Un dispositivo «antitapones» para evitar la tragedia

Tras la montonera del último 13 de julio, el Ayuntamiento navarro ha aprobado una nueva normativa para el encierro

En 2013, se vivieron segundos angustiosos e interminables en la entrada al ruedo navarro
En 2013, se vivieron segundos angustiosos e interminables en la entrada al ruedo navarro

Hace justo un año, las imágenes de centenares de mozos aprisionados en la bocana de acceso al ruedo y las reses trataron de abrirse paso a través de ellos dieron la vuelta al mundo. Un espectacular tapón que fue portada de periódicos de todo el mundo y sirvió de apertura a un buen puñado de telediarios. Por este motivo, tanto el Ayuntamiento de Pamplona como la Casa de la Misericordia, propietaria de la plaza de toros y gestora de los festejos taurinos, han trabajado para minimizar los riesgos con respecto al año pasado. No se quieren volver a vivir imágenes tan dramáticas como las del año pasado, cuando la tragedia sobrevoló la vieja Iruña. San Fermín es un evento único en el que detalles, a priori, insignificantes pueden salvar vidas. Por ello, se agilizó en invierno una nueva normativa más dura para garantizar un encierro modélico.

En este sentido, el Consistorio ha aprobado una nueva ordenanza municipal del encierro cuyo objetivo es «establecer las disposiciones generales que regulan el encierro y el régimen jurídico de las infracciones y sanciones derivadas del incumplimiento de esas disposiciones». Además, un total de 250 policías vigilarán específicamente el momento del encierro. A lo largo de las 24 horas del día, el dispositivo se elevará hasta los 2.350 agentes desglosados entre 300 guardias civiles, 750 policías forales, 900 policías nacionales y 400 municipales.

Para empezar, las normas aprobadas se mostrarán en la pantalla gigante instalada en la Plaza del Ayuntamiento. Todo aquel que quiera correr el encierro sólo podrá entrar al recorrido por las dos puertas del vallado de la Plaza del Mercado y la Plaza del Ayuntamiento entre las 6:30 horas y las 7:30 horas. Por supuesto, en condiciones físicas y mentales óptimas, así como con la indumentaria y calzado adecuados. No está permitido portar objetos inconvenientes para el buen orden y seguridad como mochilas, bolsos, tacones, máquinas fotográficas o de vídeo... La Policía reserva el derecho de cerrar los accesos antes de esa hora si consideran que el número de corredores es suficiente para el espacio disponible. Una vez dentro, la imagen del cordón humano formado por policías en la cuesta de Santo Domingo para garantizar una distancia mínima entre los toros y los primeros corredores pasa a ser una línea pintada en el suelo. A las ocho en punto sonarán dos cohetes: uno cuando se abra la puerta de los corrales y otro cuando el último toro salga de estos.

Durante el encierro, está totalmente prohibido encaramarse a elementos de fachadas y mobiliario urbano, pararse en el recorrido y quedarse en el vallado, tocar a las reses o llamar su atención (salvo que se realice para evitar una cogida), desbordar las barreras que los agentes establezcan y, en definitiva, cualquier actuación que pueda dificultar el normal desarrollo del mismo.

La Casa de la Misericordia tiene especial preocupación por la bajada en embudo que da acceso al ruedo. El año pasado, la montonera del miércoles 13 con astados de Fuente Ymbro provocó más de veinte heridos y, dentro de lo posible, se ha trabajado para evitar que la situación vuelva a reproducirse. La Meca ha anclado este invierno los portones del callejón al suelo, de modo que las puertas no podrán moverse hacia el callejón por donde entran toros y corredores. También se ha eliminado los muretes de hormigón que sujetaban las puertas y en ese hueco ha instalado dos pequeñas «puertas de hombre» que se abren hacia dentro, nunca hacia el paso de los astados, para el acceso de personal sanitario o policías. Una vez que los toros entren en la plaza, se tirarán dos cohetes más: uno cuando llegue el primer toro al ruedo y otro cuando el último de la manada entre en los corrales. Las infracciones establecidas en la ordenanza van desde leves hasta muy graves y las sanciones pueden alcanzar hasta los 3.000 euros. Además, el texto especifica que, en algunos casos, deberán ser abonadas en el acto.