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Hoy, el silencio

Pobres de nosotros que se han acabado los Sanfermines 2019. No hay una fiesta tan colectiva que produzca al tiempo una catarsis individual. Todos los bullicios posibles son el traje a medida para que cada uno que haya vivido estos 9 días de fiesta ininterrumpida encuentren su momento de felicidad. Pero sobre todo cuando cantamos el Pobre de mí y antes las peñas inundan el ruedo del coso pamplonés, estamos certificando que la felicidad es efímera. Nos cargamos de ilusión esperando que pasen las hojas volanderas del calendario y comencemos a contar la escalera desde el 1 de enero.

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Pamplona, al igual que todos los que somos sanfermineros, es ahora una ciudad en silencio. Pequeña, recoleta, burguesa, incluso «provinciana», recupera el pulso que ha tenido acelerado desde el 6 de julio. Será difícil durante muchos días que nos extirpemos ese maravilloso ruido «charanguero» que ha inundado cada rincón de la capital navarra. Porque por encima de todo la alegría sanferminera no es solo la del toro, la del culto al dios Baco o a los almuerzos interminables, sino especialmente la música y la bulla. Las bandas, las jotas, las canciones de todo tipo, desde el reggaeton a las euskaldunas, dejan paso a un tiempo de silencio que afortunadamente se romperá el próximo domingo 6 de julio de 2020. ¡Ya falta menos!