Román rompe el «Hechizo» con la espada

Intensa faena del valenciano a un gran toro de Fuente Ymbro en la tercera de feria

Serio e imponente era el toro solo con verle. De esos que marcan las distancias. Miradas que matan. El segundo Fuente Ymbro marcaba sólo por estar. Por ser. Era el toro. El dios toro. Un huracán a punto de pasarte por encima en cualquier momento. Lo supo El Sirio cuando clavó el par de banderillas y ya le ganó la acción para que luego le fuera fácil la caza.Y le fue. Lo tenía claro. A la muleta de Román acudió como la bestia, la fiera, la bravura habla, trasmite, manda, obliga a mantener la mirada y convierte el ruedo en un lugar mágico y sagrado. Con todo embistió a la muleta del valenciano. Bravo y encastado. Toros que engrandecen el sentido auténtico de la tauromaquia. Aguantó el envite que era de órdago por estatuarios Román, en esa suerte le había tirado las cartas de su desafío. Fue una de esas veces que no entiendes cómo el cuerpo no se encoge por encima de la mente. Autocontrol. Aquello se vino a velocidad de vértigo y así pasó tan cerca del cuerpo de Román. A partir de entonces hubo una historia que contar de la que ambos quisieron ser cómplices y toda ella sustentada por la verdad. Verdad verdadera. Sinceridad absoluta del torero en los planteamientos, en la manera de citar, en los embroques, en el valor para pasarse al toro muy cerca, en la generosidad para citarlo de lejos, aprovechar ese primer viaje tan explosivo y tirar después en los siguientes. No escatimó en pureza y no hubo un resquicio para lugares comunes. Sí para la emoción. La espada no entró. Y se antojaba una mala pasada del destino. Poco tuvo que ver el quinto, que no tenía uno por el izquierdo y a pesar de que descolgaba por el derecho no regalaba grandes aventuras. Se esforzó Román con el mismo espíritu e integridad y esta vez la espada resistida entró como en mantequilla. Esas cosas...

Otro toro encastado inauguró la tarde. De esos que despiertan en el tendido el respeto por la fiereza y la dificultad. No hay lugar a la compasión con esa plenitud del animal. El bravo en su apogeo. Y todas las dificultades que eso implica. Se acostaba por el derecho y se abría más por el zurdo. Fue la faena de Joselito Adame correcta, pero sin romper. No acabó de gobernar las arrancadas del toro y en este tipo de animales las medianías no dan con el camino del éxito y pesan más las complicaciones. Poderoso estuvo con un cuarto al que bajó los malos humos en la primera tanda por el derecho. No fue astado agradecido de cara al público, pero tenía muchas cosas buenas. Entre ellas que descolgaba de verdad, por el diestro, no demasiado largo pero ponía la cara muy bien. La espada tampoco fue.

El tercero nos vino a modo de tila. Tras las emociones vividas hasta ese momento, el de Fuente Ymbro tuvo clase, quizá el que más, pero la fuerza contenida y en Madrid toros así es difícil que pasen a la historia. Lo intentó José Garrido en una faena bien pulseada para mantener a raya todo lo que pudo la fuerza del animal. Deslucido el sexto acabó por desmoronar el castillo de emociones con el que habíamos construido la primera parte de la tarde. “Hechizo” seguirá en la memoria, a pesar de la espada. Y Román también. Con su verdad verdadera.

Madrid (Las Ventas). Tercera de San Isidro. Se lidiaron toros de Fuente Ymbro. El 1º, encastado y exigente; el 2º, bravo y buen toro; el 3º, noble, con calidad pero el fondo justo; el 4º, humilla pero de media arrancada; el 5º, complicado y a menos; el 6º, deslucido. Tres cuartos de entrada.

Joselito Adame, de verde manzana y oro, estocada baja (silencio); pinchazo, metisaca, estocada baja (silencio).

Román, de plomo y oro, media, estocada (saludos); buena estocada (silencio).

José Garrido, de rosa palo y oro, estocada baja (silencio); estocada, dos descabellos (silencio).