«Un invierno en la playa»: Los escritores y el amor

Dirección: Josh Boone. Guión: Josh Boone. Intérpretes: Greg Kinnear, Kristen Bell, Logan Lerman, Jennifer Connelly, Lily Collins. EE UU, 2012. Duración: 97minutos. Drama romántico.

«Un invierno en la playa» se llama realmente «Stuck in Love» (algo así como «Atrapado por el amor» en español, curiosa interpretación la que hemos hecho por aquí), un título más certero para este drama romántico tan independiente protagonizado por Greg Kinnear, el rubito candidato al Oscar por «Mejor... imposible» (2007), que encarna en el ambicioso debut de Josh Boone a William Borgens, un famoso novelista obsesionado con su ex mujer, Erica (Jennifer Connelly), quien lo dejó plantado hace tres años por un tipo bastante cachas y muy anodino. Incluso de noche la espía por la ventana y no ha vuelto a escribir una sola línea desde que ella se marchó, aunque a la vez el protagonista mantenga unas activas y regulares relaciones sexuales con una vecina casada que prejuicios no tiene casi ninguno. Los dos hijos de William y Erica también escriben con mayor o menor fortuna, aunque ahí acaban las similitudes, ya que mientras el chico, todavía adolescente, intenta conquistar a la adictiva joven de sus sueños, la desenvuelta muchacha (que interpreta con bastante naturalidad Lily Collins, hija de Phil, el cantante la veremos asiduamente, porque tiene gancho) va de cama en cama evitando cualquier atisbo de atadura emocional. Todo tiene, sin embargo, una explicación postrera aun cuando en un principio el personaje pueda caernos como un tiro.

La película (cuánto les gusta, por cierto, a los estadounidenses el binomio cine/literatura) avan- za sin grandes problemas entre citas de Raymond Carver y un «cameo» vía telefónica del mismísimo Stephen King, y el director ratifica que saber mover la cámara y a los actores, que ofrecen un buen nivel a pesar de que Connelly ande despistada. Los problemas comienzan hacia el tercio final del metraje, cuando Boone parece temer que ha llevado la propuesta demasiado lejos y, en unos pocos minutos, decide que las cuentas sentimentales terminen cuadrando. O sea, que el amor triunfe porque la pata la metemos todos los humanos, sepamos o no terminar un libro. O rellenar el pavo para celebrar el Día de Acción de Gracias, por ejemplo.