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«Yo soy taurino». Opiniones de Díaz Yanes, Gala, Urrutia, Echanove, Landero y Boadella

Agustín Díaz Yanes:

«No tolero que me prohíban ir a una corrida»

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El director de cine es hijo de «Michelín», un banderillero que probó suerte como novillero y que llegó a actuar al lado de Manolete. Vive y siente los toros como una forma de vida. Suele viajar con la caja de la montera de su padre. Lo llevaba a los toros su abuelo materno, Francisco Yanes, que lo empapó de la vida y tauromaquia de «Joselito El Gallo».

Antonio Gala:

«Entre el toreo y la literatura hay dos verbos imprescindibles: crear y comunicar»

El escritor cordobés se aficionó a los toros en la antigua plaza de los Tejares. Fue a la plaza desde la infancia. Lo llevaba su padre, que solía ver las corridas con uno de los califas cordobeses: «Machaquito». Su padre era amigo íntimo de José María de Cossío.

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Jaime Urrutia:

«Este anillo le ha dado la mano a Juan Belmonte»

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El cabecilla de Gabinete Caligari y estandarte del «rock torero» se aficionó a la fiesta desde muy joven. Su padre era escritor y crítico taurino. Su abuelo materno fue empresario de la plaza de toros de Málaga. Lleva el anillo de bodas de su abuelo, que se lo regaló a su madre, a la que le decía: «Este anillo le ha dado la mano a Juan Belmonte».

Juan Echanove:

«Si tuviera que buscar una similitud entre el teatro y otra manifestación artística serían los toros»

El actor de cine y de teatro también es aficionado desde muy niño. Fue la primera vez a los toros con seis o siete años, en las fiestas de San Juan de Soria. Toreaba ese día Diego Puerta. Pasaba largas temporadas en verano en la ciudad castellana porque de allí es su madre, y por ella, en gran parte, le viene la afición.

Luis Landero:

«Los toros son irracionales, como es irracional la poesía»

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Su padre lo llevaba a las corridas de Alburquerque, el pueblo de Extremadura donde nació. De niño se alimentó de las historias legendarias de toreros y guarda un recuerdo especial de todo ese mundo mitificado.

Albert Boadella:

«Con 5 años vi la última corrida de Manolete en Barcelona»»

«Todos los elementos que forman el núcleo de la vida están presentes con belleza, y también con metáfora, en una plaza de toros. En ella vemos la vida, la muerte, el sufrimiento, la astucia, el pánico, la inteligencia, el terror. Me parece legítimo que haya gente que no esté de acuerdo con este espectáculo, pero no me gusta que se conviertan en inquisidores e intenten prohibirlo. Es una muestra del puritanismo que se ha introducido en España».

Mis primeros recuerdos del mundo del toro son de cuando pesaba 10 kilos. Yo vi con 5 años la última corrida de Manolete en Barcelona, antes de que muriera en linares un mes más tarde.