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Chipre: la isla de Afrodita

No es una isla cualquiera. Es la tercera más grande del Mediterráneo y conserva un impresionante legado arquitectónico y arqueológico, ya que por sus tierras han pasado diferentes civilizaciones

No es una isla cualquiera. Es la tercera más grande del Mediterráneo y conserva un impresionante legado arquitectónico y arqueológico, ya que por sus tierras han pasado diferentes civilizaciones

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Ubicada en la zona más oriental del Mediterráneo, a pocos kilómetros de Siria, Líbano, Israel, Turquía y Egipto, no es de extrañar que sus tierras fueran destino predilecto de numerosos pueblos y civilizaciones que abundaban alrededor. Griegos, fenicios, asirios, romanos, templarios, la dinastía de los Lusignan, venecianos, otomanos, e ingleses, se aposentaron por estos lares, gracias a su valor estratégico. Y de todos ellos todavía se encuentran restos que hacen de Chipre un verdadero tesoro cultural y arqueológico.

La capital de la isla es Nicosia, «Lefkosia» en griego. Es una ciudad que a primera vista no seduce. Sin embargo una vez traspasada la ingente muralla que rodea la ciudad, obra de los venecianos, para repeler los ataques otomanos, la capital nos ofrece su carácter más amable y acogedor, con encantadoras calles estrechas, comercios y restaurantes que invitan a entrar y donde no será difícil ver a gentes fumando una shisha.

Su calle principal y peatonal es Ledra, nombre que le dieron a la ciudad los antiguos reyes de Chipre. Una calle muy animada, que tiene la particularidad de que al llegar a un cierto punto de la calle, no es posible seguir andando ya que hay dos controles fronterizos.

La razón de esto es que Nicosia es hoy la única capital dividida en Europa. Chipre fue invadida por Turquía en 1974, ocupando el 37% del territorio norte de la isla, pasando la frontera por Nikosia. La isla quedó así dividida a través de una «Línea Verde», donde en la parte norte se encuentra la mayoría de los turco-chipriotas y en la parte sur los greco-chipriotas.

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También en la calle Ledra, se encuentra un Museo-Observatorio, en la torre Shakolas, que es el edificio más alto de la ciudad amurallada y la vista desde su terraza es espectacular. A lo lejos sobresale la imponente mezquita de Selima con sus dos minaretes, que antaño fue la catedral gótica de Santa Sofía y que se encuentra en la zona turca. Más cerca ya, en la zona greco-chipriota, destacan entre otros, la Iglesia de Nuestra Señora Aparecida, y la Iglesia de Trypiotis.

Salimos del recinto fortificado en forma de estrella, con sus bastiones y puertas que rodean la ciudad, no sin antes recordar la primera línea de la novela de Cervantes: «El amante liberal», que dice así: , –¡Oh lamentables ruinas de la desdichada Nicosia...!. No se ha demostrado que estuviese aquí Cervantes, pero seguramente oyó hablar de la toma de la ciudad por los otomanos en 1570. Una de las razones fundamentales por la que un año más tarde en 1571 se produjo el combate naval de Lepanto en la que participó el autor de Don Quijote.

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Larnaka es una bella ciudad a orillas de la bahía homónima, que tiene un castillo medieval junto a la playa que le da un toque romántico. Pero el principal emblema de la ciudad es la magnífica Iglesia de San Lázaro- «Agios Lazaros», de arquitectura Bizantina del S. IX. Según la tradición aquí se encuentran las reliquias de Lázaro, el que fuera resucitado por Jesús. Bajando a la cripta se encuentran varios sarcófagos, siendo uno de ellos el de San Lázaro.

- En la corte inglesa

Desde Larnaka nos dirigimos por la costa hasta Limassol, segunda ciudad en importancia de Chipre, que tuvo la gloria de ser el lugar donde una española, Berenguela de Navarra, se casara en la capilla de San Jorge con el Rey de Inglaterra: Ricardo Corazón de León en 1191, es decir durante la tercera Cruzada, por lo que la española pasó a ser coronada como reina de Inglaterra. Se cree que esta capilla estaba en lo que es hoy el castillo medieval, una fortaleza del S.XIII que merece la pena ver y que cuenta con un pequeño, pero interesante museo. En ese momento el rey Inglés, vende la Isla a los Templarios, que a su vez la vendieron a la Casa de Lusignan, que llegaron a ser reyes de Jerusalén y Chipre. Pocos años más tarde fueron los venecianos quienes se apoderaron de la isla, para perderla definitivamente a favor de los otomanos en 1571. En 1878 Chipre fue cedida a los ingleses, siendo colonia británica desde entonces hasta su independencia en 1960.

Siguiendo la carretera en la misma dirección hacia Pafos, entramos ya en lo que se considera el territorio de la mítica Afrodita. Todo un símbolo para esta isla con más de diez mil años de historia. A pocos kilómetros se encuentra la ciudad-reino de Palaipafos, cerca del pueblo de Kouklia, donde se conservan las ruinas del Templo de Afrodita, construido hacia el siglo XII A.C.

Pero es en la ciudad de Pafos, con sus impresionantes recintos arqueológicos, como las «Tumbas de los Reyes» y las «Villas romanas de Kato-Pafos», que conserva algunas villas con los mosaicos griegos y romanos, más bellos del mundo, lo que le convierten a esta ciudad en un libro abierto de la historia europea.

- Afrodita nació aquí

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Según la mitología griega, Afrodita, la diosa del amor, la belleza, y el deseo, nació justamente aquí, de la espuma del mar que baña esta playa (afros significa espuma en griego). Hablamos de «Petra tou Romiou», una playa, entre Limassol y Pafos, de ensueño en la costa sur de Chipre con algunos peñascos como caídos del cielo cerca de la orilla– donde sobresale una amplia roca emergiendo del mar–, donde los visitantes dejan sus mensajes en los diversos arbustos que pululan por la zona, dando quizás gracias por haber encontrado el amor que tanto anhelaban. Se cuenta que si nadas alrededor de la enorme roca, la diosa te otorgará belleza eterna, o al menos un mejor tránsito por el tiempo. Si tiene tiempo, también merece la pena acercarse a la península de Akamas para conocer los «Baños de Afrodita», un pequeño manantial, siempre atestado de turistas, donde se cree que la diosa y Adonis se amaban.