10 claves para hacer un estudio de grabación en casa

Años atrás un equipo de grabación multipistas, la única opción para grabar con alta calidad, podía costar tanto como un piso en una capital

La pandemia y la tecnología han cambiado completamente la forma de grabar contenido de audio en el hogar. Años atrás un equipo de grabación multipistas, la única opción para grabar con alta calidad, podía costar tanto como un piso en una capital. “Lo mismo ocurría con las mesas de mezcla”, explica en una entrevista telefónica Gabriel Albornoz, experto en sonido y Manager Profesional de Audio-Technica. “Con la informática eso ha cambiado. Lo que antes era una unidad de hardware, ahora es un software. Ahora es posible en casa tener la misma calidad que en un estudio”.

De acuerdo con Albornoz, hay cuatro elementos imprescindibles para grabar en el hogar, ya sea música, como doblaje, podcast o contenido audiovisual. El primero de ellos es una DAW (digital audio workstation o estación de trabajo de audio digital), una interface de audio (permita a la DAW y al ordenador hablar con el mundo exterior: no podemos conectar una guitarra eléctrica a un ordenador), monitores (para escuchar nuestra propia voz) y micrófonos. Y cada uno de ellos tiene sus particularidades.

  1. Software DAW (Digital Audio Workstation). Estas herramientas son las principales responsables de que sea posible producir música en casa, al haber dejado atrás las enormes y monstruosamente caras grabadoras multipista sobre cinta magnética. “Los diferentes software DAW tienen todos como base común la grabación multipista – explica Albornoz –, pero ofrecen un sinfín de prestaciones adicionales, como efectos, mesas de mezcla virtuales, procesadores vocales, procesadores de afinación, etc.” Entre las más utilizadas y recomendadas por Albornoz, se encuentra ProTools (“está estandarizada en todo el mundo. Esto facilita que diferentes músicos trabajen sobre un mismo fichero”). Logic Audio (diseñada para equipos Apple), Cubase (diseñada por Yamaha, dirigida a productores musicales) y Nuendo (similar a la anterior pero cuenta con sincronía con pistas de vídeo, ideal para postproducción, doblaje, etc).
  2. Interfaces. “Una interfaz de audio”, añade Albornoz, “es el dispositivo que permite a la DAW hablar con el mundo exterior. No podemos conectar un micrófono o una guitarra directamente a un ordenador. Una interfaz convierte los sonidos (voces e instrumentos) al mundo digital, y debe hacerlo con la mayor transparencia posible”. Albornoz sugiere los diferentes modelos de Audient: Evo 4, Evo 8, ID4, ID14, ID22, ID44 y el criterio de elección es básicamente el número de canales simultáneos que queramos grabar. Por ejemplo, para un guitarrista que se graba solo en casa basta una interfaz de dos canales, como la ID4. Si deseamos grabar a más músicos en simultáneo tenemos que ir a modelos con más entradas.
  3. Micrófono. En lo que a captar la voz respecta, los micrófonos son el viento de los navíos a vela: sin ellos no hay avance posible. “Por eso – afirma Albornoz – es importante que los micrófonos tengan una buena sensibilidad (capacidad para captar los sonidos más tenues), un buen rango dinámico (capacidad para captar con claridad desde los sonidos más tenues hasta soportar sin distorsión los sonidos más fuertes) y una respuesta de frecuencia amplia y plana (capacidad para captar bien desde los sonidos más graves hasta los más agudos, pasando por todo el espectro sin realzar más unas frecuencias que otras). Hay dos tipos de micrófonos que debemos buscar. Cada uno con su característica específica: micrófonos de condensador (necesitan alimentación eléctrica) y micrófonos dinámicos, que no necesitan alimentación eléctrica. Los primeros son mucho más sensibles y por ello son los más habituales en estudios, mientras que los dinámicos son más habituales en conciertos, donde prima la necesidad de evitar la captación de ruidos ajenos a la interpretación. El micrófono por excelencia para uso doméstico es el Audio-Technica AT2020 o su versión USB, que nos permite prescindir de la interfaz al llevar ya incorporada una interfaz de audio de un canal. Los músicos profesionales, locutores, dobladores etc. se inclinarán por los AT4040 y AT4050.
  4. Monitores. La cuarentena lo ha demostrado. Si bien es posible que muchos artistas comiencen a producir en casa y luego terminan el trabajo en un estudio profesional, también es muy habitual que en el hogar la pieza no suene del mismo modo que en el estudio, particularmente nuestra voz. Esto se debe, en la mayoría de los casos, al hecho de no contar con una monitorización adecuada en casa. “En este terreno el líder indiscutible a nivel mundial es la finlandesa Genelec”, explica Albornoz, “que ofrece una serie de monitores suficientemente compactos como para encajar perfectamente en un entorno doméstico pero con potencia y fidelidad óptimas para ofrecer una monitorización fiable”.
  5. Si en las claves anteriores poco podíamos hacer si no tenemos el equipo, aquí es donde más podemos actuar: en la acústica. “En este caso el entorno sonoro (habitación, sala de estar, etc.) va a tener sí o sí una huella en lo que estamos captando. Es importante que esta huella sea lo menor posible, y esto se logra con una acústica neutra (que no realce determinadas frecuencias, o reduzca otras). Cada espacio tiene una acústica única, es casi como una huella digital. Incluso se utiliza en aplicaciones forenses. Por ello es crítico.”, afirma Albornoz. Primera pista: para saber si el espacio tiene una acústica neutra, dar palmadas o voces. Si hay eco, mal asunto.
  6. Evitar las habitaciones regulares y sin muebles. Cuantas menos superficies paralelas y vacías, mejor. Allí el eco hace de las suyas.
  7. Moquetas, cortinas, armarios abiertos con ropa… todo ello crea una mejor acústica.
  8. Los sofás y las camas son superficies blandas que ayudan a mejorar la acústica.
  9. Una biblioteca, con los libros desordenados, también sirve. La clave es huir de las superficies regulares.
  10. También hay que huir de las esquinas, los espacios más neutros son los mejores.