Un retiro en los Pirineos

Con sólo ocho habitaciones, un coqueto spa, un gastrobar, una terraza con vistas y un sinfín de actividades para realizar en el entorno convierten a este pequeño hotel boutique un destino perfecto para una escapada de relax

El hotel está preparado para recibir a grupos u organizar jornadas de trabajo para empresas con un espacio propicio para inventar negocios
El hotel está preparado para recibir a grupos u organizar jornadas de trabajo para empresas con un espacio propicio para inventar negocios

Con sólo ocho habitaciones, un coqueto spa, un gastrobar, una terraza con vistas y un sinfín de actividades para realizar en el entorno convierten a este pequeño hotel boutique un destino perfecto para una escapada de relax

Situado en el corazón de Bonansa, un pueblo de 40 habitantes del Pirineo aragonés, Bonansa Country Hotel es un hotel boutique con mucho encanto y todo lo necesario para refugiarse del estrés de la gran ciudad. Detrás del proyecto se encuentran Mercè Gili y Javier Ricou, una pareja de periodistas empeñados en dar un vuelco a la tradicional oferta hotelera de montaña. Javier es hijo de Bonansa, mientras que Mercè ha publicado varios libros y realizado estudios sobre la factura que han pasado las segundas residencias en las zonas de montaña. Es por ello que, como siempre ha defendido ella en sus investigaciones, Bonansa Country es un hotel sostenible y perfectamente integrado en el entorno en que se ubica. Un paisaje prácticamente virgen que además ofrece multitud de opciones para el viajero.

El establecimiento cuenta con una ubicación privilegiada, en uno de los enclaves más auténticos e inexplorados de los Pirineos, pero muy próximo a destinos más bulliciosos o populares como el Parque Nacional de Aigüestortes, el Valle de Arán y la estación de esquí Baqueira-Beret, las joyas románicas del Valle de Boí, el Valle de Benasque o los parajes aún vírgenes del Valle de Castanesa. Gracias a ello, todas las estaciones del año son buenas para programar una escapada: en invierno se puede esquiar, realizar excursiones con raquetas de nieve y respirar el silencio de las noches; en primavera y verano, perderse por las rutas perfectamente marcadas que parten desde la misma puerta del hotel o realizar algún deporte de aventura, mientras que en otoño resulta un paraíso para los amantes de las setas.

El hotel alberga ocho habitaciones: seis dobles (de 28 m2) con terraza, una junior suite (50 m2) y una suite (68 m2) con jacuzzi, todas ellas elegantemente decoradas con maderas naturales y ciertas dosis de modernidad. Cuenta además con un coqueto spa con piscina cromática y sauna, una terraza para tomar una copa con tranquilidad, una exclusiva zona de lectura con chimenea y un gastrobar donde se sirven vinos, cavas, cócteles y una amplia gama de platos basados en la cocina de montaña. Además, el establecimiento está preparado para recibir a grupos u organizar jornadas de trabajo para empresas con un espacio propicio para inventar negocios, hacer balances de actividad o intercambiar experiencias. Las jornadas de trabajo pueden alternarse con actividades al aire libre que el propio hotel se encarga de organizar.