Historia

Un superviviente del Holocausto nazi se reencuentra con su salvador

María y Stanislaw Polziec arriesgaron su vida para salvar a la familia Gersten
María y Stanislaw Polziec arriesgaron su vida para salvar a la familia Gersten

Leon Gersten ha logrado cumplir uno de sus sueños: reunirse con una de las personas que le salvó la vida durante la II Guerra Mundial. En el encuentro, celebrado en el aeropuerto Internacional John F. Kennedy de Nueva York, sobraban las palabras. Cuando un abrazo finalizaba, comenzaba el siguiente. Sobraban las palabras Gersten y Czeslaw Polziec tenían 8 y 10 años cuando se vieron por primera vez, eran dos niños con muchas cosas en común, pero muy alejados por su situación. Czeslaw llevaba una vida normal, mientras Gersten esperaba oculto en el altillo de una granja para no ser descubierto de los nazis, a la espera de poder salir a ayudar en la granja de su amigo. El encuentro se produjo en el día de Acción de Gracias y durante la cena aprovecharon para recordar sus vivencias y el domingo participarán en un encuentro con varias generaciones de la familia Gersten en un restaurante de la ciudad de los rascacielos, informa CNN.

La II Guerra Mundial hizo que la familia Gersten tuviera que viajar por todo el sur de Polonia después de la invasión nazi de 1939. La madre de Gersten, Frieda Tepper Gersten, trabajó como vendedora ambulante. Ella y Leon se mudaron de la ciudad de Rzeszow a Fryšták, para vivir con sus padres para escapar de los soldados de Hitler. El padre de Gersten, Yonasan, no pudo conseguir trabajo en Fryšták y se quedó en Rzeszow, con la hermana de Gersten y tres hermanos. Gersten no volvió a verlos y sólo conserva la foto de su hermana. Este superviviente pronto comprendió que habían muerto, pero durante toda la vida se ha preguntado el dónde y el cómo.

En un día de julio, los alemanes reunieron a 1.600 judíos, sobre todo ancianos y niños, comenzaron a caminar a las afueras de la ciudad y los ajusticiaron. Los cuerpos, entre ellos los de los abuelos de Gersten, fueron arrojados a una fosa común y enterradas. Su madre sabía que si no escapaba del gueto tarde o temprano le tocaría el turno a ella y a su hijo. Por ello, se disfrazó de católica, con una cruz alrededor de su cuello, salió hacia el campo y comenzó a pedir ayuda a todos sus clientes. El miedo hizo que muchos se negaran, pero llegaron a casa de una familia diferente, los Polziec.

Cuestión de supervivencia

María y Stanislaw Polziec vivían en una granja cerca de Zawadka con sus cuatro hijas y un hijo, Czeslaw. Apenas tenían los recursos para comer, pero decidieron acoger a los cinco miembros de la familia Gersten y los escondieron en el oscuro desván encima de su granero. Czeslaw Polziec les llevaba comida. Gersten recuerda que recibía patatas y una gran hogaza de pan a la semana, que dividía en cinco partes y con la que alimentaba a los niños. También había papas. El principal problema era la inactividad. Gersten observaba a las arañas mientras atrapaban moscas o arrancaba los piojos de la cabeza de su primo paa pasar el tiempo. Algunas mañanas, Gersten bajaba las escaleras para ayudar a Polziec en el establo. Había dos vacas, un caballo y un cerdo.

Otras, recogía setas para hacer sopa. En invierno, el ático se enfriaba y los Polziec invitaban a sus huéspedes judíos a su casa, para que pudieran dormir calientes. Con el paso del tiempo, los alemanes comenzaron a vigilar la granja y los Polziec construyeron un búnker subterráneo en el granero para ocultar a Gersten y su familia. Había suficiente espacio para cinco personas, pero parecía una una tumba. Los Polziec, para no levantar sospechas, colocaron una caja de madera para almacenar grano encima del búnker.

Torturados por los nazis

Una noche, colaboradores de los nazis entraron en la finca y oyeron los pasos de la familia de Gersten, que corría hacia el búnker. Los oficiales preguntaron a Stanislaw Polziec sobre el ruido y él culpó a sus hijos. Los colaboradores golpearon sin misericordia a Stanislaw y lo dejaron ensangrentado. Gersten podía oír los gritos de la familia Polziec. Aún así, no traicionaron sus amigos judíos. Gersten dijo que quedó impresionado porque los Polziec nunca mostraron resentimiento contra sus huéspedes judíos, por el enorme peligro que corrían al darles refugio. Gersten pasó dos años en el ático, hasta que los soldados soviéticos liberaron la zona en 1944. En ese momento, Gersten y su madre se trasladaron a Estados Unidos.

Secuelas de un trauma

Aquéllas experiencias marcaron la infancia de Gersten, que años después seguía soñando que le fusilaban los nazis. La lluvia le daba seguridad porque durante la clandestinidad sabía que los nazis no salían a la caza de judíos. Gersten y su madre mantuvieron el contacto con los Polziec después de la guerra. Enviaron a Polonia dinero y paquetes con ropa. Gersten obtuvo un doctorado en Psicología de la Educación por la Universidad de Columbia y abrió su propio consultorio. Dejó de hablar polaco –su lengua materna era el yiddish– y se olvidó de ella con el tiempo. Había roto co casi todo su pasado y no anhelaba volver a la ciudad en la que vivió cuando era un niño. Con los años perdió el contacto con los Polziec, pero al morir su madre Gersten escribió a la Fundación Judía para los Justos en Polonia para contarles lo que los Polziec habían hecho por su familia.

Hace dos años, decidió enviar el nombre de la familia a Yad Vashem, el lugar en el que se recuerdan a las víctimas del Holocausto,e Israel. En Estados Unidos, la Fundación Judía para los Justos ayudó a Gersten a encontrar a Czeslaw Polziec en Polonia. Sus padres también habían fallecido. Sólo quedaba lograr la financiación para celebrar el reencuentro, algo que la fundación hizo posible. Stanlee Stahl, director ejecutivo de la fundación, visitó a Polziec en Polonia y lo describió como alguien que tenía el aspecto de infante de marina retirado. Sirvió en el ejército polaco y luego trabajó en una empresa de seguridad. Polziec no considera que los miembros de su familia fueran héroes "Eran gente temerosa de Dios, gente común, que simplemente hacían lo que consideraban que tenían que hacer en una situación desesperada. ¿Debimos haberlos dejado morir?", se preguntó Czeslaw.

"Nadie que no viviera aquello podrá entender lo que hicieron mis padres y estoy seguro de que si estuvieran vivos, se sorprenderían por haber sido homenajeados", añadió.