De Miranda, del borde de la muerte a la gloria

El torero sufrió una terrible cogida que a punto estuvo de dejarle en silla de ruedas en 2017 y ayer triunfó en San Isidro

David de Miranda sale a hombros tras cortar dos orejas a su segundo toro
David de Miranda sale a hombros tras cortar dos orejas a su segundo toro

El torero sufrió una terrible cogida que a punto estuvo de dejarle en silla de ruedas en 2017 y ayer triunfó en San Isidro

David de Miranda confirmó ayer alternativa en la plaza de Las Ventas y en el último toro, en el último aliento y contra todo pronóstico cortó las dos orejas de un grandioso “Despreciado” de Juan Pedro Domecq, al que no se tributaron todos los honores ganados con su bravura en el ruedo. Bravura y casta. Se la abría así la codiciada Puerta Grande, el tesoro de San Isidro al que todos aspiran cada tarde que se visten con el terno de luces, y al que poquísimos llegan.

El torero onubense dejaba atrás una historia de superación tremenda. A pesar de su juventud y de ser un “recién llegado” a la profesión, el torero había sufrido en la plaza de toros zamorana de Toro una cogida brutal que le produjo una lesión de medular de cuatro vértebras. Fue en la temporada de 2017 y desde ahí no fue nada fácil el camino. Una vez intervenido quirúrgicamente le esperaban cuatro meses de reposo absoluto inmovilizado con un collarín rígido y un corsé ortopédico. A pesar de ello, nada hacía asegurar su vuelta a la normalidad por las muchas secuelas que le había dejado la cogida y que convirtió en un milagro poder volver a caminar.

«Si es un milagro que pueda caminar, también lo es que esté vivo», había manifestado a la agencia Efe a los meses del percance. Fue a esa misma entrevista donde recordaba: «Me acuerdo de todo porque no perdí la conciencia en ningún momento. Desde que me cogió el toro supe que lo que llevaba no era ninguna tontería. No podía moverme. De cuello para abajo no sabía nada de mi cuerpo y, además, estuve minutos sin poder respirar. Fueron unos momentos muy angustiosos, que van a marcar mi vida y mi trayectoria como torero».

Un año después, y después de lo que él mismo definió como un “calvario” el torero reapareció con éxito en su tierra, en Huelva. Lo que quizá no podía imaginar es que entraría en Madrid, en plena Feria de San Isidro al año siguiente, y según tengo entendido porque Paco Ureña, que estuvo tremendo ayer, hizo el esfuerzo para que le metieran. Se cerraba el círculo mágico de la recompensa después de todo lo pasado. Y de ahí, que cuando justo iba a atravesar el umbral de la Puerta Grande de Madrid, camino de la calle de Alcalá tuviera estas palabras para Efe: «Después del calvario la vida me tenía guardada esta tarde tan mágica. No tengo palabras. Estoy tremendamente feliz. Ahora toca disfrutar y saborear esta Puerta Grande que tantas noches había soñado con abrir».

De vez en cuando ocurren historias como estas. Maravillosas.