Viajes

El rincón pitiuso donde todos los detalles brillan

Despertarse en una exclusiva suite y contemplar la bahía de la isla balear es una imagen difícil de olvidar, pero el Ibiza Gran Hotel no sólo destaca por su ubicación, sino también su bienestar, su gastronomía y su arte

Despertarse en una exclusiva suite y contemplar la bahía de la isla balear es una imagen difícil de olvidar, pero el Ibiza Gran Hotel no sólo destaca por su ubicación, sino también su bienestar, su gastronomía y su arte

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Corre una leve brisa de aire. Sin embargo, el último poema de «La voz a ti debida» tiene un efecto en la piel mucho más potente que el frescor de la costa. «Solo muere un amor que ha dejado de soñarse, hecho materia y que se busca en la tierra», termina con convicción Pedro Salinas. Y lo cierto es que esa reflexión eriza la piel tanto o más que la pura realidad. Pues ahí, en las entrañas del planeta, residen buena parte de las sensaciones que consiguen remover las vísceras. Como las que, ahora, bajo la luz de las estrellas y con las vistas de Dalt Vila se concentran en el Ibiza Gran Hotel. En ese pequeño recoveco pitiuso aún puede revivirse la pasión que guardaba el poeta en sus versos: un oasis de paz en mitad de una isla en constante ebullición, donde cada detalle brilla y todo espacio adquiere su propio encanto.

Por méritos propios, se ha erigido como el único «art hotel» ibicenco: todo en su diseño está calibrado para ofrecer a los clientes exclusividad, bienestar, descanso y confort, rodeados de obras de arte y de un ambiente exquisito. Aquí, el cielo, la tierra, el aire, el agua y la vida se dan constantemente la mano en un espacio de marcado carácter contemporáneo y urbano. Se nota en las obras de Eduard Micus, Miguel Gómez Losada, Tomeu Ventayol, Toni Keeler y Seon Ghi Bahk, pero principalmente en la Katrin Kirk («Life») y la de Antonio Esteva («Fecundació»). La primera está compuesta por 29 esculturas de medusas, creadas artesanalmente con malla metálica y una proyección que recrea el movimiento de las olas del mar; la segunda supone un claro homenaje a la vida desde su estado primigenio.

Sin embargo, si por algo se caracteriza este contenedor de arte es por potenciar la sensación de confort y por emplear materiales de alta calidad para conferir a sus estancias valores puramente mediterráneos. De hecho, en sus exclusivas 185 suites, el concepto de lujo se apoya en cada pequeño detalle para alcanzar su máxima plenitud: las cuidadas maderas, los exclusivos mármoles y los potentes colores transportarán a los huéspedes con armonía y serenidad al origen de la esencia marinera. Cada uno de estos detalles, están respaldados por más de 1.300 metros cuadrados de spa, dos restaurantes, un Lounge Bar y el Casino insular, integrado en el propio establecimiento, lo que convierte a este complejo en toda una experiencia de exquisitex y exclusividad en la isla blanca.