Tomás Rufo roza la Puerta Grande de Las Ventas

El joven espada cortó un trofeo en la novillada nocturna de José Cruz

La oreja la cortó en su primero, un novillo feo y escurrido, y al que apenas castigaron en el caballo para que llegase más entero al último tercio, como así fue. El toledano, que había dejado apuntes de buen toreo con el percal, demostró también después con la muleta que tiene cosas muy interesantes a pesar de su manifiesta bisoñez, la misma que le hizo no hacerse con la situación hasta muy adentrada la faena, que fue cuando le cogió el aire de verdad al utrero para pegarle algunos derechazos de buena firma.

Eso, la entrega que puso, la gran estocada final, de la que pareció lesionarse el brazo derecho, y la de autobuses que vinieron de Talavera a verle, le granjearon el mencionado trofeo. Tras la vuelta al ruedo pasó por su propio pie a la enfermería, de la que volvió a salir para dar cuenta del sexto, entre una clamorosa ovación por parte de sus paisanos, que no fueron pocos. Y espoleado por los suyos y por la oportunidad de oro que tenía delante salió Rufo a «revientacalderas», lo único que el novillo que tenía delante no era ninguna boba, todo lo contrario, fue el más encastado y, ¡ay amigo!, ahí había que estar.

Y Rufo estuvo, vaya si lo estuvo, con sus carencias antes reseñadas, pero entregado a más no poder, tanto que si le mete la espada a la primera a buen seguro hubiera salido a hombros. Ni diez minutos habían pasado desde el inicio del paseíllo cuando al usía no le quedó otra que asomar el pañuelo verde para devolver al inválido primero. Y apenas veinticinco cuando volvió a echar para atrás a otro más por idéntico motivo, éste el reseñado como cuarto al optar Silvera por correr turno. Buena retahíla de tullidos para arrancar una noche que, en ese momento, parecía pintar en bastos.

Y todavía más cuando por toriles asomó el primer sobrero de Casa de los Toreros, un novillo sin apenas remate, muy vareado, que, por si fuera poco, también perdió las manos a la salida del caballo. La gente echaba humo. Y no era para menos. Luego el novillo, aunque cogido con alfileres, tuvo bondad para aburrir, suficiente para que Silvera dejara retazos de su fino concepto por el derecho pero sin poder apretar lo suficiente por la feble e insulsa condición de su antagonista. Lo de salir a saludar sin un solo aplauso desde el tendido fue echarle un poco de jeta.

El cuarto fue el otro sobrero de Casa de los Toreros, más mortecino si cabe, un animal que se movía al paso, con la cara natural y sin rematar los viajes. Menudo lote «bueno» tuvo Silvera para debutar en Madrid. Qué mala suerte, pues otra vez no pudo pasar de las cositas sueltas en un trasteo demasiado largo para tan poca sustancia. El primero de Alfonso Ortiz no fue tampoco ningún sansón, pero, en cambio, tuvo calidad para dar y tomar para que el madrileña se hubiera mostrado mucho mejor de lo que estuvo. Y es que no se enteró. Muy encimista, amontonado, dejándose tropezar los engaños, sin decir gran cosa... El caso es que aquello transcurrió entre el más absoluto desinterés, aunque su gente le sacara a saludar. No mejoró la cosa con el descastado quinto, con el que Ortiz anduvo por ahí antes de tener que tirar la toalla definitivamente y atascarse después de mala manera con los aceros. EFE

Cuatro novillos de José Cruz, de desiguales hechuras y remates, justos de fuerzas y manejables en distintos grados, a excepción del descastado y muy deslucido quinto.

El primero fue un sobrero tris de Casa Toreros, que reemplazó al que hubiera hecho quinto, que, al correrse turno, había sustituido también al primero, con bondad pero muy flojo. El cuarto fue otro sobrero de este mismo hierro, aplomado y mortecino.

Emilio Silvera, de purísima y oro: bajonazo que hace guardia y estocada trasera (división al saludar); dos pinchazos y tres descabellos (silencio tras aviso).

Alfonso Ortiz, de malva y oro: estocada desprendida (ovación); cuatro pinchazos y estocada caída (silencio).

Tomás Rufo, de azul noche y oro: buena estocada (oreja); pinchazo, casi entera trasera y tendida, y descabello (ovación tras aviso).

En la enfermería fue atendido Tomás Rufo de: «luxación en el hombro derecho».

La plaza registró más de un cuarto de entrada.