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Teatro: «Boomerang»: la ciudad y los perros

Juan Calot, Ana Rodríguez y Paco Ochoa, en un ensayo de «Boomerang»
Juan Calot, Ana Rodríguez y Paco Ochoa, en un ensayo de «Boomerang»

Los lugares como el que la dramaturga Blanca Doménech ha elegido para su reflexión sobre la crisis financiera, las grandes corporaciones, la corrupción y el mundo de lobos en que Occidente ha acabado convertido, existen en la vida real. En «Boomerang», el nuevo estreno del Centro Dramático Nacional, una serie de personajes protagonizan una jornada de luchas de poder intestinas en una gran ciudad financiera. ¿Y eso qué es? Pues algo que suena a futurista pero que está ya presente en muchos países. Así lo explica la autora de este drama que transcurre íntegramente en uno de estos lugares: «La del texto es una ciudad financiera fictica, pero basada en otras reales, como la que hay en Madrid o la que hay en París. Es el modelo de las nuevas corporaciones, en las que el empleado tiene tantísimas ventajas. La de Madrid tiene 4 o 5 Km. de extensión, en los que hay pistas de tenis, campos de padle, tiendas... Todo está a su servicio, todo lo que puedan necesitar. Les pasan la ITV si lo necesitan, les ofrecen asesoría cuando tienen problemas, hasta les tramitan el DNI. Los trabajadores tienen todo lo que te puedas imaginar, desde centros educativos a peluquería. Esto existe ya en Boadilla del Monte. Pero en Europa, y en el mundo, hay más».

A la ciudad financiera de «Boomerang» han decidido llamarla «La Metrópoli» y todos los personajes que aparecen en el texto pertenecen a su élite. Desde su presidente, Álvaro del Castillo (al que interpreta Juan Calot) a su vicepresidente y protagonista de la historia, César Vega (Paco Ochoa). «En la ciudad se va a dar una lucha de titanes por la presidencia». En su órbita aparecerán personajes Jonás Cano, un neurocientífico que llega a la ciudad para implantar un nuevo plan de apoyo y desarrollo profesional, y Daniel Schutz (ambos personajes con el rostro de Jorge Machín), un lanzador profesional de boomerang –ya saben por donde va el título– que ha ido ese día a la ciudad para rodar un spot publicitario de la corporación con una idea de fondo: «Todo lo que se le da a la ciudad, es devuelto con más fuerza». Otro personaje de la élite es Ruth Montes (Ana Rodríguez), una mujer compleja que justo el día en que transcurre la obra acaba de reintegrarse a la empresa tras haber estado ingresada con problemas mentales. «Ella es la gran utilizada», cuenta la autora. Virginia Vega es la esposa del vicepresidente y directora de la galería de arte de la ciudad (Mona Martínez). «Los dos tienen una relación de muchos años. Él le es infiel a menudo, y es un cocainómano. Es una especie de ''lobo de Wall Street'' pero con carisma. La relación entre ellos, sin embargo, es muy fuerte». Y explica la autora: «Es un cocainómano y hemos intentado que el ritmo reflejara eso, que fuera un poco ''ritmo cocainómano'', para lo que hemos trabajado mucho con la fragmentación».

El plural, al hablar de su escritura, es obligado: «Boomerang» pertenece al ciclo «Escritos en escena», una iniciativa de Ernesto Caballero –quien, por cierto, se ha puesto al frente también de este montaje– que arrancó tras su llegada a la dirección del CDN en 2012, en la que se propone a un dramaturgo español un trabajo de creación sobre la marcha, un proceso vivo en el que director y actores participan. Doménech (Madrid, 1976) presentó al CDN una idea inicial y fue seleccionada. «El texto ha dado muchísimas vueltas –reconoce la escritora– y lo que en principio se planteó se ha focalizado más ahora en la ciudad financiera». Ahora, el equipo va ya por el octavo borrador, y se han añadido dos personajes a los cinco iniciales. «Ha sido muy intenso, para los actores y para mí, muy interesante, pero a la vez ha habido momentos caóticos en los que el texto se caía», reconoce la autora sobre este «work in progress» que reformula la idea del autor alejado de la creación escénica y del texto inmutable.

El otro pilar de esta historia es la tesis que maneja. «Todos los personajes, con sus peculiaridades y sus diferencias, están basados en conductas sicopáticas: hay muchas investigaciones sobre cómo en la conducta capitalista no existe la empatía. Son seres que no tienen ningun tipo de emoción. Me estoy documentando, con estudios psquiátricos, sobre esa ausencia, que es la que les da todo el poder: hemos reflexionado mucho en el grupo sobre cómo lo emocional, en este sistema capitalista tan voraz, es un estorbo. Lo emocional les sobra para hacer su trabajo». En «El método Grönholm», Jordi Galcerán planteaba –en tono de comedia negra– lo perverso de un sistema que llevaba a una empresa a un proceso de selección laboral salvaje. Al final, un responsable le decía a uno de los candidatos: «No buscamos a una buena persona que parezca un hijo de puta, sino a un hijo de puta que parezca una buena persona». Los mordiscos están a la orden del día. «Totalmente –reconoce Doménech–, tiene mucho en común. Aunque no he tratado de copiarlo, claro. Tampoco podría», concede con modestia la autora. Aunque conviene repasra su currículum, en el que aparece el Premio Calderón de la Barca, que ganó en 2009 con «Vagamundos», y textos como «Punto muerto» (2012).

Para Domenéch, la obra sirve como «un examen de la clase alta en la que depositamos nuestra confianza, nuestro dinero y nuestra vida». Y lamenta sobre la codicia y la corrupción que son «una epidemia que se ha propagado por toda la sociedad». Por eso mismo, matiza, «nos gustaría que el espectador pensara si no imitamos todos esos modelos de éxito que han sido impuestos por la política. No se trata de machacar a estos personajes, sino de decir hasta qué punto tú no los envidias, los admiras o tratas de alcanzar eso, o de reproducirlo en tu pequeño terreno».