
Estreno
Ya está en Prime Video "56 Días", el misterio erótico que se vuelve pesadilla
Ocho capítulos de golpe para seguir una convivencia precipitada y una investigación que salta entre tiempos, mientras afloran identidades dudosas, pulsiones peligrosas y un giro macabro

Prime Video ya ofrece al completo "56 Días", una serie que se vende sin disimulo como thriller de suspense con pulso marcadamente sexual. Ocho episodios, estreno de una tacada: el formato acompaña a una historia pensada para avanzar a base de impulso, secreto y consecuencias.
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Todo arranca en un supermercado, con un cruce casual entre Ciara y Oliver que en seguida deja de ser anecdótico. Se atraen con una mezcla de curiosidad y temeridad y, apenas tres días después, deciden vivir juntos. Ese acelerón sentimental no es un capricho del guion: es el punto de partida del desastre.
Cincuenta y seis días más tarde, el relato muestra su verdadera cara. La policía llega al apartamento de Oliver y encuentra un cadáver sin identificar, brutalmente asesinado y en avanzado estado de descomposición. A partir de ahí, la pregunta que planea sobre cada escena es simple y envenenada: quién es la víctima y quién el responsable.
La serie alterna dos líneas: la investigación en el presente y la relación en el pasado, cada vez más turbia. Y aquí conviene subrayarlo: el erotismo no aparece como decorado, sino como herramienta narrativa. La cama funciona como confesionario, trampa y coartada, y ese juego desplaza la sospecha hacia lo más íntimo.
Dove Cameron interpreta a Ciara y Avan Jogia a Oliver, con Karla Souza y Dorian Missick apuntalando el lado policial. El reparto sostiene bien el tono cuando la historia exige más insinuación que explicación: miradas que esconden, silencios que pesan, gestos que prometen una cosa y entregan otra.
"56 Días" transita códigos reconocibles —pasión acelerada, identidades inestables, giros—, pero acierta cuando entiende que la intriga también puede construirse desde el deseo. Lo que parecía un romance precipitado se convierte en un expediente con preguntas incómodas y una certeza que lo mancha todo: cuando la intimidad se usa como arma, casi nadie sale limpio.
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