Hollywood es un asunto sucio

En su segunda temporada estrenada en HBO España «Get Shorty», basada en la novela «Cómo conquistar Hollywood», sigue demostrando que la industria del cine y la del crimen no son tan distintas

En su segunda temporada estrenada en HBO España «Get Shorty», basada en la novela «Cómo conquistar Hollywood», sigue demostrando que la industria del cine y la del crimen no son tan distintas.

Entre los amantes de la ficción norteamericana en sus diversos formatos, quien más quien menos sabe perfectamente de qué hablamos cuando hablamos de «Cómo conquistar Hollywood»: una de las novelas más famosas de Elmore Leonard, publicada en 1990 y convertida cinco años después en una celebrada película homónima. Y quien más quien menos también coincidirá en que, de acuerdo a los dictados del sentido común, tomar un material narrativo que tanta gente conoce –y que muchos veneran– y usarlo como mero punto de partida para una nueva teleserie que en realidad sigue su propio camino no parece la mejor de las ideas. Por otra parte, para cambiar inmediatamente de opinión al respecto no hay más que pensar en una palabra mágica: «Fargo».

La premisa argumental que «Get Shorty» planteó en su primera temporada conecta de forma inconfundible, en efecto, tanto con el libro de Leonard como con la película de Barry Sonnenfeld: su protagonista es Miles Daly (Chris O’Dowd), que trabaja como asesino a sueldo de un sindicato del crimen de Nevada dirigido por una mafiosa emperifollada llamada Amara de Escalones (Lidia Porto). Pese al trabajo que desempeña, Miles es un tipo con cabeza que ama el cine y que no quiere pasarse la vida eliminando la escoria humana de los alrededores de Las Vegas. Un día Amara manda a Miles a Hollywood para cobrarle una deuda a un guionista y, tras un giro hilarante y sangriento de los acontecimientos, Miles acaba metiéndose en el negocio de las películas acompañado por un productor de medio pelo llamado Rick Moreweather (Rick Romano) y espoleado tanto por el dinero que Amara recauda en los casinos de forma turbia y necesita blanquear como por sus caprichosas exigencias.

Humor hierático

Pese a compartir concepto nuclear con sus ficciones predecesoras –cuyo título original también es «Get Shorty»–, ya en sus primeros pases decidió desviarse de ellas de varias maneras. De un lado, por lo que respecta a las características de los personajes, sus objetivos y sus relaciones; la principal de las subtramas, por ejemplo, mantuvo a Miles tratando de salvar un matrimonio en pleno proceso de demolición y de hacer que su hija se sintiera orgullosa de él. Por otro, a nivel más puramente tonal, desde el principio se mostró más amable y menos sarcástica a la hora de reírse de Hollywood y más violenta y oscura al retratar el submundo criminal. En cualquier caso, es más que probable que Leonard, fallecido en 2013, se sintiera satisfecho por el manejo que hace de los ingredientes –el humor hierático, la violencia desdramatizada, la verborrea incongruente– que lo convirtieron en uno de los novelistas de género más influyentes de las últimas décadas.

Todo eso parece seguir presente en la segunda temporada, que HBO España comenzó a emitir el pasado lunes. Visto lo visto –dos episodios–, la primera colaboración cinematográfica toma forma en la sala de montaje y, mientras tanto, Miles sigue aplicando a Hollywood parte de la metodología de trabajo aprendida a las órdenes de Amara porque, sorpresa, el negocio del cine y el del crimen no son tan distintos después de todo.

En el proceso, el personaje sigue manteniendo las distancias con su homólogo cinematográfico, Chili Parmer, que en su día John Travolta se encargó de encarnar; nadie diría que ambos están inspirados en la misma creación literaria. Interpretado por el actor Chris O’Dowd, conocido por su trabajo en películas, como «La boda de mi mejor amiga» (2011) o «Molly’s Game» (2017) pero sobre todo gracias a la estupenda teleserie «Los informáticos», Miles no es un tipo arrogantemente seguro de sí mismo y sonriente como Palmer, sino un hombre abatido, cansado y resignado ante la certeza de que nada saldrá según lo esperado. Sin embargo, esa diferencia fundamental no le impide personificar como mínimo con la misma eficacia el asunto esencial de la novela: cómo la industria cinematográfica y la idea misma de Hollywood despiertan la fascinación de quienes las contemplan desde fuera al tiempo que exigen habilidades mafiosas a quienes forman parte de ella.