Tecnologías contra la marea negra

Varios barcos intentan recoger crudo vertido sobre la superficie de las aguas de Chandeleur Sound, cerca de la costa de Luisiana durante un derrame de petróleo producido en mayo de 2010
Varios barcos intentan recoger crudo vertido sobre la superficie de las aguas de Chandeleur Sound, cerca de la costa de Luisiana durante un derrame de petróleo producido en mayo de 2010

El año pasado murieron en nuestro planeta unas diez mil personas a causa del ébola. En el mismo periodo, según la Organización Mundial de la Salud, fallecieron un millón y medio debido a enfermedades relacionadas con la diarrea. Sin embargo, esta última causa rara vez llega a los titulares de los periódicos. Algo similar ocurre con los derrames de petróleo. Cada vez que un buque petrolero naufraga, la prensa se hace eco del desastre ecológico innegable que eso provoca. Pero cada día la sangría es mucho mayor por otros motivos que se olvidan de mencionar. Un informe publicado por la NASA señala una sorprendente cifra: los accidentes de navíos son responsables de apenas un 5% de la polución por petróleo de los océanos. De acuerdo con el mencionado estudio, cada año 1.374 millones de litros de petróleo o derivados llegan a los océanos, mares o ríos debido a la industria del automóvil. La limpieza de barcos (bodegas, cubiertas y cascos) libera decenas de litros de combustible en las aguas de la Tierra. El total asciende a 518 millones de litros. A esto se le suma el petróleo que llega al agua a través de la polución industrial o el producido por medios naturales (la erosión de rocas en el fondo marino libera 234 millones de litros). Mientras tanto, los accidentes de barco son la causa de que a los mares lleguen “apenas” 140 millones de litros de crudo. Por si fuera poco, las técnicas que se utilizan a menudo pueden producir daños colaterales. De acuerdo con un trabajo publicado en «Environmental Pollution», los químicos que se utilizan para dispersar el petróleo, como el Corexit, multiplican la toxicidad del derrame hasta 50 veces. Por lo tanto es lógico que los científicos intenten buscar tecnologías para resolver esta crisis.Una de las posibles soluciones ha sido desarrollada en la Universidad de Ohio. Se trata de una malla metálica bañada con nanopartículas que atraen el petróleo pero repelen el agua. La gran ventaja de esta malla es su bajo precio, unos dos euros por metro cuadrado, además de que no emplea ningún material tóxico. El inconveniente es que al tratarse de una red podría atrapar, involuntariamente, peces y otros animales marinos en su entramado.

El Instituto Tecnológico de Masschusetts (MIT) trabaja en un ferrofluido capaz de absorber petróleo. Los ferrofluidos se polarizan en presencia de un campo magnético y están suspendidos en un fluido como el agua. Las nanopartículas creadas por los científicos del MIT serían manipuladas mediante un campo magnético para atraer petróleo. La ventaja de este sistema es que puede utilizarse en diferentes entornos, ya que las partículas pueden ser modificadas en cuanto a tamaño y prestaciones ya sea para actuar en derrames o purificar agua. Una de las opciones más prometedoras viene desde la Universidad de Wisconsin. Allí han concebido un aerogel, un material altamente poroso que se considera el sólido más ligero que se conoce. De acuerdo con Shaoqin Gong, uno de los responsables del ingenio «puede absorber cerca de 100 veces su propio peso. De este modo, si hubiera un derrame, simplemente se lanza el aerogel y comenzaría a impregnarse de petróleo de modo eficiente y en un tiempo muy corto». Las hojas que se construyen con este material podrían ser reutilizadas varias veces, algo que lo vuelve aún más eficaz. Tampoco contamina ni interfiere en la biología del entorno. Una respuesta inesperada llega directamente desde el desierto. Las espinas de los cactus podrían convertirse en un inspirador e inesperado aliado contra los derrames. La forma de esta agujas naturales hace que las moléculas de agua presentes en el aire queden «enganchadas» y lleguen a su base, mucho más porosa que la punta, y desde allí a la planta. Inspirados en esta adaptación, científicos de la Universidad de Beijing han utilizado una sustancia llamada polidimetilsiloxano o PDMS, que tiene la capacidad de atraer petróleo y al mismo tiempo es fácil de moldear. Colocaron decenas de estas agujas de PDMS, de un milímetro de longitud, en una superficie metálica y la bañaron con una mezcla de petróleo y agua. Las agujas lograron atrapar el 99% del petróleo. Ahora mismo el ingenio se está probando a gran escala para ver si el rendimiento se mantiene.

Por último, desde la Universidad de Leipzig buscan resolver el problema con un enfoque más inspirado en la biología. Se trata de biorremediación, el proceso que utiliza microorganismos o enzimas, algas, plantas u hongos para devolver a un ambiente contaminado su condición original. En el marco de un proyecto bautizado como «BioBind» se busca limpiar las aguas del Báltico. Para ello alteraron genéticamente bacterias y algas de modo que combinadas pudieran procesar, metabolizar y tratar diferentes regiones del Báltico contaminadas con crudo. Esta opción es la más eficaz para regiones contaminadas por otros motivos que no sean los derrames, ya que en ellos se necesita actuar con celeridad y la biorremediación requiere tiempo. A cambio, su acción tiene nulos efectos secundarios, sus costes son menores y el potencial para limpiar gran parte de la polución es extraordinario.