Pamplona

San Fermín: Una vuelta al ruedo entre la fiesta

López Simón da la única vuelta al ruedo en una tarde de pocas opciones ante toros nobles pero con poca transmisión salvo el complicado primero; seria actuación de De Justo y Ginés Marín en Pamplona.

López Simón torea de rodillas al primero de su lote. Foto: Efe
López Simón torea de rodillas al primero de su lote. Foto: Efelarazon

López Simón da la única vuelta al ruedo en una tarde de pocas opciones ante toros nobles pero con poca transmisión salvo el complicado primero; seria actuación de De Justo y Ginés Marín en Pamplona.

Pamplona volvía a su plenitud. Al blanco y rojo en la vestimenta y en el corazón. A la fiesta, al reconocimiento de las caras, de los amigos, de los viejos y los recientes, la vuelta a esa Pamplona tan distinta por San Fermín. El regreso al «Rey», a los torazos, a los desvelos mucho antes de las ocho de la mañana, a la vuelta a las calles a reventar de gente a todas horas del día. Y no tan de día. El regreso a las fiestas de San Fermín. Alberto López Simón se puso a torear al toro del «Rey», de rodillas, ya se había cantado, Pamplona ya era Pamplona, «con dinero o sin dinero, hago siempre lo que quiero...» y ya estaba todo en su sitio. López Simón se puso de rodillas para empezar la faena, sabedor del pulso pamplonés, pero el toro no le siguió los ritmos y a la nobleza, que la tuvo, le faltó ímpetu. Venido a menos el de Puerto de San Lorenzo contagió la labor del diestro de Barajas. Fue un poco la tónica de la tarde, que era la tarde, porque es justo el día en el que el puzle alcanza todas las piezas.

De rodillas se echó de nuevo Alberto en el quinto, colorao de pelo, espectacular de estampa. Un toraco en toda regla. Por derechazos tiró de la noble arrancada del toro, que después sacó esa franqueza y olvidó el fuste para que aquello trascendiera. En la sosería se perdieron las grandes ilusiones. Esta vez la espada fue certera y esta vez el torero dio una vuelta al ruedo. La única que se sumaba en toda la tarde, y ya es raro que Pamplona vive, siente, festeja y celebra.

Más movilidad tuvo el tercero, de Ginés Marín, sobre todo al natural. Por ahí supo modular las embestidas con emoción y buen aire y también sus irregularidades. Otra historia tenía el toro por el derecho, le avisó, el desenlace podía ser de gravedad. Potenció las grandezas al natural antes de que se disiparan.

De monumento fueron los pases de pecho de Emilio de Justo al cuarto, que ya era de la Ventana del Puerto. Fue su toreo reposado y de oficio, de búsqueda, de querer, de sobar a un toro que tuvo sus cosas buenas, pero se topaba, además de todo, con ser el toro de la merienda y eso, entre bocado y bocado, allá en mitad de la chistorra, pesa lo suyo. Pero el poso de su toreo quedó en algún lugar, mientras la maldita espada se le atascaba. Nada había podido hacer con el primero. Sumó otro silencio que aquí en Pamplona es lo mismo que decir, sumó otro jolgorio colectivo anti migrañas ante un animal, que abría plaza, de nulas opciones. Pero no por blando ni deslucido ni soso, si no por difícil. Anduvo sobrado ante las dificultades, pero el triunfo era otra cosa.

En el sexto nos iba todo. Y quiso Ginés Marín. Incluso se alargó con el toro, pero poco había que hacer. Tuvo una franqueza extraordinaria el animal y al cobijo de ella cosió Marín buenos muletazos, pero era difícil hacerse entender entre el ruido con la escasa emoción del toro. Y así, poco a poco, la cosa se fue a menos. La fiesta seguiría, en la ciudad que no duerme. Y madruga.

Ficha del festejo:

Pamplona. Tercera de la Feria de San Fermín. Se lidiaron toros de Puerto de San Lorenzo y dos de la Ventana de El Puerto, 4º y 5º, bien presentados. El 1º, complicado y parado; 2º, noble y a menos; 3º, movilidad y desigual; 4º, de buen juego; 5º, tan noble como soso; 6º, franco, pero sin ninguna emoción. Lleno en los tendidos.

Emilio de Justo, de grana y oro, estocada corta (silencio); estocada contraria, cinco descabellos (silencio).

López Simón, de azul cielo y oro, estocada que hace guardia, aviso, descabello (silencio); estocada (vuelta al ruedo).

Ginés Marín de teja y plata, pinchazo, estocada (silencio); aviso, pinchazo hondo, cuatro descabellos (silencio).