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Costa Rica, el Pacífico más salvaje

Definida por algunos como la sala de maternidad del Pacífico, Costa Rica es un país protegido donde los hombres y las bestias conviven juntos en tensa armonía. Aquí, playas idílicas y naturaleza salvaje van de la mano.

En los años 80, cuando el investigador francés Yves Cousteau llegó a Puerto Jiménez, en Costa Rica, lo definió en su bitácora de viajes como la sala de maternidad del Pacífico. Un paraíso donde las especies marinas encontraban la paz suficiente para tener sus crías. Las mismas maravillas que él descubrió hoy están al alcance de todos los aventureros que se adentran en sus aguas. Alrededor, un ecosistema de flora y fauna que combina a la perfección con su hermano marino. Así es Costa Rica, un país protegido donde los hombres y las bestias conviven juntos en tensa armonía y donde el Gobierno también comprendió esta premisa: un animal vivo es mucho más valioso y rentable que uno muerto.

Por todo ello el turismo es el principal motor económico del país, un trabajo realizado con sacrificio y cuidado, aunque por supuesto todavía queda mucho camino por recorrer. Atrás quedaron los imperios cafetales y bananeros. Hoy Costa Rica es una reserva ecológica con una contraindicación: los turistas tienen que cerrar las ventanas para que un mono aullador no les despierte a las cinco de la mañana.

Puerto Jiménez es un buen ejemplo de esta cruzada conservacionista, una metamorfosis digna de estudio. Este poblado remoto en los años 60 es ahora uno de los pueblos más importantes de la Península de Osa, donde anidan 375 especies de aves –18 de ellas endémicas–, 124 especies de mamíferos y 8.000 especies de insectos. Además, 61 especies de peces de agua dulce, 71 de reptiles y 46 de anfibios. Es, además, el último trozo de «civilización» antes de llegar al parque. En sus playas uno puede relajarse y admirar las bellezas que ofrece la Osa. Hay varios restaurantes, bares pequeños y muchos servicios, como un banco, farmacia y médico. Si quiere bañarse en el mar, el agua cerca del muelle es muy calmada gracias a la falta de olas que ofrece el Golfo Dulce, y si va con suerte, tal vez alcance a ver ballenas jorobadas desde el malecón.

Es también uno de los principales destinos para pesca deportiva. Desde los muelles faenan pescadores que salen en embarcaciones de madera, pintadas de colores amables y bautizados con nombres de mujeres. También hay barcos lujosos de última generación, tripulados por capitanes norteamericanos que faenan con sus cañas en busca del Pez Vela o del indomable Marlin. En el horizonte, una costa montañosa teñida de verde turquesa que bien podría servir de escenario para una película de Parque Jurásico o Piratas del Caribe. La aventura está servida.

El viaje debe continuar. Recorremos la costa del Pacifico Sur, la misma por la que navegaron en la época colonial piratas legendarios como Henry Morgan o Francis Drake, hasta que llegamos a uno de los destinos más impresionantes de Costa Rica: Manuel Antonio, donde naturaleza y playa convergen en un solo lugar. Aquí se encuentra el Parque Nacional Manuel Antonio, a 150 kilómetros al sur de San José. Este paraíso natural puede presumir de tener un área de conservación de prácticamente 2.000 hectáreas. De hecho, se dice que es uno de los más bellos de todo el país pese a ser, en comparación con otros como Tortuguero, bastante pequeño. Diego González, gerente del Hotel Parador ubicado en la zona, nos explica por qué hay tantos españoles en la zona. «No viene buscando simplemente playas, para eso hay otros destinos en América. El turista busca naturaleza y aventura», asegura.

En sintonía con ello, el nuevo ministro de Turismo, Wilhem von Breymann, explica a La Razón que «queremos seguir profundizando en la Costa Rica sostenible, convertida en pulmón de Centroamérica. Mientras que en el mundo la deforestación arrasa con los bosques, nosotros hemos aumentado del 25 por ciento al 70 por ciento nuestro territorio verde».

Ostional, reino de las tortugas

Terminamos nuestra travesía en el Refugio Nacional de Vida Silvestre Ostional, una de las áreas más importantes del mundo para la anidación de tortuga lora. En esta playa se producen «arribadas» (anidamiento masivo y simultáneo de cientos a miles de tortugas marinas) impresionantes, generalmente una vez al mes y por unos tres a cinco días. Es una de las únicas ocho playas del mundo donde se genera este fenómeno. También llegan a desovar ocasionalmente, lo que constituye uno de los espectáculos más maravillosos a los que un turista puede aspirar. Además, los visitantes que se inscriban como voluntarios podrán ayudar a las crías recién salidas de los huevos a llegar al mar, a salvo de depredadores. La experiencia resulta apasionante.

Prueba del potencial turístico de Costa Rica es que el pasado mayo se celebró la 30 edición de la feria Expotur, que reunió a empresarios de 37 países. La feria surgió hace tres décadas ante la necesidad de exponer el producto turístico de Costa Rica al mundo, meta muy ambiciosa para un país pequeño, cuya industria turística era aún incipiente. Hoy, tres décadas después, continúan recogiendo los frutos de esta iniciativa, pues cada año, como resultado de las negociaciones en Expotur, llegan a Costa Rica entre 70.000 y 100.000 turistas.