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A veces no, a veces «Euphoria»

La nueva serie de HBO es un grito a los «agujeros negros» que nos rodean y de los que en ocasiones da miedo hablar

La nueva serie de HBO es un grito a los «agujeros negros» que nos rodean y de los que en ocasiones da miedo hablar.

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Puede que hablar de «vértigo» a la hora de definir el conjunto de sensaciones que te genera sumergirte en una producción audiovisual no sea del todo correcto. Sin embargo, y a modo de comparación inusual pero demostrable, «Euphoria» provoca esa pérdida de firmeza, sensorialmente hablando, que podría suscitarte asomarte a un precipicio. La serie de HBO estrenada el pasado junio es un ramo de elementos perfectamente conexionados y alineados entre sí. Instalada en una sociedad en la que los temas tratados se esconden detrás de las palabras para no ver la luz, no es de extrañar que esta creación de Sam Levinson despierte amor y odio a partes iguales. El agujero negro de la drogadicción tratado con la dureza y el escalofrío que estremece el cuerpo, sin filtros, con dolor interno y con la onda expansiva que azota sin piedad cuando el síndrome de abstinencia se convierte en depresión. Un sentimiento que se entrelaza con el chantaje. Las redes sociales como germen y vaso conductor de esa coacción basada en la pornografía infantil, y como espacio de conexión entre individuos que no deberían haberse cruzado nunca. La homosexualidad entendida como una «pérdida» de la masculinidad y un miedo férreo al rumor y que, sin embargo, se plasma con la frustración y la agresividad que implica camuflarla. Una agresividad que gravita en el reiterado maltrato hacia el género femenino. Un adjetivo que deambula entre la creencia de no pertenecer al cuerpo con el que naciste y que sin embargo, es tratada con la normalidad y la eliminación de etiquetas que merece. Una mujer transexual (Jules) encarnada por una mujer transexual (Hunter Schafer), sin matices y sin hacer especial hincapié en el proceso de transición. Una transición que, sin embargo, sí se vislumbra en el amor propio (Kat, por Barbie Ferreira) y que rasga los estereotipos para desajustarlos de la normatividad y mirar al frente desde fuera de los cánones de belleza.

Pilares básicos

La protagonista, Rue (Zendaya), es el epicentro de esta ficción basada en una producción israelí de 2012. La pérdida, la ansiedad, el sexo, la dependencia, el «bullying», el amor, el miedo, el aborto, los errores, las decisiones, las mentiras y el sentimiento de no encajar en ninguna parte son algunas de las bases que conforman este atrevido formato. Ocho capítulos que envuelven gracias al trabajo de Marcel Rev, Drew Daniels y Adam Newport-Berra en fotografía. El juego de luces, el cromatismo o el tratamiento de la imagen construyen una burbuja en la que las paredes se vuelven de acero, es imposible atraversarlas y por supuesto, salir. Una burbuja visual condimentada con la música elegida por el cantante y productor británico Labrinth. Él es el responsable de lo que cierra el círculo de esta polémica pero irrenunciable serie y, guste o no, «Euphoria», reúne numerosos rasgos que hacen volar la mente. Un manifiesto explícito de todo aquello que, a veces, da miedo verbalizar pero que, ahora más que nunca, se vuelve necesario.