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Soledad Suárez: «En España no se pasa hambre, pero sí necesidad»

Soledad Suárez / Presidenta de Manos Unidas. Está convencida de que se puede acabar con el hambre en el mundo, pero ha de ser «una tarea de todos y de cada uno»

La presidenta de Manos Unidas está convencida de que se puede acabar con el hambre en el mundo, pero ha de ser «una tarea de todos y de cada uno»

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Mientras el rico come, el pobre sólo se alimenta. O no. Cerca de 800 millones de personas pasan hambre en el mundo. Sin embargo, cada español tira a la basura más de 28 kilos de alimentos al año. Una barbarie sin paliativos, una muestra de que los seres humanos pueden llegar a ser los animales más destructivos. Escuchar a Soledad Suárez, presidenta de Manos Unidas, obliga reflexionar. Luchadora empedernida, no titubea al asegurar que se puede acabar con el hambre, para lo que es necesario sembrar. El desarrollo, a veces, propicia la desigualdad. Y la pobreza constituye una amenaza para la paz.

–Cada español tira a la basura más de 28 kilos de alimentos al año, pero en el mundo hay gente que se muere de hambre.

–La mala distribución y el mal uso que hacemos de la comida son graves problemas. Nos hemos acostumbrado a percibir los alimentos como elementos de comercio. Los grandes fabricantes fomentan el consumo en los países desarrollados y nosotros compramos más de los que necesitamos. 800 millones de personas pasan hambre en el mundo, sin necesidad.

–¿Se puede acabar con el hambre?

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–Sí. Actualmente se producen el doble de los alimentos que serían necesarios. Servirse en el plato sólo lo que se va a comer, hacer la lista de la compra según las necesidades o no exigir que los productos tengan una apariencia estupenda evitaría los desperdicios. Yo en la frutería siempre pido tomates feos. Vivimos en el mundo de la imagen y se compra todo con los ojos.

–Es tarea de todos.

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–Y de cada uno. Me gusta individualizar. Todos y cada uno tenemos la responsabilidad de mirar qué hacemos bien y qué mal.

–¿Cómo se le debe plantar cara?

–Lo primero es informarse de las causas y concienciarse sobre nuestra manera de consumir. ¿Por qué estar en manga corta con la calefacción a tope? ¿Tanto me gustan las picotas como para comerlas en diciembre cuando su época es junio? La producción de alimentos se ha convertido en un monopolio, con capacidad de controlar los precios. Deberíamos preguntarnos por la procedencia de los alimentos.

–El que siembra recoge.

–Para conseguir productos alimenticios lo primero es sembrar. Pero no sólo semillas. También solidaridad.

–No sólo es cuestión de dinero.

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–Nosotros le damos más importancia a la actitud para modificar el sistema económico. Si el hambre lo soluciono dando dinero, tendré que estar toda la vida financiando proyectos de desarrollo y no acabaremos nunca con el problema. Sin embargo, si modifico mi manera de consumir y de tratar la tierra, acabaremos con el hambre en el mundo.

–Pero la crisis ha cambiado nuestros hábitos de consumo.

–Sí, en ese sentido nos ha venido bien. Nos hemos dado cuenta de que vivimos de manera ficticia e irreal, y empezamos a valorar las cosas que tienen importancia. La crisis económica ha hecho que nos olvidemos un poco de los países de fuera de Europa. Y muchos países están bastante peor.

–No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita.

–Por supuesto. Ni más feliz. Para ser felices sólo se necesita afecto, amor... Consumir más no nos hace más felices.

–El 1% de la población mundial posee más riqueza que el 99% restante. ¿Por qué está tan mal repartido el dinero?

–Es culpa de todos. Los que más dinero tienen cada vez invierten más en tener más. La brecha que separa a los más ricos de los más pobres se ha acentuado con la crisis. Hay que convencer a ese 1% de que no necesitan tanto, aunque resulta complicado.

–Más de 50 millones de niños siguen sin tener acceso a la escuela. ¿Puede ser la educación una tabla de salvación?

–Es la base para acabar con la pobreza y con el hambre. Aunque les demos comida mientras van a la escuela, es más importante ir al colegio que comer.

–¿Es España un país solidario?

–Sí, aunque porcentualmente hay menos voluntarios que en otros países europeos. Somos una sociedad solidaria, pero por impulsos. A veces hacemos grandes esfuerzos. No obstante, nos falta buscar ratos de nuestra vida para dedicar al voluntariado. Lo conseguiremos.

–¿Se pasa hambre en nuestro país?

–No, en España se pasa necesidad. No tenemos niños desnutridos, tenemos niños malnutridos. Hay muchas instituciones a las que acudir para comer.

–¿Representa la pobreza una amenaza para la paz?

–Siempre. En los países donde hay pobreza no hay paz. En las poblaciones sometidas a altos niveles de pobreza es más fácil incitar a las personas a luchar, aunque sólo sea como una manera de pasar la vida.

–¿Está el capitalismo agotado?

–El capitalismo que pone por encima de las personas su beneficio indudablemente es un sistema perverso. Pero nosotros defendemos que los agricultores tengan comida para alimentar a sus familias y, además, algún excedente para vender. Muchísimas grandes empresas monopolizan el comercio y limitan el acceso a los pequeños agricultores. El problema está en los sistemas que se usan para obtener el beneficio.

–¿Cuáles son los países más pobres del mundo?

–El mayor grado de pobreza se concentra en la zona del África Subsahariana.

–«El día en que los hombres decidan que no haya más hambre sobre la capa de la tierra, no la habrá. Supone una toma de conciencia semejante a la de la abolición de la esclavitud. Será un mundo nuevo», dijo la primera presidenta de Manos Unidas.

–Y es verdad. La ley prohíbe la esclavitud, pero sigue habiendo esclavos en el mundo. Por ello, aunque se elaboren leyes para acabar con el hambre será complicado. La solución pasa por concienciarse. Un mundo sin hambre sería un mundo nuevo, y más feliz. Cuando ves de cerca la infelicidad de las personas que pasan hambre, se te cae el alma a los pies, nunca vuelves a vivir como antes.

–¡Pues unamos las manos!

–¡Eso! El donativo económico nos hace falta, pero también necesitamos que se aprenda a combatir el hambre. Todos nacemos con la misma dignidad y con los mismos derechos. Lo único que nos diferencia de los que sufren la miseria es que han nacido en otro lugar.

–¿Se es más feliz cuando se ayuda a los demás?

–Sí. Ver que contribuyes y aportas tu granito de arena te hace ser inmensamente feliz. Sonreímos pese a comprobar lo que vemos porque también nos damos cuenta de lo que hacemos. Sabemos la cantidad de personas a las que estamos ayudando.

El lector

Ya sea desde el principio hasta el final, o viceversa, Soledad Suárez lee el periódico a diario. Y en papel. Aunque habitualmente lo haga después de comer, muchos días se queda dormida con las páginas entre las manos. Contrasta las noticias publicadas por los distintos medios y su sección favorita es la de Opinión.