¿Cuánto vales en las redes sociales?

Cada app que te descargas en tu móvil, cada «like» que pones en Facebook, cada búsqueda en Google o retuit que realizas genera dinero. Y tú sin saberlo

Lianne Caetano me asusta. Es la directora mundial de productos para consumidores de Intel y, sin venir a cuento, mientras conversamos tranquilamente, me suelta: «¿Sabes que tu información médica vale 20 veces más que el número de tu tarjeta de crédito para un ‘‘hacker’’?». ¿Desde cuándo mi información médica está disponible en la red? Cada vez que te descargas una nueva app, al aceptar las condiciones, confirmas decenas de pequeñas cláusulas que permiten a esa aplicación hacer uso de tu localización, de tus contactos, acceder a tus fotos, tus búsquedas en la red, tus compras y costumbres. Toda la información que guarda esa aplicación inofensiva incluye tu peso, altura, frecuencia cardiaca, tu ritmo de carrera (cuando sales a correr o caminar), la distancia que recorres y dónde lo haces, se almacena en un servidor. Lo mismo ocurre con esa pulsera tan mona que llevas como «wearable»; registra todos tus datos en un servidor que muy poca gente sabe dónde se encuentra y cuán seguro es frente a ataques de ciberdelincuentes. Esos datos, para las compañías de seguros médicos, las farmacéuticas y las universidades que realizan estudios, son muy valiosos. Concretamente, 20 veces más que los datos de tu tarjeta de crédito.

También cuando conduces estás generando información personal. Tu GPS registra los desplazamientos, la velocidad y la frecuencia de los traslados, si activas tu smartphone y con qué objetivo. Las aseguradoras, con esos datos, saben tu riesgo al volante. Algo que resulta fundamental para no perder dinero. Esa información no sólo se vende. Se trafica.

Todas las aplicaciones que descargas en tu teléfono y son aparentemente gratuitas, lo son por una razón: el producto a la venta eres tú. Buceando en tu historial de búsquedas en Google, te hacen llegar publicidad dirigida. En base a tu localización te sugieren restaurantes, hoteles o tiendas. Cuanto más viajes, más vales. De acuerdo con PrivacyFix, una app que asegura no compartir tu información con nadie, mi cuenta de Facebook se acerca a los 22 euros. Para ello miden, primero, la cantidad de contactos, cuantos más mejor. Y si son de diferentes países, más valioso eres. Tu grado de interacción también marca tu valor de mercado: si sólo subes fotos o comentarios te verás a la baja, si interactúas, subes como la espuma. Además, uno de los valores fundamentales es el sexo. Para Facebook, las mujeres valen aproximadamente un 25% más que los hombres.

Teniendo en cuenta que el valor de la cuenta de Facebook de un hombre apenas supera los 20 euros, estoy contento, ya que estoy por encima de varios promedios que mide PrivacyFix: tengo más de mil contactos, cuando lo usual es 175; subo unos cien comentarios al mes, lo habitual para un hombre europeo ronda los 45; y soy muy interactivo. Pero ésa es mi cuenta menos redituable. Google me «paga» mucho más. Si pudiera venderla...

Mi historial de búsqueda en los últimos 60 días, los distintos dispositivos desde los que me conecto (mi correo electrónico o mis redes sociales hacen de chivato para esto) y hasta las horas del día en las que estoy activo permiten a PrivacyFix cifrar en más de 200 euros el valor que represento para Google. Esto es el valor de lo que se puede ver, pero hay compañías que, a través de cookies, también utilizan mi historial de búsqueda para beneficiarse de mis datos sin que yo lo sepa. Las cookies, cuya traducción literal al español sería «galletas», llevan ese nombre por una razón: al igual que Hansel y Gretel iban dejando un rastro de migas para regresar a su hogar, estas cookies sirven de huella para que cualquier sitio web retroceda sobre nuestros pasos.

Pero el verdadero negocio lo tengo en Twitter. De acuerdo con la página Twvalue, mi cuenta, la variedad de seguidores, la velocidad a la que los logre (cuanto más rápido mejor), el número de personas a las que sigo (en este caso, si el grupo es más reducido, es mejor) y los retuits y «favs» que logro me generarían unos mil euros. Claro que llevo «trabajando» en ello más de tres años, así que las ganancias son muy exiguas. Aún así, representan mucho más que el valor de mi cuenta de correo. Si alguien quisiera comprarla, para enviarme publicidad por ejemplo, costaría apenas unos céntimos. La página web BuyAccs.com vende unas mil direcciones de correo por diez euros. Un poco más si la cuenta es privada o fue generada en Estados Unidos.

Instagram, Vine, Flickr y LinkedIn también tienen su valor de mercado.Y la pregunta lógica entonces es: ¿a quién se puede vender esta información? Al aceptar las condiciones para utilizar estos servicios estamos cediendo esa posibilidad.

Pese a ello, hay agencias de «data brokers» (corredores de información, por darles un nombre más español) que pagan por acceder a nuestros datos. Una de ellas es DataCoup. Por el privilegio de acceder a tus redes sociales, tus búsquedas en la web desde diferentes dispositivos y, si quieres, tus transacciones on-line (compras y ventas), con las que puedes conseguir hasta 7 euros por mes. Es cierto, no es mucho, pero es más de lo que consigues ahora. Y seguramente serás uno de los primeros. De acuerdo con Matt Hogan, fundador de DataCoup, su empresa generará dinero porque «ofrece información mucho más valiosa y en mayor cantidad que la que proviene de los ‘‘data brokers’’».

Lo llamativo de todo esto es que, de algún modo, tu vida virtual, la que tienes en internet, se ha convertido para las empresas en algo mucho más valioso que tu vida real. Por algo será.