"Killing Eve": Eros y Tánatos bailan pegados

«Killing Eve», la intriga que emite HBO España, es tan absorbente en su segunda temporada como lo fue en la primera.

Sandra Oh encarna a una agente del MI5 obsesionada con la mujer que persigue
Sandra Oh encarna a una agente del MI5 obsesionada con la mujer que persigue

«Killing Eve», la intriga que emite HBO España, es tan absorbente en su segunda temporada como lo fue en la primera.

El estreno de la segunda temporada de «Killing Eve» llegaba precedido de un interrogante: ¿podría la serie llegar a resultar tan adictiva como en su primera temporada, especialmente considerando que su creadora –Phoebe Waller-Bridge, también guionista de cuatro de los primeros ocho episodios– ya no está al frente de ella? Visto lo visto, la respuesta es un rotundo sí.

Lo que en buena medida otorga a esta serie su personalidad única es que es una intriga procedimental en la que, en realidad, no hay nada que resolver. Sabemos quiénes son los malos y cuál es la misión de los buenos. Sí, el metraje está plagado de pequeños misterios que los mantienen ocupados, pero ninguno de ellos importa tanto como la sibilina danza que protagonizan dos mujeres sobre el papel antagónicas, pero que sienten una extraña atracción mutua basada de en una mezcla de admiración, rivalidad, libido y envuelta del humor más negro. Su relación va mucho más allá de la típica sinergia, en la que se basan otros «thrillers», según la cual el policía y el criminal descubren no ser tan diferentes como creían.

La segunda temporada nos arroja de inmediato al meollo de la acción, situándose justo donde se quedó la primera: la persecución entre la agente del MI5 Eve Polastri (Sandra Oh) y la asesina profesional Villanelle (Jodie Comer). Recordemos que culminó de forma sangrienta en un apartamento parisino cuando la una apuñaló a la otra. El acto, cargado de simbolismo y tensión sexual, las ha transformado a ambas de forma trascendental.

Vulnerabilidad

Por un lado, Villanelle es más vulnerable que nunca –al menos desde que la conocemos–, y no solo porque le hayan clavado un objeto punzante en el abdomen; contemplarla en su situación actual no solo nos permite comprobar lo obstinada y lo lejos que está dispuesta a llegar tanto para protegerse como para encontrar a su némesis; también nos adentra más y más en la psique de una mujer que obviamente está desesperada por conectar con otros seres humanos y alcanzar cierta normalidad. Sin embargo, no sabe cómo hacerlo.

Por lo que respecta a Eve, siente haber cruzado una línea al haber sido sobrepasada por su sexualizado encuentro con una psicópata. La serie insinúa que, lo quiera o no, la agente del servicio de inteligencia británico se siente cada vez más cerca de la mujer a la que persiguió durante varios episodios, la mujer que había matado a su mentor y a la que a su vez ella dejó gravemente herida. Ya no solo trata de darle caza sino que el proceso parece estar absorbiéndola.

Dicho de otro modo, tanto Eve como Villanelle son a estas alturas una parte importante de la vida de la otra, y eso es así pese a que en realidad Oh y Comer tan solo compartieron un puñado de escenas en la primera temporada. De hecho, la estructura de la serie requiere que las interacciones entre los dos personajes sean pocas y cruciales. En todo caso, ahora que ambas mujeres parecen actuar bajo los efectos de un influjo mutuo, probablemente llegarán tan lejos como haga falta, y a través de todos los medios necesarios, para volver a sentir un subidón parecido al que les proporcionó su último encuentro. La espera a que eso suceda se está haciendo eterna.