Estreno

«Nada permanece para siempre» en «Dark Winds»

AMC+ estrena la cuarta temporada de esta serie del género «western noir», protagonizada Zahn McClarnon

Zahn McClarnon y su mano derecha, Chee, las pasarán canutas
Zahn McClarnon y su mano derecha, Chee, las pasarán canutasAMC

Joe Leaphorn echa de menos épocas doradas en la reserva de la Nación Navajo en el suroeste de Estados Unidos, cuando todo su trabajo de jefe de policía indígena consistía en cuidar de los suyos en pequeños conflictos, fáciles de solventar. Pero hace años que aquella tranquilidad se quebró en pedazos. En la primera temporada de la serie «Dark Winds», de AMC+, el enemigo a batir fue el grupo radical Buffalo Society, que, comandado por Frank Nakai (Eugene Brave Rock), cometió varios asesinatos. En la segunda entrega, Leaphorn acabó con el asesino a sueldo Colton Wolf (Nicholas Logan), responsable de la muerte de su hijo, bajo las órdenes del empresario BJ Vines (John Henry Diehl), al que acabó abandonando en el desierto. En la temporada anterior, su lucha fue contra una red de corrupción interna en la reserva crispada por el Dr. Reynolds (Christopher Heyerdahl) en el papel del «gran monstruo» («Ye’iitsoh»).

Por eso es tan interesante la cuarta entrega de la serie creada por el guionista y productor estadounidense Graham Roland, basada en la saga literaria «Leaphorn & Chee» de Tony Hillerman. Ahora, el verdadero adversario del jefe Leaphorn es su propio pasado. Seguimos en los años 70; Bernadette Manuelito (Jessica Matten) logra desmantelar la red de tráfico de drogas y personas y vuelve a casa para comenzar una verdadera relación con su compañero Chee (Kiowa Gordon). Para colmo de «males», en la temporada anterior, Emma (Deanna Taushi), la mujer de Joe, le abandona por la venganza infligida contra el asesino de su hijo, creando una atmósfera de soledad y confusión en el universo del policía. Ha hecho siempre lo correcto, pero un error le puede costar su estabilidad laboral y mental.

Pero el crimen no descansa por minucias, y en la nueva entrega de ocho episodios, una niña, Billie Tsosie (Isabel Deroy-Olson), desaparece del colegio de monjas en el que vive con sus amigas para encontrarse con un familiar, Albert. La comisaría centra sus esfuerzos en seguir sus pasos hasta un local de cenas en mitad del desierto en el que ha tenido lugar una matanza al ritmo de la jukebox. Toda esta tesitura pilla a Leaphorn volviendo a sus orígenes: solo, con pocos recursos a su lado más que unas buenas piedras calentadas en la hoguera y el gusto por volver a trabajar la tierra. Uno de los momentos más destacados sucede en el primer episodio, cuando el jefe apunta a un gran ciervo anciano que mira con sabiduría a nuestro protagonista, en una inmensa metáfora de los últimos momentos de una vida. Este encuentro marcará un antes y un después para Joe, la comisaría y sus compañeros y el propio espectador.

En esta temporada vuelven clásicos como Gordo Sena (A. Martínez), viejo amigo y ya jubilado, que le aportará una nueva visión del futuro: «Nada permanece ahí para siempre». Unos misteriosos y brutales asesinatos pondrán al jefe sobre la pista de una vil asesina, Vaggan, interpretada por una gran Franka Potente, pero con un arco argumental que rozará la paranoia en escenas dignas del thriller psicológico más retorcido. Una vez más, «Dark Winds» afronta con confianza nuevos rumbos y golpes de timón en la oscuridad del desierto navajo, que la consolidan como una de las grandes series del momento. Además, días antes de su estreno ha sido renovada por una quinta entrega.

Muchos son los detalles de «Dark Winds» en este momento que no se pueden revelar para no estropear la experiencia, pero, además del segundo episodio, dirigido por el también productor Zahn McClarnon, lleno de acción e introspección, la serie sigue en buena forma. Está hecha con cariño, con respeto y con mucha cabeza. «Dark Winds sabe cuáles son sus fortalezas y cuenta con Zahn, que ejecuta lleno de sabiduría. Sus ojos son una declaración de intenciones, pero también en esta ocasión le veremos perder la cabeza y buscar cómo recomponerse. Los espectadores seguirán encontrando varios misterios que confluyen como un suave río en el que desembarcan nuestros protagonistas.

En esta ocasión, la serie sale de su zona de confort para aliarse con el FBI en Los Ángeles y colocará a Manuelito y a Chee en nuevos problemas, personales y físicos, que podrían suponer la diferencia entre los que mueran y los que sobrevivan al final. El pasado de Chee volverá como un mazazo cuando sus compañeros más le necesitan. Y Manuelito enfrentará un dilema moral impuesto. En cualquier caso, este es el principio del cambio para todos ellos, lo quieran o no, o una llamada podría cambiarlo todo.

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