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...Y sin embargo somos felices

Así lo reconoce casi un 80% de los españoles. Jóvenes, mujeres y empresarios, los que más.

La felicidad trae de cabeza al ser humano desde el principio de los tiempos; de hecho, es el máximo objetivo. Incluso Séneca le dedicó un volumen entero en los primeros años de nuestra época.

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La felicidad trae de cabeza al ser humano desde el principio de los tiempos; de hecho, es el máximo objetivo. Incluso Séneca le dedicó un volumen entero en los primeros años de nuestra época. Según explica este filósofo, historiador y político romano, la vida feliz se consigue cuando el alma está sana y es enérgica y ardiente, magnánima y paciente, adaptable, cuidadosa sin angustia de su cuerpo, atenta a las demás cosas que sirven para la vida, usando los dones de la fortuna, pero sin ser esclava de ellos. A lo largo de los siglos, el hombre fue apoyando su felicidad en diferentes factores con una búsqueda continua: el dinero, la familia, la salud, los afectos, el éxito personal...

Hoy la pregunta sigue vigente y la hace periódicamente nuestro Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS): ¿eres feliz? En enero la realizó y la conclusión es clara: que los españoles son notablemente felices. En una escala del 1 al 10, la media supera el 7, y un 78,8% de los españoles considera que su vida es feliz; eso sí, con diferentes intensidades. Si la comparamos con la encuesta del CIS en marzo de 2014, los españoles que manifestaban entonces ser felices son menos (75,9%), aunque su nivel de felicidad era más intensa, pues la nota alcanza el 7,45.

Pero el interés de la encuesta va más allá, pues recoge que las mujeres son un poco más felices que los hombres y que la felicidad disminuye a medida que pasan los años. De hecho, sobre este extremo, la encuesta apunta que los jóvenes de entre 18 y 24 años ponen un 7,61 a su felicidad, mientras que los mayores de 65 rebajan la nota hasta un 6,92.

También afecta a nuestro bienestar el tamaño del lugar dónde vivimos. Así, los más felices son los que viven en zonas con entre 50.000 y 100.000 habitantes, seguidos de los que habitan en núcleos de 2.000 o menos habitantes. Aquellos que residen en ciudades con una población superior a los 100.000 habitantes pero menor al medio millón son las que menor grado de felicidad muestran. Teniendo en cuenta la ocupación, los que manifiestan ser más felices son, por este orden, los estudiantes, los empresarios y altos funcionarios y los profesionales por cuenta ajena. La otra cara de la moneda, aunque muestran un nivel aceptable para su situación, son los parados y los jubilados, precisamente los que cuentan con menos ingresos.

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A nadie se le escapa que la coyuntura económica, si bien ha dado síntomas de recuperación, continúa siendo adversa para muchos. ¿Gozamos los españoles de alguna cualidad que nos hace inmunes a las circunstancias desfavorables? «España ha sido optimista desde la Transición, los últimos 35 años, a pesar de las crisis. Si comparamos la situación con la de los años sesenta, el nivel de vida se ha elevado de manera espectacular», afirma Antonio López, catedrático de Trabajo Social de la UNED. Así, nuestro país ha generado una «autoperfección positiva al generar un bienestar objetivo».

Javier Urra, doctor en Psicología, afirma que los datos del CIS «nacen de la subjetividad». Pero, en el caso de los españoles, «el nivel de satisfacción va muy en relación con el grupo de iguales: estar con su familia y amigos, sentir cariño, calidez... Eso nos es esencial». Y por supuesto, la climatología también influye. Y no sólo en los países nórdicos. «Alemania es un país muy fuerte en lo económico, pero el nivel de suicidios es cinco veces mayor», afirma. Sin embargo, como apunta López, el problema es que los jóvenes ven que «está en riesgo la expectativa de vivir como sus padres, pues han vivido bajo esa pauta de consumo». «Los jóvenes no son más felices que los mayores: necesitan el aplauso y el apoyo de otros jóvenes. Algo que al mayor no le importa, pues prefiere un equilibrio», asegura Urra.

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El dinero sí da la felicidad

El típico dicho de «el dinero no da la felicidad» no parece tener mucha validez para los encuestados. Los datos recogidos por el Centro de Investigaciones Sociológicas arrojan que, según el estatus socioeconómico, los más felices son aquellas personas que están en la clase alta o media alta, con una media de felicidad de 7,37 sobre 10. Se encuadran dentro de este segmento profesionales y técnicos, directivos y cuadros medios. Los que se confiesan menos felices son los obreros cualificados, con una media de 6,82. Dentro de esta categoría están los trabajadores manuales cualificados, semicualificados, capataces y artesanos.