del entorno pasa por «la información y el conocimiento». Cano decidió aceptar el reto del proyecto Libera porque cree que «a menudo, en las cuestiones medioambientales se utiliza el tono catastrofista que tiende a señalar como culpable al ciudadano de a pie». Su papel es el de moderar y dar ese punto distendido a unas charlas en las que también se hablará desde el ámbito científico y biológico con la participación de la presidenta de la Asociación Española de Basuras Marinas, Pilar Zorzo.

Cano advierte que pese al tono ameno y distendido con el que se interpelará al público joven, es un «tema serio que nos afecta a todos». Él es de los que creen que pequeñas acciones pueden cambiar el mundo, pero «en realidad son los gobiernos y las grandes corporaciones los que tienen en sus manos un cambio drástico en el modo de proceder para reducir la contaminación del planeta». Sin pelos en la lengua, afea que a los ciudadanos «se nos tache de cerdos y se nos acuse de destrozar la Tierra» porque si bien tiene algo de cierto, «uno no puede irse a vivir como un eremita al monte para que su vida no tenga impactos negativos en la naturaleza». Lo que sí se puede, apunta, es ser consciente de las medidas y hábitos que a nivel personal se pueden tomar para no contribuir al deterioro. Dejar de tirar colillas al suelo, reciclar y limitar el uso de productos desechables de plástico es un buen inicio.